Submarino se sumerge en la Antártida y encuentra estructuras anómalas y luego pierde la señal

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Por HoyECO
Publicado el: 4 de enero de 2026 a las 17:14
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Submarino autónomo naranja navegando entre placas de hielo en el océano Ártico

El hallazgo ocurrió donde no llegan los satélites: bajo la plataforma de hielo Dotson, en el mar de Amundsen (Antártida occidental). Allí, un vehículo submarino autónomo, un Hugin de Kongsberg operado por un equipo internacional con participación de la Universidad de Gotemburgo, se internó hasta 17 kilómetros en la cavidad bajo el hielo y levantó seis mapas de alta resolución del “techo” helado, además de medir corrientes, temperatura y salinidad. El resultado, publicado en Science Advances, describe un paisaje submarino que no encaja con una visión uniforme del deshielo: el hielo se erosiona de formas distintas según la velocidad del agua, su contenido de calor y la presencia de fracturas. 

Qué vio Ran bajo la plataforma Dotson

Los mapas muestran, en primer lugar, terrazas: superficies planas de entre 200 y 2.000 metros de ancho, delimitadas por “paredes” de 0,5 a 5 metros de altura y pendientes pronunciadas. En algunos sectores, estas terrazas se apilan en varios niveles, como escalones tallados en el hielo desde abajo. 

En el extremo occidental, en cambio, el patrón cambia. El fondo del hielo aparece más liso y erosionado, con incisiones poco profundas y un conjunto de formas que el artículo describe como teardrops, o “lágrimas”: oquedades esculpidas hacia arriba, de entre 20 y 300 metros de longitud, con una anchura media de 68 metros y un relieve típico de 14 metros. Estas “lágrimas” no se aprecian en la superficie: el propio trabajo explica que las tensiones internas del hielo pueden impedir que el relieve basal se traduzca en señales visibles desde arriba. 

El tercer elemento clave son las fracturas de espesor completo. Varias aparecen modificadas por fusión basal, con bases erosionadas y marcas asociadas. Un análisis con series temporales Landsat sitúa la aparición de algunas fracturas en los años noventa, y sugiere que las más antiguas tienden a ser más anchas y a concentrar más huellas de deshielo contiguas, compatible con una erosión progresiva durante décadas. 

Por qué importa

Dotson no se derrite de forma homogénea. El estudio vincula la asimetría a dos regímenes oceanográficos. En la parte oriental, entra agua relativamente cálida y salina (modified Circumpolar Deep Water, mCDW) a través de un canal profundo; allí el hielo es más grueso (300 a 400 metros) y las tasas de fusión basal que cita el trabajo son del orden de 1 metro por año. En el oeste, en cambio, domina un flujo de salida más frío y somero, pero más rápido, que favorece canales y una fusión media del orden de 15 metros por año, con un hielo más delgado (en torno a 250 metros). 

La diferencia no es solo de temperatura. En el oeste, la investigación señala un papel central de la turbulencia por cizalla, un mecanismo eficiente para mezclar calor hacia la interfaz hielo-océano y acelerar el deshielo. 

Las “lágrimas” añaden una hipótesis más específica: su forma y su sesgo respecto al flujo principal encajarían con un proceso ligado a la dinámica de Ekman cerca del límite hielo-océano. El artículo plantea que una perturbación local, como la punta de una fractura o la liberación de rocas atrapadas en el hielo, puede disparar una pluma turbulenta y tasas de fusión elevadas, que se propagarían de forma asimétrica por efecto de la rotación terrestre en el hemisferio sur. 

Las terrazas, por su parte, podrían ser el rastro de intrusiones episódicas de agua más cálida a la altura de la base del hielo. El trabajo cita que un fondeo oceanográfico cercano al frente, entre 2014 y 2016, registró episodios de este tipo con intensidad suficiente para explicar terrazas como las observadas. 

La desaparición del robot y la carrera por medir lo que no se ve

La segunda parte de la historia es menos científica y más logística. Operar bajo una plataforma de hielo implica aceptar una limitación básica: no hay navegación por GPS ni comunicación por radio bajo cientos de metros de hielo. La misión se planifica, el vehículo ejecuta su ruta y solo al salir a superficie puede recuperarse y volcar datos.

En febrero de 2024, durante una misión final bajo Dotson, el robot no regresó al punto previsto. La International Thwaites Glacier Collaboration, a la que el vehículo estaba vinculado, informó de que el equipo tuvo que abandonar la búsqueda y consideró “muy probable” que el aparato siga bajo la plataforma.

La pérdida no cierra el capítulo. Kongsberg ha anunciado que la Universidad de Gotemburgo se prepara para reemplazar el vehículo con un nuevo Hugin, con apoyo de fondos de seguro y una donación privada, con el objetivo de retomar expediciones en la Antártida.

El sentido de esa insistencia está en los mapas ya obtenidos: muestran que la fusión basal se organiza en rasgos concretos (terrazas, canales, fracturas, “lágrimas”) que concentran la transferencia de calor y, por tanto, el daño. El estudio advierte de que esa diversidad de procesos, actuando bajo una misma plataforma, debe incorporarse para mejorar las proyecciones de deshielo futuro.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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