Primer estornudo, manta en el sofá y un vaso de zumo de naranja bien lleno. La escena se repite cada invierno en muchos hogares con la idea de que la vitamina C frenará el catarro. Suena razonable, pero la evidencia no lo respalda. La profesora de nutrición y salud de la Universidad de Copenhague Susanne Gjedsted Bügel recuerda que el problema del invierno no suele ser la falta de naranjas, sino otra vitamina que cae en picado.
Tomar suficiente vitamina C a diario es importante y la fruta fresca de temporada sigue siendo una buena aliada. Otra cosa es confiar en una dosis extra cuando ya notamos el cuerpo cortado. Una revisión de la Cochrane Library con más de once mil participantes concluyó que los suplementos diarios de vitamina C no reducen la probabilidad de resfriarse en la población general, aunque sí acortan la duración de los síntomas unas horas de media. La propia Bügel lo resume como «a pretty persistent myth», una creencia que se mantiene a pesar de los datos. Además, los análisis sobre la vitamina C en Europa señalan que la deficiencia grave es poco frecuente en la población general.
Con la vitamina D el panorama es muy distinto. La principal fuente es la radiación solar sobre la piel. A latitudes similares a Madrid y más al norte, entre octubre y marzo el sol no tiene fuerza suficiente para activar esa síntesis y buena parte de la población depende de las reservas del verano y de la dieta. Una revisión europea sobre vitamina D estima que entre un dos y un treinta por ciento de los adultos presenta niveles considerados deficientes y que en personas mayores institucionalizadas la proporción puede acercarse al ochenta por ciento.
Entonces, ¿qué hacer con esta información? Esta vitamina resulta clave para la salud ósea y muscular y una carencia prolongada se asocia a más riesgo de osteoporosis y fracturas. No siempre da síntomas claros, aunque a veces aparecen cansancio y debilidad muscular. Por eso, en países como el Reino Unido las autoridades sanitarias recomiendan valorar un suplemento diario de vitamina D en otoño e invierno, sobre todo en grupos de riesgo, siempre con el consejo de un profesional sanitario. En el día a día, los expertos aconsejan combinar algo de sol seguro, alimentos que aportan vitamina D como los pescados grasos y, cuando proceda, un suplemento pautado de forma individual.
El principal estudio de referencia sobre vitamina C y resfriado ha sido publicado Cochrane.












