Chiappe reivindica la paleontología como “memoria larga” ante la crisis climática y celebra la nueva carrera en Chile. El investigador argentino, directivo del Natural History Museum of Los Angeles County, intervino en Congreso Futuro 2026 y subraya el potencial de un país con “patrimonio paleontológico” aún infraexplorado.
El paleontólogo argentino Luis M. Chiappe, uno de los especialistas más reconocidos en el estudio de vertebrados y en la relación evolutiva entre dinosaurios y aves, llega esta semana a Chile con una idea que funciona como hilo conductor de su visita. Frente a desafíos globales como el cambio climático, la paleontología ofrece una perspectiva temporal que ninguna otra disciplina puede igualar y, en esa escala, “aporta un valor predictivo” para entender cómo reaccionan los ecosistemas a transformaciones abruptas, según sus declaraciones previas a su participación en Congreso Futuro 2026.
Chiappe participó en el bloque “Vínculos con los espacios”, en el marco del encuentro de divulgación científica que arrancó el lunes 12 de enero de 2026. Su exposición se centró en La Brea Tar Pits, el célebre yacimiento urbano de Los Ángeles donde el asfalto natural ha conservado durante milenios una de las colecciones más valiosas de fauna del Pleistoceno.
El investigador, que supervisa los programas de investigación de más de 30 científicos y las grandes colecciones biológicas, geológicas y culturales del Natural History Museum of Los Angeles County, enmarca su mensaje en una lógica de ciencia pública. “Hoy más que nunca tenemos la responsabilidad de comunicar la importancia de la ciencia y poner en valor los descubrimientos científicos”, afirma.
La clave de su argumento es sencilla. Si se conoce cómo se comportaron plantas, animales y ecosistemas ante cambios climáticos del pasado, se gana un espejo para anticipar respuestas futuras. Chiappe lo explica con un ejemplo cercano a su línea de trabajo. Las aves, recuerda, están presionadas por la destrucción de hábitats, el calentamiento global y el uso de pesticidas que reducen las poblaciones de insectos de las que dependen, un conjunto de factores que empuja a algunas especies a la declinación o a la extinción.
En paralelo, su visita coincide con un hito académico que él mismo saluda como una oportunidad estratégica. Chile anunció la creación de la primera formación universitaria de pregrado que incorpora formalmente esta disciplina en su malla, una Licenciatura en Ciencias con mención en Paleontología impulsada por la Universidad de Atacama y prevista para 2026.
Chiappe sitúa esa novedad en una comparación regional. Reconoce que Chile dispone de un “importante patrimonio paleontológico” con un registro que abarca millones de años, pero sostiene que la paleontología chilena no ha alcanzado el nivel de desarrollo de otros países sudamericanos como Argentina o Brasil, ni de potencias científicas como Estados Unidos o China. La creación de una carrera, añade, puede ayudar a consolidar masa crítica, formar profesionales y convertir el patrimonio en investigación sostenida.
La experiencia argentina aparece como antecedente que ilumina el debate. En su país, recuerda, la primera orientación de paleontología dentro de la Licenciatura de Biología de la Universidad de Buenos Aires se creó en 1983, un proceso del que formó parte y tras el cual se multiplicaron los programas y los especialistas. El resultado, sostiene, ha sido una mayor proyección internacional del trabajo científico.
El trasfondo chileno es doble. Por un lado, la divulgación científica de gran formato que representa Congreso Futuro (impulsado por instituciones públicas chilenas y una fundación dedicada a “democratizar el conocimiento”). Por otro, la constatación de que el interés social por el pasado remoto existe y puede traducirse en políticas formativas. El anuncio de la nueva licenciatura se realizó en el Museo Nacional de Historia Natural durante el balance de la exposición “Dinosaurios del Sur del Mundo”, que superó los 900.000 visitantes, un indicador de demanda cultural que rara vez se asocia a decisiones curriculares.
En esa intersección entre patrimonio, ciencia y ciudadanía, Chiappe propone una lectura útil para el presente. Los fósiles no son solo objetos de museo ni una curiosidad del pasado, sino un archivo sobre resiliencia y colapso. La pregunta relevante, en tiempos de crisis climática, no es únicamente qué ocurrió, sino qué patrones se repiten y qué señales de alerta se pueden reconocer a tiempo.









