Millones de personas están respirando aire tóxico en sus hogares sin saberlo: el culpable está en la cocina

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Publicado el: 28 de enero de 2026 a las 07:56
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Llama azul de una cocina de gas, fuente de contaminación por dióxido de nitrógeno en el aire interior del hogar

Abrir el fuego para preparar la cena parece un gesto inocente. Sin embargo, un nuevo estudio nacional en Estados Unidos muestra que, cuando la cocina es de gas, cada comida suma contaminación de dióxido de nitrógeno dentro de casa. Y no poca.

El trabajo integra por primera vez la exposición al NO₂ de exteriores con la que se genera dentro del hogar al cocinar con gas o propano, código postal a código postal, en 133 millones de viviendas. La conclusión central es clara y bastante incómoda para quien sigue usando gas en la cocina. En muchos casos, el aire que se respira en casa queda por encima de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud para proteger la salud.

Cuánto aporta realmente la cocina de gas

El equipo liderado por Yannai Kashtan y Robert B. Jackson ha combinado mediciones en más de quince ciudades con modelos de calidad del aire interior y datos detallados del parque de viviendas estadounidense. De esa mezcla sale una cifra que da que pensar.

Para las personas que viven en hogares con cocina de gas o propano, la exposición residencial media a largo plazo al NO₂ se sitúa en unos 10,1 ppbv. De ese total, alrededor de 2,4 ppbv proceden de la propia cocina. Es decir, en promedio, una cuarta parte de la contaminación por NO₂ que respiran estas personas se genera dentro de su casa, al cocinar.

En los hogares con cocina eléctrica, la foto cambia. La exposición procede únicamente del aire exterior y ronda los 8 ppbv. Estas cocinas no añaden NO₂ extra al interior, de modo que el riesgo se limita a lo que entra desde fuera.

La intensidad de uso marca diferencias importantes. En el 5 por ciento de hogares que más gas queman al cocinar, la exposición adicional atribuible a la cocina alcanza unos 10,3 ppbv. En ese grupo, las estufas de gas llegan a aportar más de la mitad de toda la exposición combinada, tanto en interiores como en exteriores. Y eso se nota.

Millones de personas por encima de las guías de la OMS

El estudio cruza los niveles de NO₂ con las recomendaciones sanitarias. La guía de la OMS para exposición crónica fija un valor de referencia de 10 microgramos por metro cúbico, que equivale a unos 5,2 ppbv, aplicable tanto al aire exterior como al interior.

Según los autores, alrededor del 77 por ciento de la población estadounidense ya supera ese valor solo por la contaminación de exteriores. Pero hay otro dato clave. Unos 27 millones de personas viven en zonas donde el aire exterior estaría por debajo de la guía de la OMS. De ese grupo, quienes tienen cocina de gas ven cómo su exposición total se dispara por encima del límite recomendado.

El trabajo estima que la exposición a largo plazo de unas 22 millones de personas caería por debajo de la guía de la OMS si redujeran o abandonaran la cocina con gas o propano y pasaran a cocinar con electricidad. En otras palabras, cambiar de tecnología en la encimera bastaría para situar a esos millones de personas dentro del rango que la OMS considera más seguro.

La situación se agrava en viviendas pequeñas y densamente pobladas, sobre todo pisos de menos de 1000 pies cuadrados. En los códigos postales con más contaminación exterior, un uso muy intensivo de la cocina de gas puede empujar la exposición total cerca del estándar anual de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, mucho más laxo que la guía de la OMS.

Exposiciones punta en la franja de cocinar

Además de la contaminación crónica, el estudio analiza los picos de exposición cuando la cocina está encendida. La OMS fija un valor de referencia para exposiciones de una hora en torno a 100 ppbv. En la red exterior de monitores de EEUU apenas se superan estos niveles unas pocas veces al año y solo en unos cuantos puntos muy concretos.

Dentro de casa la historia es distinta. Para quienes viven en hogares con cocina de gas, las concentraciones medias por hora en la franja de cocinar superan los 100 ppbv entre siete y quince días al año, de media. En los hogares del 5 por ciento con uso más intenso, las concentraciones por encima de ese umbral aparecen en más de la mitad de los escenarios modelizados.

Los autores señalan que las estufas de gas y propano son responsables de «prácticamente todas las superaciones» de esa referencia horaria dentro de los hogares. Las cocinas eléctricas, de bobina o de inducción, no generan estos picos de NO₂.

Un problema que crece cuando baja la contaminación exterior

En las últimas décadas, las concentraciones de NO₂ en exteriores han bajado en gran medida gracias a normas más estrictas sobre el tráfico y las centrales térmicas. Precisamente por eso, la contribución relativa de las fuentes interiores gana peso.

El estudio calcula que, si se tiene en cuenta a toda la población, incluidas las viviendas con cocina eléctrica, el gas y el propano aportan todavía alrededor del 10 por ciento de la exposición total al NO₂ en Estados Unidos. Entre quienes usan cocina de gas, ese porcentaje sube hasta una cuarta parte y llega a la mitad en los hogares que más cocinan con gas.

En el fondo, lo que muestra este mapa de exposición por códigos postales es que la contaminación del aire ya no es solo cosa de chimeneas lejanas o atascos. También depende de lo que pasa en la encimera, en la campana extractora y en la ventilación de una cocina concreta, sobre todo en barrios urbanos más densos y en comunidades con menos recursos.

Aunque el trabajo se centra en Estados Unidos, los autores señalan que su metodología podría ampliarse a otros países y también a otros contaminantes de las cocinas de gas, como el benceno, el monóxido de carbono o las partículas ultrafinas. Un aviso más de que la transición hacia cocinas eléctricas eficientes y una buena ventilación no es solo una cuestión de clima o de factura de la luz, también de salud pública.

El estudio completo ha sido publicado en la revista científica PNAS Nexus.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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