Los verdaderos agujeros de gusano podrían conectar el futuro con el pasado y resolver la paradoja de la información de Hawking

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Publicado el: 15 de febrero de 2026 a las 18:30
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Modelo del puente de Einstein-Rosen que conecta dos regiones del espacio-tiempo con flechas del tiempo opuestas.

Ni portales secretos ni carreteras más rápidas que la luz. Los agujeros de gusano que popularizan las películas de ciencia ficción no son, según una nueva investigación, túneles que conectan puntos lejanos del cosmos, sino algo más sutil: puentes matemáticos entre dos flechas del tiempo opuestas.

Un nuevo trabajo firmado, entre otros, por el cosmólogo español Enrique Gaztañaga propone que el famoso puente de Einstein‑Rosen no es un atajo espacial, sino una estructura cuántica que enlaza dos «versiones» del espacio‑tiempo en las que el tiempo corre en direcciones contrarias. En la práctica, habla de un universo en el que el pasado y el futuro están más entrelazados de lo que pensábamos.

Qué eran en realidad los puentes de Einstein‑Rosen

Cuando Albert Einstein y Nathan Rosen escribieron su célebre artículo en 1935, no estaban tratando de diseñar una máquina para viajar por el cosmos. Su objetivo era entender cómo describir partículas y campos cuánticos en un espacio‑tiempo curvado sin que las matemáticas explotaran en infinitos.

Ese trabajo introdujo lo que llamaron un «puente»: una conexión entre dos copias simétricas del espacio‑tiempo. Durante décadas, la interpretación más vistosa fue imaginarlo como un túnel, un agujero de gusano que permitiría entrar por un lado del universo y salir por otro. Pero dentro de la relatividad general clásica, esos puentes se cierran tan rápido que ni siquiera la luz podría atravesarlos: son inestables y no transitables.

La nueva investigación recupera la idea original y la lleva al terreno cuántico. En lugar de un túnel físico, el puente se entiende como dos componentes complementarios de un mismo estado cuántico del espacio‑tiempo. En uno, el tiempo avanza en la dirección que percibimos; en el otro, lo hace justo al revés.

Puente de Einstein-Rosen | Vídeo: The Cosmic Chronicles

Dos flechas del tiempo en un mismo universo

En la física cotidiana solemos elegir una única flecha del tiempo, la que va del pasado al futuro y en la que la entropía aumenta. Es la que se nota cuando miramos cómo se enfría un café o cómo envejecen las estrellas. Sin embargo, las ecuaciones fundamentales —tanto las de la mecánica cuántica como las de la relatividad— funcionan igual si invertimos el sentido del tiempo.

El nuevo trabajo, publicado por un equipo de la Universidad de Portsmouth y otros centros europeos, retoma esa simetría en serio. La propuesta es que una descripción cuántica completa de la gravedad necesita incorporar dos componentes: uno con el tiempo «normal» y otro con el tiempo invertido. El puente de Einstein‑Rosen sería precisamente la forma matemática de empaquetar ambas flechas del tiempo en un único marco coherente.

Esto tiene una consecuencia importante: lo que desde nuestra perspectiva parece un horizonte de sucesos, esa frontera de un agujero negro de la que nada puede escapar, no sería un «punto sin retorno» absoluto. A escalas microscópicas, la información podría continuar evolucionando, pero a lo largo de la flecha de tiempo opuesta, la del lado reflejado del puente.

Un nuevo enfoque para la paradoja de la información

Aquí es donde entra en juego la famosa paradoja de la información de los agujeros negros. En los años setenta, Stephen Hawking mostró que los agujeros negros deberían emitir radiación y, con el tiempo, evaporarse. Si la información sobre todo lo que cayó dentro desaparece con ellos, se rompe uno de los principios básicos de la mecánica cuántica: que la evolución es reversible y no destruye información.

Buena parte de la física teórica lleva décadas buscando cómo cuadrar ese círculo. La nueva interpretación sugiere una vía distinta: la información no se pierde, sino que cambia de «carril temporal». Desde nuestro lado, solo vemos cómo el agujero negro emite radiación térmica y se va difuminando; en la otra flecha del tiempo, la información sigue estando ahí y la evolución del sistema sigue siendo completa.

No hace falta invocar materia exótica ni agujeros de gusano atravesables para salvar la unitariedad cuántica; basta con aceptar que, a nivel fundamental, el espacio‑tiempo cuántico incluye ambas direcciones del tiempo y que el puente de Einstein‑Rosen actúa como enlace entre ellas.

Un Big Bang que rebota y ecos en el fondo de microondas

La propuesta va más allá de los agujeros negros. Los autores plantean que lo que llamamos Big Bang puede no haber sido el comienzo absoluto, sino un rebote cuántico entre dos fases del universo con flechas del tiempo opuestas. Nuestro cosmos sería la parte en expansión de una historia más larga, precedida por una etapa de contracción que «vive» en la flecha temporal contraria.

Si esa imagen es correcta, debería dejar huellas en las observaciones. El fondo cósmico de microondas, ese «brillo fósil» que queda del universo primitivo, muestra desde hace años pequeñas asimetrías que no encajan del todo con el modelo más simple de inflación. Una de ellas es una preferencia sutil por ciertas orientaciones, algo así como una leve «descompensación» entre hemisferios.

Según los autores, esas anomalías podrían entenderse de forma más natural si se tiene en cuenta la existencia de componentes especulares en el estado cuántico del universo, tal y como predice este marco con dos flechas del tiempo. Parte de lo que hoy llamamos materia oscura también podría explicarse, en buena medida, como reliquias de fases anteriores ligadas a esa historia extendida.

Entonces, ¿qué pasa con los agujeros de gusano del cine?

Todo esto no significa que vayamos a construir una puerta de salto estilo ciencia ficción. Al contrario: la reinterpretación de los puentes de Einstein‑Rosen insiste en que no son atajos espaciales en el sentido clásico. No conectan, de forma utilizable, dos rincones lejanos de la galaxia ni permiten enviar naves o mensajes más rápido que la luz.

Lo que sí aportan es una pieza más en el puzle de cómo combinar, de forma consistente, la relatividad general y la mecánica cuántica. En lugar de abrir una autopista por el espacio, este trabajo sugiere que el «truco» está en cómo tratamos el tiempo cuando pasamos del mundo clásico al cuántico, y en aceptar que, en escalas microscópicas y cerca de horizontes gravitatorios extremos, la historia puede escribirse en dos direcciones a la vez.

Para el lector de a pie, la traducción es sencilla: los agujeros de gusano populares no ganan puntos como tecnología del futuro, pero el concepto original de Einstein y Rosen podría ser clave para entender qué había antes de todo y por qué la información que cae en un agujero negro no se pierde del todo, aunque desde aquí nos lo parezca.

El trabajo completo se ha publicado en la revista Classical and Quantum Gravity.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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