La forma de las uñas parece un detalle mínimo frente a la factura de la luz o el trabajo, pero también habla de nosotros. En el caso de las uñas cuadradas, muy populares en los salones, varios expertos las relacionan con una personalidad tranquila, sociable y práctica. A la vez, la investigación psicológica muestra que el gesto de cuidar las uñas puede mejorar el estado de ánimo y la motivación diaria.
Uñas cuadradas y la personalidad que proyectan
La nail artist Ioana Cristescu, citada por la revista Telva, comenta que quienes eligen uñas cuadradas suelen ser personas serenas y sociables, con preferencia por lo funcional. Prefieren líneas rectas, una forma estable y fácil de mantener, algo que encaja con quien valora la eficiencia y la simplicidad en su vida cotidiana.
Desde la psicología de la personalidad, esa elección se parece al temperamento calmado que describe el médico Sandip Roy, personas que piensan con calma y que a veces parecen lentas o poco interesadas, pero que analizan y deciden con lógica.
Cuando la uña es cuadrada, ancha y plana, la revista digital Mejor con Salud la asocia con perfiles lúcidos y analíticos, con buen juicio y gusto por el pensamiento crítico. Suelen priorizar la utilidad y el orden por encima de lo recargado y disfrutar de tareas que dejan un resultado concreto hecho con las manos. No son etiquetas rígidas, solo tendencias que ayudan a entender por qué a muchas personas que se reconocen como organizadas y prácticas les resulta natural llevar esta forma de uña.
Cuidar las uñas también cuida la mente
Más allá del simbolismo, hay datos. Un estudio del Departamento de Psicología de la Universidad Saitama Gakuen y la Universidad Rikkyo, en Japón, analizó a más de 300 mujeres que se hacen la manicura con regularidad. Sus autores comprobaron que el cuidado de las uñas eleva tres dimensiones del bienestar, emociones positivas, relajación y sensación de vitalidad.
La investigación, publicada en la revista Frontiers in Psychology, muestra que quienes reciben la manicura en un salón se sienten más relajadas y con mejor ánimo que quienes se la hacen en casa. El efecto se relaciona con el ritual y con la conversación ligera con la manicurista, que ayuda a desconectar de las preocupaciones más pesadas.
En palabras de la psicóloga clínica Anna Rodríguez, «la manicura es un momento de mindfulness. Es un acto de cuidado personal que nos permite centrarnos, aliviar el estrés y conectar con el presente». Esa sensación de salir del salón con las uñas recién hechas y la cabeza un poco más despejada encaja bien con lo que describe el estudio.
La psicología de la apariencia y el papel de las uñas
La especialista en Psicología de la Moda Dawnn Karen explica que este campo estudia cómo el color, la imagen, el estilo y la belleza influyen en el comportamiento humano y se relacionan con normas y sensibilidades culturales. En ese marco, las uñas son una extensión del estilo personal y una forma silenciosa de comunicar prioridades y emociones.
Unas uñas cuadradas, cuidadas y pensadas para ser prácticas pueden transmitir autocontrol, sentido del orden y una forma de ser más racional que impulsiva. También pueden indicar que priorizas la comodidad y la funcionalidad sin renunciar a verte bien. La misma persona puede cambiar de forma según la etapa vital o el trabajo que tenga y seguir siendo la misma, por eso conviene evitar lecturas demasiado rígidas.
Qué puedes llevarte si llevas uñas cuadradas
Si sueles elegir uñas cuadradas, probablemente te resulte cómodo moverte con metas claras y tareas bien definidas. El momento de limar, esmaltar y dejar secar puede convertirse en un pequeño ritual para poner en orden la cabeza. La clave está en aprovecharlo como espacio de autocuidado, no solo como obligación estética.
Tomarte ese rato para ti, en casa o en un salón, puede mejorar tu humor y ayudarte a manejar mejor el estrés del día a día, algo que el estudio japonés respalda en buena medida. Es un gesto pequeño, pero suma. Y eso se nota.
El estudio científico sobre los efectos psicológicos del cuidado de las uñas ha sido publicado en la revista Frontiers in Psychology.









