Una imagen satelital tomada en plena irrupción del vórtice polar dejó una escena casi irreal sobre el lago Michigan (remolinos blancos que, desde arriba, parecen nubes). No eran nubes. Eran “cintas” de hielo superficial reorganizadas por el viento y el frío extremo, como si el lago estuviera dibujando corrientes en tiempo real.
El episodio se encuadra en la ola de frío que afectó al este de Estados Unidos entre el 19 y el 24 de enero de 2025, cuando Chicago llegó a unos -33 ºF (aprox. -36 ºC). Ese desplome térmico se asocia a un patrón de vórtice polar más “estirado” o desplazado que empujó aire ártico hacia latitudes medias.
Por qué el hielo se veía como “bandas” y no como una placa uniforme
El detalle clave es la combinación de congelación rápida cerca de la costa y viento sostenido desde tierra hacia el lago. Cuando el hielo joven se forma en franjas finas, el viento puede empujarlo mar adentro, abrir canales de agua entre bandas, y curvarlo en espirales y meandros. El resultado es un patrón con textura “nubosa” que, en realidad, es una coreografía entre hielo flotante, oleaje corto y cizalla del viento.
Esto también explica por qué la imagen impacta tanto (nuestro cerebro interpreta formas suaves y arremolinadas como nubes). Pero a diferencia de una nube, aquí el “material” está sobre la superficie del agua, y el contraste satelital resalta la diferencia entre hielo más blanco y compacto y hielo más oscuro y fragmentado cerca de la orilla.
Un dato que pone la escena en contexto
En esos días, alrededor del 20% del lago Michigan estaba cubierto de hielo, un valor algo por encima de lo habitual para ese momento del invierno según los productos de hielo de NOAA GLERL. Ese “ligero extra” de hielo disponible facilita que aparezcan formas más extensas y visibles desde el espacio.
Y no fue un fenómeno aislado. La ola de frío también elevó mucho la congelación en el lago Erie (con reportes de coberturas muy altas), con impactos prácticos en navegación y logística.
La lectura “original” de esta imagen (más allá del espectáculo)
Estas “cintas” son una especie de huella dactilar meteorológica. En una sola escena concentran información sobre (temperatura efectiva de congelación, dirección e intensidad del viento, estabilidad del hielo costero y dinámica de corrientes superficiales).
Por eso, más que una foto bonita, es un recordatorio de que los Grandes Lagos funcionan como un laboratorio natural enorme, donde el tiempo atmosférico puede reordenar el paisaje en cuestión de horas.












