Unos dientes de Sulawesi revelan que se chupaba nuez de betel hace hasta 25.000 años

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Por HoyECO
Publicado el 7 de octubre de 2026 a las 18:44
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Restos óseos humanos en el sedimento de un yacimiento de Sulawesi, junto a una escala

Un fragmento de maxilar con tres muelas, excavado en la cueva de Leang Bulu Bettue, en la isla indonesia de Sulawesi, tiene unos surcos redondeados que no se parecen a los que deja la masticación. Según un estudio publicado el 9 de septiembre en Science Advances, esos dientes antiguos se desgastaron porque su dueño mantenía en la boca semillas enteras de nuez de betel hace entre 25.000 y 16.000 años.

El trabajo lo dirigió el profesor Adam Brumm, del Centro Australiano de Investigación sobre la Evolución Humana (ARCHE) de la Universidad Griffith, junto con sus colegas Carney Matheson y Michelle Langley y con arqueólogos indonesios de la Universidad Hasanuddin, en Makassar, y de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (BRIN).

Los autores lo presentan como la evidencia más antigua registrada del uso habitual de una planta neuroactiva, es decir, capaz de actuar sobre el sistema nervioso. Hasta ahora, la prueba más segura de consumo de betel era la arecolina hallada en el sarro dental de una persona de la Edad del Bronce en Tailandia, de hace unos 3500 a 3000 años. Aun con la fecha más reciente del maxilar de Sulawesi, 16.000 años, el hábito sería al menos 12.500 años anterior.

«Surgido hace hasta 25.000 años en Sulawesi, mucho antes de la llegada de la agricultura, chupar nuez de betel podría ser la evidencia más antigua de consumo de drogas en cualquier parte del mundo», dijo Brumm en la nota de prensa de la Universidad Griffith.

Una droga que consume una de cada diez personas

Pese a su nombre, la nuez de betel es la semilla de palmeras del género Areca, sobre todo de la cultivada Areca catechu. La hoja de betel pertenece a otra planta, Piper betle, y suele envolver la semilla en las preparaciones que se mastican hoy desde la India hasta el Pacífico Sur.

Frutos de areca, con una nuez de betel pelada en primer plano
Frutos de areca con una nuez de betel pelada delante. Foto: Adam Brumm / Universidad Griffith

La costumbre la comparten cientos de millones de personas, alrededor de una de cada diez en el mundo, y produce una euforia leve y una sensación de mayor alerta. «Aunque es poco conocida en las sociedades occidentales, es la cuarta sustancia psicoactiva más consumida del mundo, después del alcohol, la cafeína y la nicotina», explicó Brumm.

Quien la consume hoy mezcla trozos de la semilla con cal apagada, que suele hacerse moliendo conchas quemadas, y forma una especie de bolo que mastica. «La cal apagada es un ingrediente esencial porque provoca una reacción química que libera los compuestos psicoactivos de la nuez en el torrente sanguíneo con más rapidez», añadió el investigador.

Surcos redondeados en las muelas de dos recolectores

El equipo estudió a dos adultos. El primero, Maros-LBB-1a, solo está representado por el maxilar derecho y tres molares, y es el único resto humano que se conoce del Pleistoceno en Sulawesi, una isla de unos 174.000 km². La capa en la que apareció está datada entre hace 25.000 y 16.000 años.

El segundo, CPL-R2a, es un hombre de edad media o avanzada enterrado en Leang Cappalombo 1, unos 33 kilómetros al este, y vivió hace entre 7600 y 6300 años. Pertenecía a la cultura toaleana, un grupo de cazadores-recolectores del sur de la isla anterior a la agricultura.

Ambos tenían el mismo desgaste raro, unas facetas circulares y profundas. En el segundo, las de un incisivo y un canino recuerdan a las muescas que dejaba en los dientes fumar en pipa de arcilla. Según los autores, un objeto duro y esférico de unos 10 a 20 milímetros «se había sostenido repetidamente entre los dientes y se había chupado o mordisqueado suavemente (probablemente ambas cosas)».

Ese tamaño encaja con las semillas peladas de Areca triandra, una palmera silvestre nativa del sur de Sulawesi. «Para que se formaran facetas de desgaste tan profundas en tejidos dentales extremadamente duros, Maros-LBB-1a y CPL-R2a debieron de persistir en esta actividad perjudicial durante muchos años», escriben los investigadores en el estudio.

Semillas intactas que liberan arecolina

Estudios anteriores sugerían que la arecolina, el principal alcaloide neuroactivo de la areca, se liberaba al masticar la semilla procesada con cal. Este compuesto activa unos receptores de la acetilcolina llamados muscarínicos y provoca una salivación abundante.

