Quieren construir en la Luna un oído gigante para escuchar choques de agujeros negros y la idea parece salida del futuro

Imagen autor
Publicado el: 2 de abril de 2026 a las 08:01
Síguenos
Imagen del agujero negro M87 captada por el Event Horizon Telescope, clave para estudiar agujeros negros desde la Luna.

Hasta hoy solo hemos conseguido “ver” de forma directa la sombra de dos agujeros negros supermasivos, M87 ySagitario A. Ahora, un nuevo análisis propone un salto grande, añadir un radiotelescopio en la superficie de la Luna y conectarlo a la red del Event Horizon Telescope (EHT) para llegar a decenas de objetivos.

La idea suena a ciencia ficción, pero se apoya en un concepto muy concreto. Usar la distancia Tierra Luna como si fuera el tamaño de un telescopio gigantesco, con una resolución que podría bajar a la escala sub microsegundo de arco. ¿Qué significa esto en la práctica para el resto del universo que todavía no podemos “enfocar” bien?

De dos sombras a 31

El EHT pasó a la historia cuando presentó la primera imagen del agujero negro de M87 (2019) y, después, la de Sagitario A, el del centro de nuestra galaxia (2022). No son fotos “normales”, son reconstrucciones a partir de señales de radio del gas caliente que rodea al agujero negro, que dejan un anillo brillante y una zona oscura central que llamamos “sombra”.

El nuevo trabajo plantea que, si a esa red se suma una antena en la Luna, podrían evaluarse hasta 31 candidatos con sombras grandes en tamaño aparente. Los autores incluso priorizan seis objetivos clave, entre ellos M104 (la galaxia Sombrero) y varias galaxias cercanas con núcleos muy masivos.

El truco del “telescopio virtual”

La clave del EHT es la interferometría de muy larga base (VLBI), que junta señales de radiotelescopios separados por miles de kilómetros. Es como si varios “ojos” repartidos por el planeta se pusieran de acuerdo para formar un único instrumento enorme.

El problema es que ese telescopio virtual tiene un techo físico, la Tierra no puede ser más grande. Por eso, aunque el EHT ya trabaja en frecuencias como 230 GHz (longitud de onda de 1,3 mm), su mejora futura está limitada si no se amplía la distancia entre antenas.

La distancia Luna Tierra

Aquí entra la Luna. De media está a unos 384.400 kilómetros, una separación que multiplica la “base” de observación frente a cualquier red solo terrestre. El análisis calcula que con una antena lunar integrada con el EHT se podría llegar a una resolución angular de alrededor de 0,85 microsegundos de arco a 230 GHz.

Dicho así suena abstracto, pero es el tipo de mejora que cambia el juego. Es pasar de ver un anillo borroso a empezar a distinguir detalles finos en cómo se curva la luz y cómo se organiza el brillo alrededor del agujero negro. Y eso se nota.

Qué antena haría falta

El estudio no vende humo, pone números encima de la mesa. Simula antenas lunares desde 5 hasta 100 metros de diámetro, porque la sensibilidad manda, y no todos los agujeros negros “brillan” igual en radio.

Según sus cálculos, las sombras de M104, NGC 5077 y NGC 1052 serían detectables con una antena lunar de 5 metros. PGC 049940 subiría a 20 metros y NGC 524 y NGC 5252 ya exigirían 100 metros para lograrlo con garantías. No es poca cosa, sobre todo si pensamos en construir y operar eso fuera de la Tierra.

Dónde se colocarían

Los autores evalúan cinco ubicaciones posibles para el radiotelescopio lunar, con opciones en la cara visible, en la cara oculta y en el polo sur. También analizan ventanas reales de observación, ángulos mínimos sobre el horizonte lunar y geometrías que pueden estropear una campaña entera si el objeto queda “mal colocado” respecto a la órbita.

En sus simulaciones, una localización ecuatorial en la antípoda lunar aparece como especialmente versátil para tener acceso a todos los candidatos seleccionados. El polo sur, por otro lado, encaja con planes de infraestructura lunar a largo plazo como la ILRS, aunque la cara oculta tiene una ventaja clara, el propio cuerpo de la Luna bloquea parte del ruido de radio que llega desde la Tierra.

El reto de construirlo

Levantar un observatorio en la Luna no es solo “plantar” una antena y listo. Hay que alimentar energéticamente el sistema, proteger equipos, mantener precisión extrema, coordinar observaciones con la red terrestre y mover volúmenes de datos enormes. Además, el entorno lunar es duro, con polvo fino, cambios térmicos y logística compleja.

Aun así, la idea no parte de cero. El propio artículo cita que el concepto se apoya en avances de VLBI espacial y en programas vinculados a exploración lunar, como el Lunar Orbit VLBI Experiment (LOVEX) con una antena en órbita lunar que colabora con estaciones en Tierra. Es un camino de décadas, pero ya tiene piezas en marcha.

Un debate de sostenibilidad espacial

Hay un ángulo que a menudo se olvida y que, en el fondo, es muy “medioambiental”. La cara oculta de la Luna es uno de los lugares más silenciosos en radiofrecuencia cerca de la Tierra, un refugio natural frente a interferencias. Por eso, desde hace años se habla de protegerla para ciencia, igual que protegemos un parque natural del ruido y la masificación.

Si algún día instalamos radiotelescopios allí, habrá que hacerlo con cuidado para no llevar también nuestra propia “contaminación” tecnológica. Al final es lo mismo que en casa cuando quieres escuchar algo con detalle y apagas lo que mete ruido, solo que aquí hablamos de señales débiles del universo y de mantener limpio un entorno único.

El estudio ha sido publicado como preprint en arXiv 


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

Deja un comentario