Suecia lleva años sacando hierro de alta calidad de la zona de Kiruna, en el extremo norte del país. Pero ahora esa misma región se ha colado en una conversación mucho más grande, la de las tierras raras que necesitan los coches eléctricos, los aerogeneradores y buena parte de la tecnología que ya usamos a diario. ¿La idea de fondo? Que Europa deje de depender casi por completo de lo que llegue de fuera, sobre todo de China.
La clave está en el yacimiento de Per Geijer, vinculado a la actividad de la empresa pública LKAB. Según la última actualización de recursos minerales comunicada por la compañía, el depósito alcanza 1,2 mil millones de toneladas de recursos totales e incluye 2,2 millones de toneladas de óxidos de tierras raras “in situ”.
Por qué este hallazgo importa tanto ahora
Las tierras raras no son “raras” porque no existan, sino porque no suelen encontrarse en concentraciones fáciles de extraer y separar. Y ahí es donde se atasca medio mundo. China mantiene una posición dominante en el procesado global de estas materias primas, algo que se nota especialmente cuando hay tensiones comerciales o aparecen controles de exportación.
En la práctica, esto afecta a sectores que están en plena expansión, como la movilidad eléctrica o las renovables. Dicho de forma sencilla, sin ciertos materiales críticos es más difícil fabricar motores, imanes permanentes y componentes que están detrás de la transición energética. Y eso se traduce en cadenas de suministro frágiles, precios más volátiles y, a veces, retrasos.
Una mina “distinta” porque ya existe la infraestructura
Aquí Per Geijer juega con ventaja. No se trata de empezar desde cero en una zona sin actividad minera. Kiruna alberga desde hace décadas una de las operaciones de hierro más importantes de Europa, con infraestructura, conocimiento técnico y una industria alrededor.
LKAB explica que, en este caso, las tierras raras están asociadas a minerales como la apatita dentro del sistema minero de hierro, y que su estrategia pasa por crear una cadena industrial que combine extracción, concentración y separación química. Sobre el papel, esa integración podría reducir parte de los costes y acelerar aprendizajes técnicos frente a proyectos completamente nuevos.
Eso sí, “tener el recurso” y “poder producir” no es lo mismo. En minería, los plazos suelen ir a otro ritmo. Entre permisos, evaluación ambiental, aceptación social, inversión y construcción, los proyectos pueden tardar muchos años en convertirse en producción real.
Europa quiere proyectos estratégicos, pero el reloj aprieta
La Unión Europea lleva tiempo intentando reforzar su autonomía en materias primas críticas. En ese marco, la Comisión Europea aprobó una lista de proyectos estratégicos ligados a la Ley de Materias Primas Críticas (CRMA), con decisiones fechadas en marzo de 2025.
Además, lo sauditores europeos han advertido recientemente de que, pese a los planes, la dependencia exterior sigue siendo alta y los avances “medibles” en diversificación y capacidades industriales dentro de la UE van lentos.
En el fondo, lo que se busca es asegurar tres cosas a la vez: extraer más en Europa, procesar más en Europa y reciclar más en Europa. Suena lógico. El problema es que requiere inversión, energía competitiva, permisos ágiles y, sobre todo, tiempo.
Lo que hay que tener en cuenta (también en lo social y ambiental)
Per Geijer no está en un lugar “vacío”. Kiruna ha vivido un proceso de transformación urbana ligado a la minería, y en el norte de Suecia también hay debates sobre el impacto en el territorio, incluyendo las rutas tradicionales de pastoreo del pueblo sami, que suele aparecer en el centro de las discusiones cuando se habla de nuevas expansiones industriales en la región.
Esa tensión es importante porque marca el tipo de minería que Europa dice querer, más trazable, con estándares ambientales estrictos y con licencia social real, no solo sobre el papel. Y aquí no valen atajos. Si la transición energética pretende ser “limpia”, el origen de los materiales también cuenta.
En resumen, Suecia ha puesto sobre la mesa un activo que podría ayudar a Europa a respirar un poco en el mapa de las tierras raras. Pero el gran reto es convertir un recurso prometedor en una cadena de suministro operativa, con permisos, tecnología de separación y acuerdos sociales que aguanten el paso del tiempo. No es poca cosa.
El comunicado oficial más reciente de referencia sobre la actualización del yacimiento ha sido publicado por LKAB en LKAB reports larger Mineral Resources: significant increase in Rare Earth Oxides.
Foto: Maria Teresa Solé Baiges












