Parece ciencia ficción pero el cometa 3I/Atlas podría tener casi 12.000 años de antigüedad: un estudio sugiere que su sistema solar podría haber desaparecido

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Publicado el: 9 de abril de 2026 a las 12:43
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Imagen del cometa interestelar 3I ATLAS con coma brillante observado desde la Tierra.

A veces la ciencia te obliga a cambiar la escala mental. Un nuevo análisis del cometa interestelar 3I/ATLAS apunta a que podría haberse formado hace entre 10.000 y 12.000 millones de años, en la juventud de la Vía Láctea.

Si esta estimación se sostiene, 3I/ATLAS no es solo “otro cometa”. Sería un trozo de hielo de un sistema planetario muy antiguo, con agua y compuestos de carbono distintos a los de nuestro entorno. ¿Qué nos dice un visitante así sobre cómo se fabricaban planetas cuando la galaxia era casi nueva?

Un visitante que llegó en 2025

3I/ATLAS se detectó el 1 de julio de 2025 dentro de la red ATLAS, pensada para encontrar objetos en movimiento. Con más observaciones, quedó encuadrado como el tercer objeto interestelar identificado en el sistema solar, después de ‘Oumuamua y 2I/Borisov.

Las imágenes también confirmaron que no era una roca “muerta”. Presenta coma, la nube de gas y polvo típica de un cometa activo, señal de que el Sol está sublimando su hielo. Esa actividad permite medir su química con mucha más precisión, y ahí está la clave.

La huella isotópica que delata su historia

La edad de 3I/ATLAS no se ha estimado solo por su órbita. El equipo liderado por Martin Cordiner (Centro Goddard de la NASA) analizó su composición isotópica con el espectrógrafo NIRSpec del James Webb.

Los isótopos son “versiones” del mismo elemento con distinto número de neutrones. En este caso se midieron proporciones de carbono (carbono-12 frente a carbono-13) en gases del cometa, como el monóxido de carbono y el dióxido de carbono. Los rangos de 12C/13C (141 a 191 en CO2 y 123 a 172 en CO) se salen de lo típico en cometas del sistema solar y también en entornos cercanos fuera de él.

La otra pista viene del agua. La proporción deuterio frente a hidrógeno (D/H) fue de (0,95 ± 0,06) por ciento, más de un orden de magnitud por encima de la de los cometas conocidos. Es una huella dactilar que suele asociarse a hielo formado en frío extremo, y no es poca cosa.

Una edad extrema con matices

Con esas señales, el propio estudio propone un escenario concreto. La química encaja con una formación a 30 kelvin o menos (unos -243 °C) y en un entorno relativamente pobre en metales, propio de etapas tempranas de la galaxia.

Al comparar las proporciones de carbono con modelos de evolución química galáctica, los autores estiman que 3I/ATLAS acumuló su material hace unos 10.000 a 12.000 millones de años, tras un periodo temprano de intensa formación estelar. El matiz importante es que el trabajo está en revisión y aún no es una conclusión cerrada.

Además, no partían de cero. Un artículo previo de Aster G. Taylor y Darryl Z. Seligman calculó una “edad cinemática” amplia (3.000 a 11.000 millones de años) usando su velocidad respecto al Sol, unos 58 km por segundo. El nuevo resultado encaja, pero se coloca cerca del extremo más antiguo.

Agua a chorros y química del carbono

Que sea interestelar no significa que se comporte como algo raro a simple vista. La ESA explicó que su sonda Juice observó 3I/ATLAS tras su acercamiento al Sol y que el 2 de noviembre de 2025 detectó una emisión de unos 2.000 kilos de vapor de agua por segundo, equivalente a 70 piscinas olímpicas al día.

Esa cifra depende mucho del tamaño del cometa y de su distancia al Sol. Aun así, la comparación que hace la ESA ayuda a ponerlo en contexto, 67P rondó los 300 kg por segundo y el Halley llegó a unos 20.000 kg por segundo. En otras palabras, 3I/ATLAS “suda” agua en cantidades altas, pero dentro de lo esperable.

Lo relevante es la combinación de actividad y firma isotópica. Si el hielo se formó tan frío y tan pronto, estamos ante pistas directas de cómo se construían planetesimales ricos en volátiles en la Vía Láctea joven, esos ladrillos que luego pueden acabar alimentando atmósferas y océanos en otros mundos.

Lo que todavía no sabemos

La gran frustración es que no podemos señalar con el dedo su estrella de origen. Reconstruir su ruta hacia atrás durante millones de años es muy difícil porque las interacciones gravitatorias con estrellas y nubes van deformando la trayectoria.

También toca esperar a que el análisis se consolide con más datos y revisión. La propia ESA recuerda que sus resultados son preliminares y que siguen cruzando medidas del agua “normal” con la de agua semipesada (HDO), justo lo que hace que el valor D/H sea tan informativo.

Aun con esas cautelas, 3I/ATLAS es una oportunidad poco común para estudiar material de otro sistema planetario sin enviar una nave a años luz. Y eso abre una ventana a la historia profunda de la galaxia, con un protagonista que pasará rápido y no volverá.

 El estudio científico en el que se basa esta estimación se ha publicado en arXiv.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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