Hay estrellas que cambian tan despacio que ningún ser humano puede seguir su evolución. Y luego está WOH G64. Este coloso de la Gran Nube de Magallanes ha desconcertado a los astrónomos después de mostrar, en apenas unos años, cambios de brillo, color y temperatura que normalmente se estudian en plazos muchísimo más largos. El gran debate ahora es si estamos viendo el tramo final antes de una supernova o un episodio extraño dentro de un sistema binario mucho más complejo de lo que se creía.
El estudio publicado en Nature Astronomy revisó más de 30 años de medidas de brillo y espectros. El equipo vio que la estrella empezó a apagarse en 2011 y que, al recuperar luminosidad entre 2013 y 2014, se había vuelto más amarilla y más caliente, con un aumento de más de 1.000 grados centígrados. No hablamos de una estrella cualquiera. Desde los años ochenta, WOH G64 estaba considerada una de las más grandes, frías y luminosas de su clase, con un radio de unas 1.540 veces el del Sol.
Eso importa porque las supergigantes rojas son estrellas masivas que viven poco, entre 1 y 10 millones de años, y suelen acercarse al final de su vida en esta fase. En otras palabras, nacen enormes, gastan combustible a toda velocidad y terminan de forma violenta. Por eso ver una transformación tan rápida en una escala humana resulta tan valioso para la astronomía. No es poca cosa.
Los autores plantean dos explicaciones principales. La primera apunta a un sistema binario en el que una estrella compañera habría interactuado con la envoltura de WOH G64 y expulsado parte de sus capas externas, dejando a la vista un objeto más caliente, una hipergigante amarilla. La segunda sugiere que la estrella ya podía ser una hipergigante amarilla oculta durante décadas por material expulsado en una gran erupción. En cualquiera de los dos escenarios, el desenlace sigue abierto. Podría acabar en supernova, colapsar en agujero negro o incluso fusionarse con su compañera.
¿Significa esto que va a estallar mañana? No exactamente. Aquí llega el matiz importante. Un trabajo publicado en enero de 2026 en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, basado en observaciones con el telescopio SALT tomadas entre noviembre de 2024 y diciembre de 2025, detectó bandas de óxido de titanio en su atmósfera. Ese rastro químico indica, según sus autores, que WOH G64 es «actualmente una supergigante roja» y que quizá «nunca dejó de serlo».
En la práctica, esto significa que el cambio es real, pero su interpretación todavía no está cerrada. Puede que la estrella esté en una transición rarísima. Puede que el sistema binario esté deformando su atmósfera y levantando una nube de polvo que nos complica la fotografía completa. Lo que sí parece claro es que WOH G64 se ha convertido en un laboratorio natural para observar cómo mueren, o cómo se resisten a morir, las estrellas más extremas. Y eso no se ve todos los días.
El estudio principal ha sido publicado en Nature Astronomy, mientras que el seguimiento observacional que matiza esa interpretación puede consultarse en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.











