Una grave perturbación climática amenaza a Europa y podría provocar inviernos extremadamente fríos

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Por HoyECO
Publicado el: 3 de enero de 2026 a las 12:02
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Grieta en el hielo cubierto de nieve, imagen que sugiere un invierno extremo en Europa

Cuando pensamos en cambio climático casi siempre imaginamos más calor, olas abrasadoras y noches sin dormir. Sin embargo, una parte clave del océano Atlántico está lanzando otra señal preocupante. Si la gran cinta transportadora de aguas que cruza el Atlántico se debilita mucho o llega a colapsar, Europa podría enfrentarse a inviernos muy fríos y a veranos todavía más secos.

La protagonista de esta historia es la AMOC, la circulación meridional de retorno del Atlántico. Este sistema lleva agua cálida desde los trópicos hacia el norte y devuelve agua fría en profundidad, lo que suaviza el clima europeo. Gracias a ella ciudades de Europa occidental situadas a la altura de Canadá tienen inviernos relativamente templados. Si ese motor se para, el clima del continente deja de parecerse al que conocemos.

La novedad viene de un estudio publicado en la revista Environmental Research Letters que ha analizado los modelos climáticos que usa el IPCC extendiendo las simulaciones hasta los años 2300 y 2500. Los autores concluyen que el colapso de la AMOC ya no puede tratarse como algo imposible. Con emisiones altas siete de cada diez modelos terminan con un apagón de la circulación. Incluso con emisiones intermedias o bajas el riesgo se mantiene entre una de cada cuatro y una de cada tres simulaciones. El trabajo señala que el sistema podría cruzar su punto de no retorno en las próximas dos décadas, mientras que el colapso completo tardaría entre cincuenta y cien años.

La pregunta clave es qué supondría esto para quien vive en Europa. Un estudio anterior con el modelo climático CESM, publicado en Science Advances, simuló un colapso completo de la AMOC y encontró un enfriamiento muy rápido, con descensos superiores a tres grados por década en algunas regiones europeas. Los investigadores advertían de que “ninguna estrategia de adaptación realista puede gestionar un cambio tan brusco”. Además, estas corrientes no solo transportan calor, también humedad. Cuando se debilitan, una parte importante de las lluvias que hoy llegan al continente se pierde, lo que se traduce en veranos más secos y sequías más persistentes.

En la vida diaria los cambios serían muy concretos. En el norte, inviernos menos templados implican más hielo y más nieve, más días de frío intenso y una demanda de calefacción al alza. En el sur, la combinación de calor persistente con menos lluvia amenaza cosechas, ecosistemas y reservas de agua que ya llegan muy justas al final del verano.

Conviene matizar que no todos los estudios dibujan el mismo calendario. Un trabajo reciente liderado por el Met Office británico y publicado en Nature concluye que un apagón total de la AMOC antes de 2100 es poco probable, aunque reconoce que la circulación seguirá debilitándose y que ya se encuentra en su punto más débil en más de mil seiscientos años. Otros análisis, entre ellos un indicador físico de aviso temprano desarrollado a partir de observaciones oceánicas recientes, señalan que el sistema muestra comportamientos típicos de acercarse a un punto de inflexión, aunque todavía no sea posible decir cuán cerca estamos.

En resumen, hay incertidumbre en las fechas, pero poca duda en la dirección. El AMOC se ha ralentizado y el deshielo de Groenlandia junto con el aumento de la lluvia en el Atlántico Norte empujan en la misma dirección. Incluso sin llegar al colapso total un debilitamiento acusado bastaría para cambiar el mapa de tormentas invernales, el régimen de sequías y el nivel del mar en las costas europeas. No es casualidad que Islandia haya decidido tratar este riesgo como un asunto de seguridad nacional.

La parte relativamente positiva es que el detonante principal es conocido. El mismo CO₂ que alimenta las olas de calor está desequilibrando esta gran circulación oceánica. Reducir de forma rápida y profunda las emisiones, proteger bosques y océanos que absorben carbono y mejorar la planificación de infraestructuras recorta el riesgo y nos prepara mejor para un escenario con un Atlántico menos estable.

No se trata de elegir entre calor o frío, sino de entender que estamos moviendo piezas clave del sistema climático. De la rapidez con la que actuemos dependerá que el Atlántico siga siendo un aliado del clima europeo o se convierta en un factor de inestabilidad para las próximas generaciones.

El estudio que ha encendido esta última alerta sobre la AMOC se ha publicado en la revista Environmental Research Letters y puede consultarse en la web de IOPscience.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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