«Nuestro equipo hizo experimentos en los que remojamos nueces de betel en saliva artificial y probamos los caldos resultantes con un panel de receptores humanos clonados expresados en óvulos de rana, incluidas proteínas especializadas que actúan como interruptores moleculares y regulan la actividad neuronal», contó Brumm.

Las semillas pasaron 21,25 horas en una solución salina a 36 °C, y el caldo de algunas semillas intactas provocó respuestas intensas en esos receptores. «Esto demostró que basta con chupar nueces de betel intactas para liberar arecolina en cantidades suficientes como para tener un efecto fisiológico, alterando la función cerebral», resumió el arqueólogo.

Arecolina en los dientes y ninguna mancha roja

Carney Matheson se encargó del análisis químico de los dientes por cromatografía líquida y espectrometría de masas, una técnica que separa e identifica las moléculas de una muestra. Para no dañarlos, las muestras pasaron al menos una semana en remojo en disolventes, sin cortar ni pulverizar nada.

Una muestra dental de cada individuo dio positivo en arecolina. También aparecieron compuestos propios de la hoja de Piper betle, como el eugenol, y los autores creen que esas hojas aromáticas se consumían por separado, como condimento o por sus propiedades medicinales.

En los análisis faltaban además la guvacina y la arecaidina, que se forman en grandes cantidades cuando la semilla se mezcla con cal, y los dientes no tenían las manchas de color pardo rojizo que deja el betel preparado. Todo ello, según el equipo, es coherente con que ambos chupaban la semilla entera, sin cal.

Un alivio para el dolor que empeoró las muelas

Los recolectores de la isla solían tener mala salud bucal, y la arecolina tiene propiedades analgésicas, de modo que el equipo sospecha que una de las razones del hábito era calmar el dolor de muelas. En el estudio apuntan además que la saliva extra pudo ayudar a digerir alimentos ricos en almidón y que los dientes conservados no tienen caries.

«Con el tiempo, sin embargo, chupar estas semillas duras y abrasivas desgastó tanto los dientes de los recolectores que en algunos casos la cámara pulpar interna quedó completamente expuesta; esto habría sido muy doloroso, habría dificultado comer y habría aumentado mucho la tasa de infección dental crónica», explicó Brumm.

«Así que, aunque este hábito pudo ser un remedio contra el dolor de muelas, años de chupar nueces acabaron causando problemas de salud dental mucho peores, lo que creó un ciclo de uso habitual continuado», añadió.

Dos prehistoriadoras de universidades españolas ven una tradición milenaria

Elisa Guerra, profesora titular de Prehistoria en la Universidad de Valladolid, considera que el trabajo aporta «una evidencia directa de la antigüedad del consumo de drogas». En declaraciones al Science Media Centre España, añade que los grupos cazadores-recolectores «descubrieron las propiedades psicoactivas de las nueces de Areca y las explotaron con diversos fines».

Marian Berihuete-Azorín, investigadora Ramón y Cajal en el departamento de Prehistoria de la Universidad Autónoma de Barcelona, destaca «la integración de dos líneas de evidencia: las huellas visibles dejadas en los dientes y el análisis bioquímico de estos». Para ella, el hallazgo mejora el conocimiento de la relación de estas sociedades con las plantas silvestres y el entorno en el que vivían.

Solo dos personas y muchas preguntas abiertas

La propia Berihuete-Azorín introduce un matiz: «Si se confirma la propuesta de este estudio, la evidencia presentada adelantaría el consumo de las nueces de betel en el sureste asiático en varios miles de años». Los autores reconocen que su muestra se limita a dos individuos, aunque recuerdan que los restos de recolectores anteriores a la agricultura son muy escasos en la isla.

Con dos personas separadas por al menos 8400 años no se puede saber cuánta gente compartía la costumbre ni si se transmitió sin interrupciones. Los ensayos con receptores tampoco miden lo que sentían aquellas personas. Los autores proponen que el hábito nació de una dependencia física, pero el propio estudio señala que la arecolina «probablemente no es adictiva» por sí sola y que los efectos adictivos parecen requerir la nuez entera, así que esa dependencia sigue siendo una hipótesis.

Tampoco se sabe cuándo empezó a mascarse con cal. Los autores plantean que pudieron introducirla en Sulawesi los agricultores neolíticos austronesios, llegados hace unos 4000 años. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer considera cancerígena la nuez de areca y señala que las mezclas de betel sin tabaco también causan cáncer oral, de modo que el hallazgo no convierte esta costumbre en un remedio seguro.

El estudio completo se ha publicado en Science Advances.

Imagen: Universidad Griffith

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