El proyecto YZD, impulsado por Northcrest, prevé siete barrios para más de 66.000 residentes y 30 hectáreas de parques en un solar de 150 hectáreas
Toronto se dispone a ensayar una de esas operaciones urbanas que cambian el mapa de una metrópoli durante una generación. En 2026, la promotora Northcrest Developments prevé iniciar la transformación del antiguo aeródromo de Downsview, al noroeste de la ciudad, en una nueva pieza urbana bautizada como YZD, el indicativo que identificaba al aeropuerto. La actuación se desplegará sobre unas 150 hectáreas y aspira a alojar a más de 66.000 residentes a lo largo de un calendario de unos 30 años, con una inversión estimada en torno a 30.000 millones de dólares.
El plan se presenta como un ejemplo de reconversión de grandes infraestructuras obsoletas en “ciudades” de proximidad (vivienda, servicios y trabajo a distancia caminable) y con una capa verde relevante (30 hectáreas de espacios abiertos, según el material divulgativo del proyecto). La magnitud, sin embargo, obliga a leerlo también como un proceso político y regulatorio de largo aliento, en el que el éxito no dependerá solo del diseño, sino de la mezcla real de usos, de la movilidad y, sobre todo, de la capacidad de contener el encarecimiento del entorno.
Reconversión del aeropuerto Downsview y el encaje con la planificación municipal
Downsview arrastra una historia industrial ligada a la aviación que se remonta a décadas y que tuvo un papel relevante durante la Segunda Guerra Mundial como centro de producción aeronáutica. El cierre completo del aeropuerto en 2024 dejó en suspenso un enclave excepcional por tamaño y localización dentro del área metropolitana, una rareza en ciudades donde el suelo disponible suele llegar parcelado y caro.
Ese vacío es el que ahora intenta ocupar la operación YZD, que no nace en el aire. El Ayuntamiento de Toronto encuadra la evolución del área en el proceso municipal “Update Downsview”, que incluye un plan secundario y herramientas de ordenación para guiar el cambio urbano del entorno. En ese marco, la ciudad subraya que el Downsview Secondary Plan está en vigor desde el 9 de agosto de 2024, con matices por recursos en parte del ámbito.
La tensión habitual en desarrollos de este tamaño es clara. El sector privado pone velocidad y músculo inversor. La ciudad pone reglas (densidades, espacios públicos, equipamientos, movilidad, servicios). Y la ciudadanía pone el termómetro del conflicto, sobre todo si percibe que la promesa de barrios completos desemboca en un distrito caro y homogéneo.
Vivienda, parques y edificios de bajo carbono en la nueva ciudad sostenible
Northcrest describe YZD como una comunidad de siete barrios conectados por una red pensada para peatones y bicicletas, con reutilización de elementos del pasado aeroportuario (hangares, tramos de pista) y un discurso ambiental orientado a edificios de bajo carbono. En su presentación pública, la empresa sostiene que los parques y espacios abiertos quedarán “a pocos minutos” de viviendas y empleos, y que las calles se diseñarán para personas, no solo para vehículos.
El Ayuntamiento, por su parte, vincula su planificación climática a un objetivo de cero emisiones netas en 2040 y a estándares urbanísticos y edificatorios que, sobre el papel, empujan hacia nuevas promociones más eficientes. La prueba, en todo caso, será menos retórica y más contable. Cuánta vivienda asequible se materializa, qué parte del parque residencial queda al alcance de rentas medias, y cómo se financian y mantienen los servicios cotidianos que convierten un desarrollo en barrio y no en maqueta.
En esa discusión también aparece un concepto que gana peso en el debate urbano europeo, la gentrificación verde, cuando las mejoras ambientales actúan como palanca para subir precios y expulsar población. Ecoticias ha abordado este fenómeno y las políticas que lo mitigan, como la vivienda social o el control de la especulación.
El urbanismo a 30 años y las incógnitas de gobernanza
Un proyecto que se construye en tres décadas está condenado a cambiar varias veces de contexto. Cambiará la economía, cambiará el mercado de vivienda, cambiarán las prioridades de movilidad y, con alta probabilidad, cambiarán también los responsables políticos y parte de los marcos regulatorios. Ese horizonte, que es inevitable, hace que la clave periodística no sea solo el anuncio, sino el método.
En esa lógica, la experiencia comparada invita a observar tres puntos. Primero, la movilidad, porque ningún “barrio caminable” aguanta sin transporte público robusto y sin una red ciclista segura que conecte con el resto de la ciudad. Segundo, el equilibrio entre vivienda y empleo, para evitar que el distrito se convierta en un dormitorio de alto precio. Tercero, el diseño de los espacios verdes como infraestructura climática (sombra, drenaje, reducción de isla de calor), no solo como paisaje.
En ese terreno, Ecoticias viene siguiendo cómo las ciudades están incorporando la adaptación climática a su agenda de competitividad y bienestar, con infraestructuras verdes y gobernanza más exigente. También ha recogido planes concretos de regeneración urbana orientados a barrios “saludables”, con reurbanización, accesibilidad y más zonas verdes, una lógica que conecta con la promesa de YZD si logra aterrizar en obra y presupuesto.
Para el lector, el contraste útil está en acudir a las fuentes primarias. La web oficial del proyecto reúne la narrativa, los planos divulgativos y el calendario que la promotora comunica. Y el portal municipal “Update Downsview” permite seguir el armazón normativo y el estado de la planificación pública que condicionará cada fase. En una operación de esta escala, la letra pequeña suele ser la noticia lenta.
El comunicado oficial ha sido publicado en “YZD”.
Foto: “YZD”











