Los vagones que durante décadas transportaron pasajeros por Nueva York encontraron un destino poco habitual al retirarse. Entre agosto de 2001 y abril de 2010, la Autoridad Metropolitana de Transporte (MTA) hundió más de 2.500 coches de metro frente a la costa este de Estados Unidos para crear arrecifes artificiales.
Aquellas carrocerías aportaron superficies donde instalarse y refugios para la vida marina en zonas de fondo arenoso. Pero la experiencia también dejó una advertencia documentada sobre la resistencia de los materiales, porque algunos vagones se deshicieron mucho antes de lo esperado.
Del andén al fondo marino
El Museo del Tránsito de Nueva York sitúa los destinos del programa frente a Nueva Jersey, Delaware, Virginia, Carolina del Sur y Georgia. Allí acabaron estructuras limpias de trenes retirados, entre ellos los conocidos Redbird, llamados así por su pintura roja.
Uno de los lugares más conocidos es Redbird Reef, en Delaware. Un comunicado oficial de julio de 2024 contabilizaba allí más de 700 vagones Redbird y elevaba a más de 1.350 el número de coches de metro incorporados al conjunto de arrecifes del estado.
Conviene distinguir ambas cifras, porque un arrecife concreto y toda la red de Delaware no son lo mismo. Además, Redbird Reef incluye barcos y otros materiales, de modo que su hábitat actual procede de varias actuaciones acumuladas durante años.
La limpieza iba primero
Antes de entrar en el agua, los vagones necesitaban preparación. La documentación de Nueva Jersey sobre un hundimiento realizado en abril de 2008 explica que se retiraban plásticos, materiales degradables y grasa para evitar la contaminación del ecosistema marino.
Aquella operación colocó 44 coches de acero inoxidable en el arrecife de Atlantic City. Cada uno medía aproximadamente 18 metros de largo, y la MTA asumía los gastos de limpieza, transporte y colocación, un detalle que impide presentar el proceso como una operación sin costes.
Por qué llegaron los peces
¿Para qué le sirve a un pez un viejo vagón? En esta parte del Atlántico, donde predominan los fondos de arena y fango, una estructura firme aporta huecos, superficies y altura sobre el lecho marino, características que favorecen a las especies asociadas a arrecifes.
«El fondo marino frente a la costa de Delaware se compone principalmente de arena y fango sin grandes relieves», explica Colt Williamson, científico ambiental del departamento estatal de recursos naturales (DNREC). Sobre las superficies se fijan invertebrados como mejillones y ostras, que aportan alimento a los peces.
El DNREC indica que esas comunidades pueden proporcionar hasta 400 veces más alimento que el fondo desnudo. La cifra describe una comparación general de sus arrecifes artificiales, no demuestra que cada vagón multiplique por 400 los peces ni que todo ese alimento se deba exclusivamente a los trenes.
Los vagones que no resistieron
La parte menos vistosa aparece en las actas del Consejo de Pesca Marina de Nueva Jersey del 9 de julio de 2009. Una inspección mediante sonar de 48 vagones de acero inoxidable en Atlantic City Reef encontró 46 completamente destruidos y solo dos en pie e intactos.
El programa de Nueva Jersey anunció que dejaría de aceptar los vagones de acero inoxidable disponibles entonces. Los restos aún proporcionaban cierto hábitat de poca altura, pero ya no ofrecían la estructura elevada que buscaban los responsables del arrecife.
Ese resultado corresponde a los coches examinados y no permite dar por destruidos todos los vagones hundidos en la costa este. Sí muestra por qué la durabilidad merece tanta atención como la llegada de peces, ya que perder la forma original modifica el refugio disponible.
Una segunda vida con límites
Delaware ha seguido ampliando su red con otros materiales. En julio de 2024 incorporó a Redbird Reef un antiguo barco de bomberos de Baltimore y un remolcador de la Segunda Guerra Mundial, ambos preparados y certificados antes del hundimiento.
Una revisión de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) distingue entre reunir peces y aumentar la producción biológica. En la práctica, observar muchos animales junto a un vagón no basta para demostrar que su población crece en toda la región.
La historia de estos trenes permite entender tanto las posibilidades como los límites de reutilizar grandes estructuras bajo el agua. La información oficial del programa, actualizada en 2026, ha sido publicada en Outdoor Delaware, la revista del DNREC.
Imagen: Scdnr / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)







