Un iceberg gigante en la Antártida del tamaño de una gran ciudad se está rompiendo y los satélites ya ven lo que viene

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Por HoyECO
Publicado el: 4 de enero de 2026 a las 14:55
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Borde del iceberg A23a flotando en el Atlántico Sur junto a aguas oscuras, bajo un cielo nublado

El gigantesco iceberg A23a, que llegó a medir unos 3.672 kilómetros cuadrados y a pesar cerca de un billón de toneladas métricas, está entrando en su recta final. En los últimos meses se ha fragmentado con rapidez en varios bloques enormes al norte de la isla de Georgia del Sur, en el Atlántico Sur, empujado por aguas cada vez más cálidas y oleajes más fuertes.

La enorme placa de hielo ha perdido ya más de la mitad de su superficie, hasta quedarse en torno a 1.700 kilómetros cuadrados, un área similar a la del Gran Londres. Los trozos más grandes son tan extensos que el Centro Nacional de Hielo de Estados Unidos los ha reclasificado como nuevos icebergs, con nombres propios dentro de la misma familia A23.

El “megaberg” que se pasó décadas encallado

A23a no es un bloque de hielo cualquiera. Se desprendió de la plataforma Filchner‑Ronne, en la Antártida occidental, en 1986 y durante más de treinta años quedó encallado en el fondo marino del mar de Weddell.

Solo cuando se fue adelgazando lo suficiente pudo liberarse y empezar a moverse de nuevo, empujado por las corrientes del océano Austral. Desde 2020 siguió un recorrido típico de estos gigantes flotantes, hasta quedar atrapado durante meses en un remolino estable de agua conocido como columna de Taylor, una especie de “pista circular” invisble formada cuando las corrientes chocan con una montaña submarina.

En marzo de 2025, el iceberg terminó encallado en la plataforma continental de Georgia del Sur, a unos 90 kilómetros de la costa. Los científicos del British Antarctic Survey (BAS) explicaron entonces que, al quedarse parado en aguas relativamente someras, el bloque iba a sufrir cada vez más estrés por el oleaje, las mareas y las aguas templadas que lo rodean.

Su pronóstico era claro en palabras de Andrew Meijers, oceanógrafo del BAS. A23a acabaría rompiéndose en pedazos y derritiéndose, como ya habían hecho otros “megabergs” famosos de la zona, A68 y A76, en años anteriores.

Un laboratorio flotante para entender el océano

Que un iceberg se desprenda y se rompa forma parte del ciclo natural de las plataformas de hielo. Lo que hace especial a A23a es su tamaño, su longevidad y el momento en el que está ocurriendo todo esto, con el océano Austral calentándose más rápido de lo que solía.

Mientras estuvo encallado, el buque de investigación polar RRS Sir David Attenborough se acercó a sus paredes verticales y recogió muestras de agua para estudiar qué estaba cambiando alrededor de ese gigante helado. Los científicos quieren saber cuánto agua dulce libera, qué nutrientes arrastra desde el fondo y cómo responde el plancton que sirve de base a toda la cadena alimentaria.

A primera vista puede preocupar el impacto sobre la fauna de Georgia del Sur, donde miles de pingüinos y focas dependen de rutas de alimentación relativamente cortas para traer comida a sus crías. Los expertos del BAS señalan que un iceberg de este tipo podría obligar a los adultos a rodear el hielo, gastar más energía y llegar con menos alimento a la colonia. A cambio, el propio iceberg puede “fertilizar” el océano al remover nutrientes y liberar hierro y otros micronutrientes con su deshielo, lo que puede disparar floraciones de fitoplancton y aumentar la comida disponible para peces, kril y sus depredadores.

Es decir, no se trata solo de un posible obstáculo para la fauna. También es un experimento natural sobre cómo responden los ecosistemas marinos a una inyección masiva de agua dulce y nutrientes en una región clave del planeta.

Cambio climático y el nuevo “rey” de los icebergs

Aquí surge la pregunta que muchos se hacen. ¿Es A23a una señal directa del cambio climático? Los glaciólogos insisten en que la formación y ruptura de icebergs forma parte del funcionamiento normal de las grandes plataformas de hielo. Sin embargo, cuando se mira el conjunto, la foto cambia.

Las observaciones recopiladas por el BAS indican que las plataformas de hielo antárticas han perdido del orden de 6.000 gigatoneladas de masa desde el año 2000, una reducción que se atribuye en gran medida al calentamiento provocado por las emisiones humanas y al aumento del derretimiento desde abajo por aguas más cálidas.

El deshielo de A23a en sí no eleva directamente el nivel del mar, porque ya flotaba. Pero la pérdida de masa en las plataformas deja menos “tope” que frene a los grandes glaciares que descansan en tierra firme. Eso permite que se deslicen más deprisa hacia el océano y sí contribuyan a la subida del nivel del mar.

Mientras A23a se deshace, el título de mayor iceberg del planeta ha pasado a manos de D15a, un bloque de unos 3.000 kilómetros cuadrados que permanece casi inmóvil junto a la costa antártica, cerca de la base australiana Davis.

En el fondo, lo que vemos con estos gigantes helados es una señal más de que el sistema polar está cambiando. Puede que la Antártida nos parezca tan lejana como la factura de la luz, pero el calor que llega a sus aguas y la manera en que responde el hielo acaban influyendo en corrientes oceánicas, clima global y, a la larga, en las costas donde vivimos.

La nota explicativa más reciente sobre la fragmentación de A23a y su estado actual ha sido publicada por EUMETSAT en la página Image of the week: Iceberg A23a breaks up.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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