En 1959, el Ejército de Estados Unidos estudió cómo instalar una base lunar permanente para noviembre de 1966. El Proyecto Horizon proponía alojar a doce personas en módulos enterrados, abastecidos desde la Tierra y alimentados por reactores nucleares, con un coste estimado de 6000 millones de dólares de la época.
La base nunca se construyó y la propuesta no pasó del estudio de viabilidad. Pero sus páginas conservan una pregunta que va más allá de la carrera espacial. ¿Cómo mantener a un pequeño grupo de personas con vida cuando cada envío de comida, oxígeno o herramientas exige un viaje espacial?
Las cifras del proyecto Horizon
| Dato | Cifra |
|---|---|
| Encargo del estudio | Marzo de 1959 |
| Ocupantes previstos | 12 |
| Coste estimado | 6000 millones de dólares (unos 500 millones por ocupante) |
| Primeros ocupantes | Abril de 1965 (previsión) |
| Base completa | Noviembre de 1966 (previsión) |
| Lanzamientos de cohetes Saturno | 229 hasta finales de 1967, con 73 propulsores reutilizados |
| Remisión a la NASA | Marzo de 1960 |
Una base militar en la Luna sin fondos extra
El teniente general Arthur G. Trudeau ordenó el estudio en marzo de 1959, en plena competencia con la Unión Soviética. La Agencia de Misiles Balísticos del Ejército reunió a especialistas de sus servicios técnicos para desarrollar una instalación con funciones científicas, de comunicaciones y militares. Repartido entre los doce ocupantes previstos, el coste estimado equivalía a unos 500 millones de dólares de la época por persona.

La ambición chocaba con una limitación muy terrenal. «En estos tiempos de presupuesto limitado, no se dispone de fondos adicionales», escribió Trudeau en la carta que acompaña al informe. El trabajo debía pagarse con los recursos disponibles en la oficina encargada, aunque el programa completo se estimaba en ocho años y medio.
Cilindros de 3 por 6 metros bajo el suelo lunar
Los alojamientos serían cilindros metálicos de unos tres metros de diámetro y seis de longitud. Se cubrirían con material lunar para mejorar el aislamiento y proteger a sus ocupantes de la radiación y los impactos de pequeños meteoritos. La idea era aprovechar el propio terreno como escudo. Cada uno tendría unos 42 metros cúbicos de volumen, más o menos lo que ocupa una habitación de 4 por 4 metros.
Cada módulo tendría una doble pared, semejante a la de un termo, con aislamiento entre ambas capas. Según los cálculos del estudio, las pérdidas de calor serían tan pequeñas que la iluminación interior aportaría prácticamente todo el calor necesario para mantener una temperatura confortable. Era una previsión de diseño que todavía necesitaba comprobarse.
Reactores nucleares y depósitos reutilizados
Dos reactores nucleares suministrarían energía al campamento inicial y a los equipos de construcción. La instalación terminada incorporaría otros dos, mientras que los primeros alojamientos pasarían a funcionar como laboratorios. El documento contemplaba situar las primeras unidades nucleares en fosas para proporcionar protección.
También se proponía reutilizar los contenedores vacíos de carga y combustible como espacios de almacenamiento. Una vez llevado un recipiente hasta la Luna, darle otro uso permitiría aprovechar ese transporte. Es uno de los detalles que muestran hasta qué punto el abastecimiento condicionaba el diseño.
La comida llegaría inicialmente preparada y se estudiaría el cultivo hidropónico de hortalizas (sin tierra). La búsqueda de formas de aprovechar los recursos respondía a una necesidad concreta, reducir la dependencia de los envíos terrestres. Allí no habría una tienda a la que acudir si faltaba algo.
Un puerto espacial en Brasil
La propuesta también necesitaba resolver desde dónde despegarían los cohetes. El estudio consideró inadecuados los campos de lanzamiento estadounidenses del Atlántico y del Pacífico, y planteó construir un nuevo complejo con ocho plataformas cerca del ecuador. Esa ubicación ofrecería ventajas para transportar carga y organizar los lanzamientos.
Brasil y la isla de Navidad figuraban entre las alternativas destacadas. Para hacer sus cálculos, los autores asumieron que se utilizaría Brasil, aunque reconocían que hacían falta más criterios para elegir. Era una hipótesis de trabajo, sin que ese supuesto demostrara la existencia de un acuerdo para construir allí.
229 lanzamientos y repostaje en órbita
Llegar a la Luna y garantizar el regreso de los primeros ocupantes exigía una capacidad de transporte enorme. Los autores descartaban disponer a tiempo del gran cohete necesario para realizar directamente esa misión. Su solución consistía en enviar vehículos a la órbita terrestre y transferir allí combustible antes de continuar.
El informe calculaba 229 lanzamientos de vehículos Saturno hasta finales de 1967. También preveía recuperar y reutilizar sus etapas propulsoras, por lo que estimaba necesitar 73 de esas unidades. La diferencia importa, porque reutilizar una parte del cohete no equivale a recuperar el vehículo completo.
Por qué Horizon nunca despegó
El calendario situaba a los dos primeros ocupantes en la superficie lunar en abril de 1965 y a una dotación de doce personas en noviembre de 1966. Sin embargo, aquellos plazos dependían de desarrollar vehículos, equipos y procedimientos todavía pendientes. Las fechas expresaban la ambición del plan.
Según la historia oficial del Ejército, tras las primeras presentaciones se pidió reformular el documento para una misión estrictamente civil. En marzo de 1960 ya se había comunicado su remisión a la NASA, y Horizon nunca superó la fase de viabilidad.
El interés del proyecto está en cómo intentó resolver problemas concretos de energía, protección y suministro mucho antes de poder comprobar sus soluciones sobre el terreno. El estudio original se conserva en la colección Project Horizon Reports del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian.
Imagen: Ejército de EE. UU.










