Richard Restak, neurólogo y neuropsiquiatra, sobre el deterioro cognitivo: “Recomiendo a mis pacientes que pasados los 65 años se abstengan total y permanentemente de beber alcohol”

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Publicado el: 26 de enero de 2026 a las 23:31
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Bebidas alcohólicas servidas en distintos vasos sobre una mesa de madera

Entrar en una habitación y olvidar a qué ibas, quedarte en blanco con el nombre de alguien en una reunión o no recordar un dato que “tenías en la punta de la lengua” suele ser, en muchos casos, un fallo de atención más que de memoria. El neurólogo y neuropsiquiatra Richard Restak lo explica así (si no se consolidó la información porque estabas distraído, luego no hay nada que recuperar).

El matiz importante llega con los olvidos “imposibles”. Si las llaves aparecen en la nevera o encuentras el periódico dentro de ella, Restak sugiere que ya no hablamos solo de despiste cotidiano, sino de un patrón que merece consulta médica.

El consejo más polémico (y por qué lo da)

Restak sostiene que el alcohol, aunque sea una “neurotoxina muy débil”, no juega a favor del cerebro que envejece. Por eso recomienda a sus pacientes que, a partir de cierta edad (él lo sitúa en torno a los 65, con un “tope” de 70 en algunas versiones de la entrevista), se abstengan por completo de beber.

Lo que dice la evidencia (sin blanco o negro)

Aquí el tema se vuelve menos contundente, porque la ciencia no ofrece un veredicto único para “cualquier cantidad” y “todas las personas”. Sí hay un punto bastante sólido (beber mucho y durante años se asocia a peor salud cerebral).

Un ejemplo reciente lo aporta un trabajo con autopsias publicado en Neurology (resumido por la Academia Americana de Neurología) que encontró que beber 8 o más bebidas alcohólicas a la semana se asociaba con más lesiones vasculares cerebrales (hyaline arteriolosclerosis) relacionadas con problemas de memoria y pensamiento, además de otros marcadores compatibles con daño cerebral. El propio estudio subraya que es asociación y no prueba causalidad.

En cambio, cuando se analiza el consumo ligero o moderado, los resultados son inconsistentes y están muy expuestos a sesgos (por ejemplo, gente que reduce el alcohol antes de ser diagnosticada). De hecho, hay investigaciones que, al combinar datos observacionales con análisis genéticos, no encuentran un “efecto protector” claro del consumo ligero.

Un enfoque útil para el día a día (sin alarmismo)

Una manera práctica de aplicar todo esto es pensar en un “semáforo” de señales.

Verde (probable despiste) cuando el fallo ocurre en momentos de estrés, multitarea o falta de sueño, y la información nunca llegó a fijarse bien.

Ámbar (vigilar y ajustar hábitos) si los lapsos se vuelven frecuentes y coinciden con factores modificables como sueño irregular, aislamiento, sedentarismo o consumo habitual de alcohol.

Rojo (consultar) si aparecen fallos de ubicación muy inusuales, desorientación o cambios claros en la vida diaria.

Entonces, qué hacer con el alcohol a partir de los 65

La recomendación de Restak es deliberadamente conservadora y tiene lógica preventiva (con la edad aumentan la vulnerabilidad y las interacciones con fármacos). Instituciones sanitarias también recuerdan que el alcohol afecta a cómo funciona el cerebro y que el consumo problemático en mayores se asocia a peor rendimiento cognitivo.

Si el objetivo es reducir riesgo de deterioro cognitivo, la estrategia más “segura” es recortar (o eliminar) alcohol y reforzar hábitos que sí suman (actividad física, sueño, audición y visión, control vascular, vida social).

La nota de prensa ha sido publicada en la American Academy of Neurology.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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