Noruega avanza con Rogfast, un túnel de carretera submarino de 26,7 kilómetros que, si se cumple el calendario actual, abrirá en 2033. La idea es sencilla de entender y muy ambiciosa a la vez, cruzar el Boknafjord bajo el lecho marino, reducir la dependencia del ferry y recortar unos 40 minutos el viaje por carretera entre Stavanger y Bergen.
El último hito llegó el 24 de febrero de 2026, cuando se completó la primera de las dos grandes chimeneas de ventilación en la isla de Kvitsøy. Es el tipo de detalle que no sale en las fotos turísticas, pero marca la diferencia en seguridad, calidad del aire y en cómo se gestiona una obra tan larga bajo un fiordo.
Un récord que no es solo una cifra
Rogfast se plantea como un túnel con dos tubos que discurre, en su punto más profundo, a unos 390 metros bajo el nivel del mar. A mitad de recorrido incluye un enlace subterráneo hacia Kvitsøy, con un cruce interno que rompe el esquema típico de túnel largo y recto.
La ventilación es la pieza que permite que todo esto funcione. En Kvitsøy se están ejecutando dos pozos de 211 metros de profundidad, con diámetros de 9,4 y 8,6 metros, pensados para renovar el aire durante la obra y cuando el túnel entre en servicio.
Menos ferri y más previsión
Hoy, parte del trayecto por la E39 en esta zona depende de embarcar en un ferry y de que el tiempo acompañe. Si el viento aprieta o hay cola para entrar, el reloj se estira sin pedir permiso, y eso se nota tanto en viajes cotidianos como en el transporte de mercancías.
Con Rogfast, la conexión pasa a ser continua bajo el mar y, en teoría, más estable en días de mal tiempo. La propia autoridad de carreteras noruega lo vincula a una ruta más eficiente en la costa oeste, con impacto directo en movilidad, logística y tiempos de desplazamiento.
El CO2 de la obra también pesa
Cuando se habla de sostenibilidad, es fácil fijarse solo en el día de la inauguración. Pero en proyectos así hay dos películas distintas, la de la operación (qué vehículos pasan, cuántos viajes se hacen) y la de la obra (energía, maquinaria y materiales).
En esa segunda película, Noruega quiere probar soluciones de “producción de túnel sin fósiles” en Rogfast. El Gobierno ha explicado que se están ensayando requisitos para que operaciones estáticas se hagan con electricidad y para usar maquinaria cableada dentro del túnel, aunque con un sobrecoste frente al diésel que puede multiplicar por 2 o 2,5 el coste de una máquina convencional.
Fiordos bajo vigilancia ambiental
Bajo un fiordo, el reto no es solo la roca. También está el agua que entra en la obra, el agua de limpieza y el riesgo de partículas en suspensión, por eso los permisos ambientales suelen exigir depuración y controles, con límites para contaminantes como aceites y sólidos.
Otro punto sensible es qué se hace con la piedra excavada. En Arsvågen, la autoridad ambiental regional autorizó el uso de una zona de fondo marino como almacén temporal de masas, con condiciones muy concretas, como cortinas de burbujas para reducir la dispersión y la prohibición de vaciar el acopio durante la época de freza del bacalao (del 1 de enero al 30 de abril).
En Mekjarvik, el regulador también ha endurecido el foco en los impactos menos visibles. En 2024 modificó una autorización de relleno en el mar y exigió documentar el ruido submarino, además de rechazar una propuesta de dragado por el riesgo de dispersión de plástico asociado a las masas de piedra volada.
Quién paga y qué conviene mirar
Rogfast no se financia solo con presupuesto público. En los cálculos de financiación publicados por Statens vegvesen, el coste total se sitúa en 20.600 millones de coronas noruegas a precios de 2020, con un reparto del 60 % a cargo de los usuarios mediante peajes y del 40 % a cargo del Estado.
También hay números que ayudan a aterrizar el proyecto en lo cotidiano. El plan trabaja con un tráfico inicial en torno a 6.000 vehículos al día y un ingreso medio estimado de 409 coronas por paso, con préstamos que se amortizarían en 19 años, aunque son hipótesis que pueden cambiar con inflación, tipos de interés y demanda real.
Un túnel pensado para el futuro eléctrico
Noruega llega a esta obra con una particularidad que cambia el contexto, la electrificación del coche va muy por delante. En 2025, los turismos totalmente eléctricos representaron alrededor del 95,9 % de las matriculaciones en el país, según cifras oficiales del sector, y eso reduce la parte de emisiones directas asociada al uso diario.
Pero el coche eléctrico no borra todos los impactos, y ahí está la clave. La diferencia la marcará que la obra reduzca al máximo su huella (energía, materiales y gestión de residuos) y que la nueva conexión no se traduzca en más kilómetros recorridos sin control.
El comunicado más reciente sobre el avance de Rogfast ha sido publicado por Statens vegvesen.












