Terminas el agua de una botella en el trabajo, la vuelves a llenar en el grifo y sigues el día pensando que haces un favor al planeta y al bolsillo. La cuestión es si también es una buena idea para tu salud.
El tecnólogo de alimentos Luis Riera, director de la consultora de seguridad alimentaria Saia, lanza un aviso. Según explica, reutilizar de forma continuada botellas pensadas para un solo uso puede favorecer la exposición a bisfenoles, compuestos que actúan como disruptores endocrinos. Son sustancias capaces de interferir en el sistema hormonal y que, en buena parte, el organismo va acumulando con el tiempo.
La preocupación está respaldada por la ciencia. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha reevaluado recientemente el riesgo del bisfenol A y ha reducido su ingesta diaria tolerable alrededor de veinte mil veces respecto al valor anterior. Sus expertos concluyen que la exposición alimentaria actual puede suponer un problema de salud para todas las edades por sus posibles efectos sobre el sistema inmunitario y otros órganos.
En paralelo, la Unión Europea ha aprobado una prohibición progresiva del uso de bisfenol A y otros bisfenoles peligrosos en materiales en contacto con alimentos, incluidos plásticos y recubrimientos de envases. La norma comienza a aplicarse a partir de enero de 2025 con periodos de transición para que la industria se adapte, y afecta también a botellas de bebidas reutilizables y otros utensilios de cocina que puedan ceder bisfenol A a los alimentos. El mensaje de fondo es evidente. Se quiere reducir al mínimo el contacto de estos compuestos con bebidas y alimentos.
No todos los envases plásticos son iguales ni contienen bisfenol A. Muchas botellas de agua de un solo uso están hechas de PET y cumplen la normativa. El problema aparece cuando se fuerza su vida útil. Con los golpes, los cambios de temperatura o la exposición continuada al sol, el material se degrada y puede liberar más sustancias a la bebida. A esto se añaden los microplásticos y nanoplásticos que varios estudios han encontrado en el agua embotellada, procedentes en buena medida del propio envase plástico.
Incluso cuando eliges una botella reutilizable de acero inoxidable, vidrio o plástico diseñado para varios usos, la higiene manda. Como recuerda Riera, estas botellas no evitan por sí mismas la acumulación de microorganismos que llegan desde la boca, las manos o el ambiente. Si el agua se queda horas estancada dentro, sobre todo con calor, la humedad y la temperatura favorecen que las bacterias se multipliquen.
Los análisis realizados en botellas reutilizables han detectado con frecuencia bacterias como Escherichia coli y Staphylococcus aureus, además de hongos, especialmente cuando el interior mantiene restos de bebida y humedad. El riesgo aumenta cuando en lugar de agua se introducen líquidos ricos en proteínas o azúcares, como leche, caldos o bebidas isotónicas. En la práctica el interior de la botella puede convertirse en un pequeño caldo de cultivo doméstico.
La buena noticia es que gran parte de este riesgo se puede controlar con hábitos sencillos. Los especialistas recomiendan vaciar el agua que sobra al final del día, dejar secar bien la botella y lavarla con agua caliente y detergente, prestando atención especial al tapón y a las juntas. En invierno puede bastar con una limpieza cada dos o tres días. En verano, con botellas que pasan horas en mochilas, coches u oficinas, el consejo es lavarlas a diario o usar el lavavajillas siempre que el material lo permita.
La sautoridades de seguridad alimentaria recuerdan que llevar tus propios envases es una forma eficaz de reducir residuos siempre que los recipientes sean aptos para contacto alimentario y se mantengan limpios. Menos plástico desechable en circulación y menos exposición innecesaria a sustancias químicas y microorganismos indeseados.
Entonces, ¿qué puedes hacer si quieres cuidar el planeta sin descuidar tu salud. La pauta general que proponen los expertos es clara. Evitar reutilizar botellas expresamente diseñadas para un solo uso. Elegir botellas reutilizables de calidad, preferiblemente de acero inoxidable o vidrio, o plásticos libres de bisfenoles y con marcaje para uso alimentario. Y convertir el lavado frecuente en un gesto tan automático como lavarse las manos.
Al final no se trata de generar alarma, sino de poner la información sobre la mesa para que cada persona tome decisiones con más contexto. Ese gesto de rellenar una botella puede seguir siendo un aliado frente al plástico de usar y tirar siempre que el envase sea el adecuado y la higiene acompañe.
La reevaluación científica del bisfenol A en alimentos se ha publicado en la página de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).













