Imagínate acostarte sabiendo que hay un lago tranquilo a pocos kilómetros del pueblo y despertarte con un desierto de barro en su lugar. Eso es lo que vivieron en la primavera de 2025 las comunidades cree cerca de Waswanipi, en el norte de Canadá, cuando el Lac Rouge se vació casi por completo en cuestión de días y su agua viajó unos diez kilómetros monte a través hasta un lago mayor, sin causar víctimas pero transformando el paisaje de forma radical.
Las imágenes captadas por satélite muestran el antes y el después con una claridad incómoda. A finales de primavera el lago aparecía lleno, oscuro y compacto en medio del bosque. Un mes más tarde solo quedaba una huella clara y seca y un nuevo canal de sedimentos que corre hacia el noreste hasta el Lac Doda. Los datos de la NASA confirman que el vaciado se produjo entre finales de abril y mediados de mayo y que el agua no siguió su salida habitual, sino que abrió un camino nuevo a través de pequeñas lagunas y zonas bajas del terreno.
Un caso casi inédito en la literatura científica
Los especialistas clasifican el episodio como un drenaje brusco de lago u outburst flood, un fenómeno que casi siempre se observa en lagos glaciares o en embalses cuando falla una presa. Lo extraordinario aquí es que se trata de un lago natural no glaciar. La científica Diana Vieira, del Joint Research Centre de la Comisión Europea, lo ha descrito como un caso «absolutamente asombroso» porque el lago ni siquiera se vació por sus cauces existentes, sino que creó un punto nuevo de salida. Varios expertos consultados señalan que no recuerdan otro evento documentado con estas características en un lago natural similar.
La causa exacta sigue bajo estudio. El comunicado de la Cree First Nation of Waswanipi y los análisis posteriores apuntan a una combinación de factores. Un lago algo elevado, orillas blandas con un punto débil previo, un invierno muy nevado y un deshielo rápido de primavera que disparó el nivel del agua. A eso se sumarían lluvias intensas en el momento justo y un terreno ya tocado por los incendios forestales de los últimos años.
Incendios, tala y un suelo cada vez más frágil
Alrededor de Lac Rouge ardieron bosques en 2019 y durante la temporada récord de incendios de 2023. Cuando el fuego arrasa un pinar, las raíces dejan de sujetar el terreno y el suelo puede hacerse más repelente al agua, lo que reduce la infiltración y aumenta la escorrentía superficial. En la práctica eso significa más agua corriendo por la superficie, más volumen llegando al lago en poco tiempo y unas riberas empapadas durante más días, justo lo que debilita la «pared» natural que contiene el agua.
En 2023 los incendios canadienses quemaron en torno a 18 millones de hectáreas, una superficie sin precedentes que los científicos vinculan en buena parte con un cóctel de sequía prolongada, altas temperaturas y deshielo temprano, condiciones coherentes con un clima que se calienta. La tala intensiva de las últimas décadas en el norte de Quebec añade otro ingrediente. Menos bosque significa menos lluvia y nieve retenidas por la vegetación y más agua que acaba de golpe en ríos y lagos.
El hidrólogo Younes Alila, de la University of British Columbia, resume ese efecto con una frase sencilla. «Cualquier perturbación del terreno hace que el nivel freático suba más a menudo y durante más tiempo». Cada vez que el suelo se satura pierde resistencia y las primeras zonas en ceder suelen ser las orillas de lagos y ríos.
El impacto para la comunidad y la naturaleza
La desaparición del lago es también un golpe emocional para la población local. El área de Lac Rouge se utilizaba para la caza, la pesca y el trampeo de especies como el alce y el esturión. Donde antes había un espejo de agua con orillas arenosas hay ahora una llanura de barro, peces muertos y un canal recién tallado que lleva sedimentos al lago receptor, algo que puede alterar el hábitat de peces y aves durante años.
Una pista forestal quedó destruida por el desbordamiento inicial y las autoridades han pedido mantenerse alejados de la zona. El miedo de fondo es comprensible. Si un lago aparentemente estable puede vaciarse de golpe, qué pasa con otros que estén rodeados de bosques quemados o de áreas muy explotadas.
Un aviso para otros paisajes cambiantes
El caso de Lac Rouge se ha convertido en un laboratorio natural sobre cómo interactúan geología, clima extremo y huella humana en los ecosistemas de agua dulce. No significa que cualquier lago vaya a desaparecer de la noche a la mañana, pero sí que los sistemas que ya son vulnerables pueden cruzar un umbral con más facilidad en un contexto de incendios más intensos, deshielos acelerados y cambios en el uso del suelo.
Para las comunidades que viven cerca de lagos y embalses, desde el norte de Canadá hasta regiones de montaña en Europa, la lección es clara. Vigilar mejor lo que ocurre en las cuencas, restaurar bosques quemados y combinar el conocimiento local con la mirada de los satélites puede marcar la diferencia entre una sorpresa geológica y un riesgo anticipado.
El comunicado de emergencia de la comunidad y el análisis detallado de las imágenes de satélite han sido recopilados por el NASA Earth Observatory en la nota The Disappearance of Lac Rouge, publicada en su web oficial.
Foto: Imagen: NASA Earth Observatory











