En Nairobi, un caso que parece sacado de una película ha terminado en los juzgados por un motivo inesperado (hormigas). Un ciudadano chino y un keniano han sido acusados de traficar con miles de hormigas vivas tras ser detenidos en el aeropuerto internacional Jomo Kenyatta con más de 2.000 ejemplares escondidos en el equipaje.
La historia no va solo de «bichos raros». Para las autoridades, es otro síntoma de biopiratería, cuando el negocio deja de mirar a los grandes animales y se fija en especies pequeñas pero clave para el suelo y la vegetación. Y aquí el detalle importante es que eran hormigas reina, las que pueden fundar colonias enteras.
Qué pasó en el aeropuerto de Nairobi
La detención se produjo el 10 de marzo, cuando los agentes localizaron 1.948 hormigas en tubos especiales y otras 300 ocultas en rollos de papel. En total, las autoridades hablaron de 2.238 hormigas vivas transportadas sin los permisos que exige la normativa de conservación de fauna en Kenia.
El principal acusado, Zhang Kequn, fue detenido cuando intentaba salir del país. En el mismo caso, la fiscalía señaló a Charles Mwangi como presunto proveedor local y lo vinculó a un envío interceptado en Bangkok que habría salido desde Mombasa. La investigación sigue abierta y se está mirando si hay más personas implicadas.
Por qué alguien paga tanto por una hormiga
A simple vista cuesta creerlo. ¿Quién se mete en un lío por un insecto que cualquiera ha visto cruzar una acera? La clave está en la afición por criar hormigas en casa, dentro de recipientes transparentes llamados formicarios, para ver cómo construyen túneles y se organizan.
En una sentencia de 2025, un tribunal keniano identificó una de estas especies como Messor cephalotes, conocida como «hormiga cosechadora gigante africana». El mismo documento recoge que una hormiga puede venderse por entre 60 y 100 euros y que una reina puede cotizarse todavía más, con precios que en algunos casos se sitúan entre 130 y 725 dólares según el vendedor y el tamaño de la colonia.
El salto de valor es lo que mueve el contrabando. Reuters informó de que, en otro caso de 2025, la magistrada habló de ventas online que podían superar los 800.000 euros para un lote de reinas destinado a Europa, Asia y parte de Norteamérica. Con esos números, un equipaje se convierte en una pequeña caja fuerte.
Lo que se pierde cuando salen de la naturaleza
Las hormigas hacen trabajos invisibles, pero muy útiles. Remueven suelo, airean el terreno y ayudan a que el agua se infiltre mejor, algo que mantiene la tierra más «viva» con el paso de los meses. Esto no suena espectacular, pero se nota cuando falta.
En documentos aportados al tribunal por el Kenya Wildlife Service y un informe del National Museums of Kenya se advierte de efectos concretos si se extraen muchas reinas. Hablan de suelos más pobres por la alteración del reciclaje de nutrientes y del aumento de plagas agrícolas cuando se rompe el equilibrio ecológico.
Además, hay un punto que inquieta especialmente. El tribunal recoge que algunas especies podrían ser vulnerables por tener una distribución «muy restringida» en África oriental, lo que hace que la extracción masiva no sea un juego. Dicho en claro, llevarse a la reina no es llevarse «una hormiga más».
El peligro silencioso de las invasoras
Cuando una especie sale de su zona natural y llega a un lugar nuevo, puede convertirse en invasora si se escapa o si alguien la libera. Con hormigas, el riesgo sube porque una sola reina puede iniciar una colonia y porque su transporte es sencillo y discreto.
La propia sentencia keniana cita como impacto posible la introducción de especies invasoras en áreas donde no están de forma natural. Y la ciencia añade una pieza incómoda, el comercio de mascotas tiende a favorecer especies con rasgos que también ayudan a invadir, como tolerar muchos hábitats o tener una distribución amplia.
Un estudio científico recogido en PubMed explica que, incluso en un mercado emergente como el de las hormigas, las invasoras están sobrerrepresentadas. Los autores lo plantean como una llamada a aumentar la conciencia del riesgo en el comercio internacional de especies silvestres.
Qué debería cambiar y qué puedes hacer tú
Kenia está tratando estos casos como delitos de fauna y el Kenya Wildlife Service insiste en que «no hay especies demasiado pequeñas» para proteger. Su receta combina más vigilancia en puertos y aeropuertos, campañas de información y cooperación internacional para cortar redes y ventas online.
Del lado del consumidor, el gesto más útil es el más simple y es no alimentar el mercado. Si alguien quiere iniciarse en la cría de insectos, conviene evitar especies exóticas y exigir siempre origen legal y permisos. Y si ya hay una colonia en casa, la regla de oro es no liberarla nunca al medio.
La información oficial del Kenya Wildlife Service sobre este fenómeno se ha publicado en KWS Wild Magazine.












