Un mechón de pelo guardado en una caja familiar desde 1916 acaba revelando el verdadero impacto de la contaminación por plomo en el siglo XX

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Publicado el: 20 de febrero de 2026 a las 15:31
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Mechón de pelo recogido en un cepillo, usado para analizar exposición histórica al plomo.

La contaminación por plomo dejó rastro en un lugar tan cotidiano como persistente, el cabello. Un trabajo publicado en 2026 en Proceedings of the National Academy of Sciences analiza mechones conservados durante décadas y muestra un descenso drástico de la exposición humana al metal desde la creación de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) en 1970. El resultado, medido en muestras de residentes del corredor urbano del Wasatch Front, en torno a Salt Lake City, es de una claridad poco habitual en salud ambiental retrospectiva: los niveles actuales son, de media, casi cien veces inferiores a los registrados en buena parte del siglo XX.

El equipo liderado por Thure E. Cerling, de la Universidad de Utah, recurre a una idea sencilla con una consecuencia potente (si se conservan muestras y el método es fiable, el cuerpo puede funcionar como archivo). El cabello atrapa partículas y polvo del entorno, y el plomo se adhiere con facilidad a su superficie. Eso permite usar mechones antiguos como testigos materiales de una exposición que, en otros indicadores, se diluye con el tiempo. El estudio compara cabello actual con cabello de la infancia de las mismas personas, guardado en álbumes familiares o recuerdos domésticos, para cubrir un arco temporal de más de un siglo. La publicación puede consultarse también en PubMed.

El patrón que emerge no es lineal, sino histórico. Durante décadas, el plomo estuvo en la gasolina, en pinturas, en tuberías y, en áreas industriales, en el aire y el suelo. En la región estudiada pesaron, además, fuentes locales vinculadas a la minería y la fundición, un contexto que en Utah se ha documentado ampliamente por su legado ambiental. En las muestras anteriores a 1970, las concentraciones registradas en el cabello alcanzan valores muy superiores a los actuales. Después, el descenso se acelera y se consolida durante las décadas siguientes, hasta situarse en niveles bajos en el tramo más reciente de la serie.

La interpretación central del artículo es explícita. La inflexión coincide con el nacimiento de la EPA y con el despliegue de regulaciones que limitaron emisiones industriales y, sobre todo, fueron cercando el uso de gasolina con plomo. La cronología encaja con decisiones regulatorias concretas, como el requisito de disponibilidad general de gasolina sin plomo a partir de 1974, pensado para proteger los catalizadores de los vehículos que empezaban a generalizarse en los modelos de mediados de los setenta. El caso estadounidense es relevante porque el plomo de los escapes se depositaba en calles y viviendas y podía reentrar en el circuito por el polvo re suspendido, un mecanismo que hace que la caída no sea inmediata, sino gradual, incluso cuando las fuentes principales se recortan.

El interés del trabajo no reside solo en demostrar que “bajó”, algo ya sugerido por series ambientales y por biomarcadores más convencionales. Su aportación es otra (mostrar una huella química directa en materiales humanos preservados) y hacerlo en un formato comprensible (antes y después de la regulación). Esa dimensión pedagógica ha sido subrayada también fuera del artículo académico. En una pieza divulgativa publicada a comienzos de febrero, Scientific American recoge la idea de que la curva funciona como un argumento visual sobre el efecto acumulativo de las políticas ambientales, con una cita de uno de los autores que lo resume como una demostración del “poder” de esas protecciones.

Conviene, sin embargo, mantener el matiz. El plomo en el cabello no equivale mecánicamente al plomo en sangre ni, mucho menos, a la carga que llega a órganos diana como el cerebro. El propio enfoque combina exposición externa (polvo y partículas) con una componente interna menor asociada al crecimiento del pelo. Precisamente por eso, su fuerza está en lo ambiental, en la “presencia” sostenida del contaminante en el entorno cotidiano. En términos periodísticos, el cabello no sustituye a los indicadores clínicos, pero sí permite contar una historia que de otro modo quedaría en modelos, estimaciones o series indirectas. En el contexto sanitario, el CDC recuerda que incluso niveles bajos pueden afectar a la salud infantil.

El trabajo también enlaza con una discusión política recurrente en Estados Unidos y extensible a Europa (qué ocurre cuando se aflojan estándares que parecían consolidados). En la literatura económica y regulatoria sobre la retirada progresiva del plomo en combustibles, la experiencia estadounidense se cita a menudo como una de las intervenciones de mayor retorno sanitario, no solo por la reducción de emisiones, sino por el impacto sobre exposiciones infantiles. Y a escala global, la eliminación de la gasolina con plomo es uno de los ejemplos más claros de política pública coordinada, aunque su calendario haya sido desigual según regiones, como recopila OurWorldInData.

En Utah, el estudio se apoya en un territorio donde el recuerdo de la contaminación industrial no es abstracto. La historia minería y metalúrgica del área metropolitana de Salt Lake City y sus alrededores ha dejado episodios y debates sobre metales pesados en suelos y sedimentos, con picos históricos a mediados del siglo XX en algunos registros ambientales. Eso no invalida el mensaje general, lo sitúa (el desplome del plomo en el cabello no es solo “la EPA” como símbolo, sino un conjunto de medidas que actuaron sobre fuentes múltiples, algunas nacionales y otras locales, y cuyos efectos se acumularon con el tiempo). En Europa, debates recientes sobre regulaciones y estándares ambientales ilustran hasta qué punto el marco normativo condiciona el aire que se respira.

En una época dominada por datos efímeros, el hallazgo tiene algo de ironía científica. El registro estaba en el cuerpo y, a la vez, fuera de la vista, guardado en cajones familiares. Convertir ese rastro en una serie histórica sugiere una idea más amplia (la regulación, cuando llega, no solo cambia el aire de mañana, también reescribe, décadas después, la química de lo que fuimos).

El estudio ha sido publicado en PNAS.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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