Una serie de vértebras fósiles halladas en lo que hoy es Mali ha permitido reconstruir la vida de Palaeophis colossaeus, la mayor serpiente marina conocida hasta ahora. Los investigadores calculan que este animal alcanzaba entre 8,1 y algo más de 12 metros de longitud, muy por encima de cualquier serpiente actual.
Y todo apunta a que no se conformaba con presas pequeñas.
Un monstruo en un mar donde hoy hay desierto
En el Eoceno, hace unos 56 millones de años, la región que ahora ocupa el Desierto del Sahara no era una extensión de arena. Formaba parte de la Trans‑Saharan Seaway, un océano poco profundo y tropical que atravesaba África y que funcionaba como un auténtico corredor marino.
Uno de los geólogos que ha trabajado allí lo resumía así al hablar de ese antiguo mar «era un océano cálido y tropical absolutamente repleto de vida, con peces depredadores, tiburones, tortugas gigantes y cocodrilos marinos». En ese escenario encaja bien una serpiente de tamaño descomunal que ocupa los primeros puestos de la cadena trófica.
Qué nos cuentan las vértebras de Palaeophis colossaeus
De esta serpiente no se ha encontrado un esqueleto completo. El estudio clave se basa en vértebras aisladas, pero extraordinariamente grandes. A partir de esas piezas y usando relaciones estadísticas entre el tamaño de las vértebras y la longitud del cuerpo, el equipo calcula que Palaeophis colossaeus medía entre 8,1 y 12,3 metros.
Las vértebras superan en tamaño a las de cualquier serpiente viva. Los autores del trabajo señalan que «Palaeophis colossaeus es una serpiente muy grande, con vértebras mayores que las de cualquier especie actual conocida». Incluso el valor más bajo de esa estimación la sitúa por encima de todas las serpientes modernas y la coloca en la misma liga que gigantes extintos como Titanoboa.
No se conoce aún el cráneo, así que la dieta solo puede inferirse. Si tenía un cráneo flexible como muchas serpientes actuales, habría podido tragar presas voluminosas. Los científicos plantean que su menú incluiría grandes peces, tiburones primitivos y reptiles marinos parecidos a cocodrilos, conocidos como dirosáuridos.
Gigantismo marino y un planeta mucho más cálido
La existencia de un reptil marino tan grande no se entiende sin mirar al clima. El Eoceno fue uno de los periodos más cálidos de los últimos 65 millones de años, con concentraciones de CO₂ que superaban en gran medida los niveles actuales y unas temperaturas globales muy superiores a las de hoy.
En ese contexto, la Trans‑Saharan Seaway era un mar cálido y poco profundo donde muchas especies alcanzaron tamaños «gargantuescos» según los investigadores, con mares más extensos y productivos que los actuales. El gigantismo se asocia a aguas estables, abundancia de alimento y temperaturas elevadas, condiciones que favorecen a grandes depredadores que necesitan mucha energía para sobrevivir.
Para la ciencia del clima, estos fósiles son algo más que una curiosidad prehistórica. Estudios sobre el Eoceno muestran que un planeta con más CO₂ responde con subidas fuertes de temperatura y con mares más extensos, algo que hoy preocupa por las emisiones de origen humano y la realidad del cambio climático. No vamos a recuperar serpientes marinas de doce metros, pero sí podemos ver cómo los ecosistemas cambian cuando el calor y el nivel del mar se disparan.
Lo que esta serpiente nos recuerda hoy
La historia de Palaeophis colossaeus enlaza dos ideas que suelen parecer lejanas entre sí la fascinación por los grandes depredadores y la realidad del cambio climático. Esas vértebras gigantes cuentan que la Tierra ya ha pasado por océanos mucho más cálidos y por faunas dominadas por animales extremos. La diferencia es que entonces los cambios se desarrollaron a lo largo de millones de años, no en unas pocas décadas.
Entender cómo funcionaban aquellos mares tropicales ayuda a calibrar mejor qué puede pasar si seguimos calentando el planeta. Es una lección que llega desde el fondo de un antiguo mar africano y que conecta directamente con el futuro de nuestros océanos.
El estudio completo sobre Palaeophis colossaeus y otras serpientes del antiguo mar sahariano ha sido publicado en la revista Acta Palaeontologica Polonica.







