En pleno mes seco, amplias zonas de Córdoba se han transformado en una gran lámina de agua que se ve claramente desde los satélites. Las imágenes de NASA Earth Observatory muestran campos y pastizales anegados a lo largo del río Sinú, con humedales que han crecido hasta formar una enorme “estructura acuática” donde a finales de enero predominaba el suelo cultivable. Las agencias humanitarias estiman que más del 80 % del departamento ha quedado bajo el agua, con miles de viviendas destruidas, más de once mil familias desplazadas y alrededor de ciento cincuenta mil hectáreas agrícolas inundadas.
Un frente frío caribeño en el peor momento
Febrero suele ser uno de los meses más secos del Caribe colombiano. Es cuando las familias campesinas preparan la siembra y el ganado vuelve a las vegas que se van secando. Este año la escena ha sido la contraria. Después de un enero ya inusualmente lluvioso, un frente frío poco habitual descendió desde el Caribe los días 1 y 2 de febrero. Ese sistema empujó aire muy cargado de humedad hacia el interior y lo obligó a ascender sobre los Andes, lo que disparó tormentas intensas en cuestión de horas.
Los datos analizados por Landsat 9 y por el sistema de precipitación IMERG de la NASA indican acumulados diarios de entre cuatro y siete centímetros de lluvia en varias zonas de Córdoba, con picos de hasta uno coma siete centímetros por hora cerca de Lorica durante la jornada más intensa. Para una región que en estas fechas confía en cielos estables, el cambio ha sido brusco. Lo que normalmente son caminos polvorientos se ha convertido en canales improvisados por los que solo se puede pasar en chalupa o en tractores elevados.
Satélites para dibujar la “mancha” de inundación
En las imágenes en falso color captadas el 9 de febrero, las aguas oscuras cubren explotaciones agrícolas, pastos y varias comunidades en la margen occidental del Sinú. Al este, un complejo de humedales aparece con niveles de agua muy superiores a los habituales, lo que en la práctica se ve como un gran “espejo” continuo que conecta zonas que antes estaban separadas.
Mientras tanto, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) ha recurrido a mapeo satelital de alta resolución para cuantificar la emergencia. Con apoyo de la International Charter Space & Major Disasters y del servicio de emergencias de Copernicus Emergency Mapping Service, el país dispone ya de más de ciento cincuenta productos satelitales que delimitan con precisión la “mancha” de agua. Esos análisis señalan unas doscientas treinta y seis mil hectáreas afectadas en el Caribe, de las cuales unas ciento trece mil se concentran en Córdoba.
Detrás de cada cifra hay impactos muy concretos. Parcelas de arroz y maíz que iban a sembrarse han quedado bajo varios palmos de agua. Las reses, clave para la economía local, se han tenido que mover a los pocos promontorios secos disponibles, con sobrecarga de pastos y aumento del riesgo sanitario. Y muchas familias han perdido no solo la casa, también corrales, gallinas y herramientas.
Cuando la temporada seca deja de ser fiable
Las lluvias han sido, además de intensas, “muy excepcionales” desde el punto de vista meteorológico. El grupo ClimaMeter ha realizado un estudio rápido de atribución que compara este episodio con situaciones atmosféricas similares del pasado. Sus resultados indican que, bajo patrones de circulación equivalentes, el clima actual aporta entre seis y ocho milímetros adicionales de lluvia al día, lo que supone un aumento aproximado del diez al quince por ciento en la intensidad de las precipitaciones.
Según este análisis, la atmósfera sobre el norte de Colombia es ahora alrededor de uno a uno coma cinco grados más cálida que hace unas décadas. Un aire más caliente puede retener más vapor de agua y, cuando se dan las condiciones adecuadas, descargarlo en forma de tormentas más copiosas. Los autores concluyen que el episodio se explica por una combinación de condiciones meteorológicas muy raras y de un fondo climático más cálido y húmedo en buena parte asociado a la acción humana.
El diagnóstico encaja con lo que advierte el IPCC en su último gran informe, donde señala que los episodios de lluvia extrema se están intensificando y serán más frecuentes en muchas regiones a medida que aumente la temperatura media del planeta. No significa que cada inundación concreta “sea culpa” del cambio climático, pero sí que, cuando llega un frente frío fuera de temporada como este, el sistema climático actual tiene más gasolina para convertirlo en un diluvio.
Para las comunidades de Córdoba la lección es incómoda y muy tangible. La temporada “segura” para preparar cultivos y mover ganado ya no es tan segura. Y la gestión del territorio, desde la protección de humedales hasta la planificación urbanística, tendrá que asumir que estos episodios dejan de ser ciencia ficción para convertirse en un riesgo recurrente.
El análisis con imágenes de satélite sobre estas inundaciones se ha publicado en el portal NASA Earth Observatory y puede consultarse en Dry-Season Floods Drench Northern Colombia.







