Parece de película pero es verdad: la NASA confirmado que el agujero negro de la Vía Láctea va a despertar

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Por HoyECO
Publicado el: 1 de enero de 2026 a las 10:56
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Galaxia espiral similar a la Vía Láctea con su núcleo brillante y millones de estrellas

Suena a tráiler de ciencia ficción. La NASA habla de un agujero negro que “despierta” y un estudio en una revista astronómica anuncia una “gran colisión” que puede encender el centro de la Vía Láctea. ¿Qué significa esto en la práctica para quienes vivimos en la Tierra?

En el centro de la Vía Láctea vive Sagitario A*, un agujero negro supermasivo con una masa de unos cuatro millones de soles, situado a unos 26.000 años luz de la Tierra. Es nuestro agujero negro gigante más cercano y, comparado con otros núcleos galácticos, está sorprendentemente tranquilo.

Tranquilo no significa muerto. Observaciones recientes de la misión IXPE, de la NASA, muestran que hace unos 200 años Sagitario A* tuvo un pequeño estallido. El eco de rayos X que aún hoy rebota en nubes de gas cercanas indica que, durante un breve tiempo, el agujero negro fue al menos un millón de veces más brillante que ahora. Para los astrónomos es una pista importante. Nos recuerda que este “gigante dormido” puede activarse cuando tiene material suficiente que engullir.

La colisión que lo encenderá

Aquí entra en juego la Gran Nube de Magallanes, una galaxia enana que hoy orbita la Vía Láctea y que podemos ver como una mancha difusa en los cielos del hemisferio sur. Los modelos dinámicos indican que esta galaxia, cargada de estrellas, gas y un halo masivo de materia oscura, no seguirá dando vueltas para siempre. Todo apunta a que caerá hacia el centro de la Vía Láctea y se fusionará con nuestra galaxia dentro de unos 2.400 millones de años, con un margen de incertidumbre de casi mil millones de años arriba o abajo.

Un estudio publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, firmado entre otros por el astrónomo Marius Cautun, ha simulado ese futuro encuentro. La conclusión es clara. Al chocar, la Gran Nube de Magallanes canalizará enormes cantidades de gas hacia el centro de la Galaxia. Ese combustible extra hará que Sagitario A* pase de su estado actual, casi apagado, a comportarse como un núcleo galáctico activo. Su masa podría multiplicarse por hasta ocho y el halo estelar de la Vía Láctea, la población de estrellas que rodea el disco, hacerse unas cinco veces más masivo.

En el fondo, lo que se está describiendo es un “subidón de energía” a escala galáctica. El material que caiga hacia el agujero negro formará un disco muy caliente, que brillará en luz visible, ultravioleta, rayos X e infrarrojo. Parte de esa energía saldrá expulsada en forma de chorros y burbujas que remodelarán el entorno del centro galáctico, algo parecido a lo que ya sugieren las llamadas Burbujas de Fermi, restos de una erupción antigua de Sagitario A*.

¿Debemos preocuparnos en la Tierra?

La pregunta llega sola. Si el agujero negro del centro de la galaxia se enciende, ¿corre peligro la vida en la Tierra?Los propios autores del estudio son bastante prudentes. Sus simulaciones indican que el futuro núcleo activo de la Vía Láctea no será lo bastante potente para arrasar la biosfera terrestre. La radiación se irá debilitando a medida que recorra los 26.000 años luz que nos separan del centro galáctico y, además, una parte quedará absorbida por el gas y el polvo del disco de la Vía Láctea.

A eso hay que sumar las “barreras” locales. La atmósfera y el campo magnético de nuestro planeta ya nos protegen hoy de rayos cósmicos y llamaradas solares mucho más cercanas. Dentro de 2.000 o 3.000 millones de años, el Sol será más brillante y la propia Tierra habrá cambiado tanto que el problema principal, si aún queda vida compleja, no será precisamente Sagitario A*.

El estudio también analiza qué ocurre con las estrellas del disco. Una pequeña fracción puede ser expulsada al halo galáctico. Sin embargo, la probabilidad de que el Sol salga disparado al espacio intergaláctico es baja. En la mayor parte de las simulaciones nuestra estrella sigue atada a la Vía Láctea, aunque su órbita se vea algo alterada.

Lo que nos enseñan otras galaxias

El Telescopio Espacial James Webb ha observado una galaxia apodada The Sparkler, que vemos tal como era hace unos 9.000 millones de años y que se parece bastante a una Vía Láctea joven. Está rodeada de cúmulos globulares y pequeñas galaxias satélite que está devorando para crecer. Ese tipo de sistemas permiten ver, casi en directo, cómo la formación de estrellas, el crecimiento de agujeros negros y las fusiones galácticas van de la mano.

En gran medida, eso es lo que se está anticipando para nuestra propia galaxia. La “gran colisión” con la Gran Nube de Magallanes no es un castigo ni una excepción. Es una etapa más en la vida de una galaxia espiral que ha sido relativamente tranquila durante miles de millones de años y que, según los modelos, volverá a parecerse más a la media del universo después de este episodio.

Mirar al futuro lejano sirve también para poner en perspectiva el presente. Lo que de verdad puede cambiar nuestra vida diaria no es un chorro de rayos X que llegará dentro de miles de millones de años, sino las decisiones que tomamos hoy sobre energía, clima y uso de recursos en este pequeño planeta.

El cosmos tiene su propio calendario. El problema es que, para nosotros, el reloj que corre más deprisa no es el de los agujeros negros. Es el de la Tierra bajo nuestros pies.

El estudio científico original ha sido publicado en Notices of the Royal Astronomical Society.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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