Un reportaje de la cadena francesa TF1 muestra disparos desde la puerta lateral en misiones nocturnas, un recurso de bajo coste para cerrar huecos ante la presión de los Shahed.
Las Fuerzas Armadas de Ucrania han incorporado al menos un avión utilitario Antonov An-28 a su inventario improvisado de defensa aérea con una modificación poco habitual en aeronaves de ala fija. Un montaje de una M134 (una ametralladora rotatoria de seis cañones) permite disparar desde la puerta lateral para perseguir y derribar drones rusos, según muestran imágenes inéditas difundidas en un reportaje de TF1 y replicadas después por medios especializados.
El vídeo sitúa la escena en una salida nocturna y subraya la lógica de esta solución táctica. Frente a objetivos lentos y relativamente frágiles, como los drones de ataque de la familia Shahed que Rusia emplea de forma masiva contra ciudades e infraestructuras ucranias, la velocidad y el techo de vuelo de un bimotor ligero permiten acercamientos más compatibles que los de cazas o misiles, más caros y, a menudo, escasos.
La pieza de TF1, a la que también aluden plataformas de seguimiento militar, muestra la cadencia de fuego de la M134 y la necesidad de coordinación entre piloto y tirador, con disparos dirigidos hacia un blanco que aparece como un punto luminoso en la oscuridad. El reportaje no detalla cuántos aparatos han sido transformados ni el alcance real del programa, un dato relevante para medir si se trata de un experimento de nicho o de una capacidad que Ucrania pretende escalar.
La elección del An-28 no es casual. Se trata de una plataforma de transporte ligero, de firma relativamente discreta en comparación con aeronaves mayores y apta para operar en pistas cortas. Ese perfil encaja con una guerra que obliga a desplazar medios y personal con rapidez y a cubrir huecos entre la detección del dron y la interceptación, especialmente cuando los ataques se producen por oleadas y saturan la defensa antiaérea.
La conversión también refleja una tendencia de fondo en el conflicto. La defensa contra drones se está poblando de soluciones híbridas, con equipos y plataformas concebidos para otro uso, pero adaptados a una amenaza que combina bajo coste, abundancia y persistencia. En ese marco, un avión de hélice con un arma lateral no compite con los sistemas de largo alcance, sino que actúa como capa complementaria en un entorno donde cada interceptor cuenta y donde el precio de una munición puede ser decisivo.
Algunas informaciones, difundidas en paralelo al reportaje, sostienen que el aparato habría acumulado decenas de derribos, aunque se trata de cifras que no han sido confirmadas por fuentes oficiales y que conviene leer con cautela. En este tipo de guerra, además, la verificación independiente de cada abatimiento es especialmente compleja, por la naturaleza del blanco, la dispersión de los restos y la superposición de medios que participan en una misma interceptación.
El uso de fuego lateral desde aeronaves plantea también límites operativos. Exige entrenamiento, disciplina de cabina y protocolos estrictos para evitar incidentes en vuelo, además de depender de condiciones meteorológicas y de visibilidad que, en misiones nocturnas, pueden ser determinantes. La propia lógica de “cazar” drones implica acercarse a distancias donde la maniobra y la puntería son críticas, un riesgo asumible solo si la misión aporta una ganancia clara frente a alternativas más seguras.
Con todo, el episodio ilustra la fase actual del conflicto aéreo sobre Ucrania, un espacio cada vez más condicionado por la economía de la guerra. Rusia presiona con drones relativamente baratos y repetidos; Ucrania responde combinando sistemas sofisticados con otros adaptados, buscando reducir el coste por intercepción sin renunciar a la cobertura. La aparición del An-28 armado encaja en ese esfuerzo por ensanchar la red defensiva con medios disponibles, aunque su eficacia a gran escala siga siendo, de momento, una incógnita.
El estudio oficial ha sido publicado en TF1.










