En pocos días, un ensayo financiero titulado «The 2028 Global Intelligence Crisis», firmado por Citrini Research, ha pasado de experimento mental a susto real para los mercados. El texto imagina que, para junio de 2028, la adopción masiva de agentes de inteligencia artificial dispara la productividad, pero hunde el empleo de oficina y el consumo, con una tasa de paro del 10,2 % en Estados Unidos y un S&P 500 un 38 % por debajo de su máximo de 2026.
Los autores insisten en que se trata de «un escenario, no una predicción», una especie de informe escrito desde el futuro para explorar un caso extremo. Aun así, el documento se ha vuelto viral y, según varios medios, contribuyó a nuevas caídas en la bolsa estadounidense, especialmente en valores ligados al software, a las plataformas de reparto y a los sistemas de pago.
¿Qué pinta exactamente ese futuro? El ensayo arranca en 2025, cuando las herramientas de programación con IA permiten a muchas empresas replicar funciones básicas de aplicaciones de gestión en semanas. En paralelo, los agentes de IA empiezan a gestionar compras, viajes y decisiones financieras de los hogares, comparando precios sin descanso y recortando los márgenes de negocios construidos sobre la comodidad y la inercia del consumidor.
El informe pone ejemplos concretos y cita por nombre a empresas como DoorDash o Mastercard como modelos que sufrirían esa presión, algo que siempre inquieta a los inversores. El corazón del escenario, sin embargo, es la idea de «PIB fantasma», producción que aparece en las cuentas nacionales, pero apenas llega a los bolsillos de las familias porque una parte creciente del trabajo la realizan agentes de IA que no cobran salario ni consumen.
En la narrativa del memo, las empresas despiden a parte de su plantilla cualificada, usan el ahorro para comprar más IA y, con ella, recortan todavía más puestos de oficina. La demanda se enfría, el informe anticipa tensiones en hipotecas y en el crédito privado y resume todo como un «bucle sin freno natural» que mejora la productividad medida mientras erosiona el tejido social.
Muchos economistas matizan que este escenario es útil como prueba de estrés, pero muy improbable tal y como está descrito. Firmas como Citadel Securities recuerdan que hoy no se ve una oleada masiva de despidos por culpa de la IA y que el despliegue de estos sistemas sigue limitado por factores físicos como chips, centros de datos y energía. También señalan que un mundo en el que la productividad sube y el consumo se hunde de forma permanente encaja mal con las propias cuentas de la economía.
Entonces, ¿qué debe mirar ahora quien se preocupa por su empleo o por la sostenibilidad del modelo económico? Más que como profecía, este tipo de ejercicios sirven para identificar puntos débiles. El texto de Citrini Research apunta a frentes sensibles como la concentración de poder y renta en pocas plataformas de IA y la dependencia de economías como la de Estados Unidos del consumo de las rentas altas.
La gran pregunta, al final, es si seremos capaces de adaptar a tiempo las reglas laborales, fiscales y de competencia para que el éxito de la IA no se traduzca en más desigualdad y más fragilidad social. El ensayo «The 2028 Global Intelligence Crisis» ha sido publicado en Citrini Research.













