El sector agroalimentario entra en 2026 con varios frentes abiertos que pueden marcar su rumbo durante años. El más sensible está en Bruselas, donde se acelerarán las negociaciones del presupuesto de la Unión Europea para 2028-2034, con los fondos de la Política Agraria Común (PAC) y de la pesca en juego. A eso se suma el acuerdo comercial con Mercosur, la presión regulatoria y un escenario internacional cada vez más volátil, según recoge EFEAgro.
¿Por qué importa todo esto fuera del campo o del puerto? Porque de esas decisiones dependen en buena parte la rentabilidad de muchas explotaciones, el relevo generacional y, al final, la estabilidad de precios y suministro de alimentos. Se nota en la cesta de la compra. Y en el empleo rural.
Presupuesto de la UE y miedo a un recorte de ayudas
Las instituciones europeas quieren avanzar en 2026 para llegar a un acuerdo antes de finales de año y poder aprobar los textos legales en 2027, evitando interrupciones en 2028. El problema es el enfoque que plantea la Comisión Europea, que según los análisis citados por EFEAgro “diluye” la asignación de la PAC y del Fondo Europeo Marítimo de la Pesca y de la Acuicultura (Fempa) dentro de un megafondo, mezclado con otras políticas y repartido por países.
En España, esos análisis apuntan a un recorte en torno al 20 % en fondos agrícolas y del 67 % en pesca si la propuesta saliera adelante. No es un detalle menor. España es el tercer país que más fondos de la PAC recibe (7.724 millones de euros anuales) y el primero en pesca (1.120 millones para 2021-2027).
En paralelo, Bruselas ha puesto sobre la mesa ideas de reforma de la PAC, como limitar ayudas por agricultor, cambiar algunas exigencias ambientales por “incentivos” y triplicar los fondos para crisis. Sobre el papel suena a ajuste técnico, pero en la práctica puede reordenar qué tipo de agricultura sale más reforzada y cuál queda más expuesta.
Y hay otro factor que nadie pierde de vista. Si el sector interpreta que hay recorte y más incertidumbre, las protestas podrían volver a las calles, como ya ocurrió en etapas anteriores.
Pesca y una posible revisión de la política común
La pesca también tiene un año marcado en rojo. La Comisión Europea debe pronunciarse en primavera sobre si impulsa y con qué alcance una revisión de la Política Pesquera Común (PPC). La flota pide una reforma “amplia” que modernice normas y las haga más sociales, además de reabrir el debate sobre si se permiten ayudas para renovar barcos.
Aquí la letra pequeña pesa mucho. Renovar flota puede significar mejorar seguridad y eficiencia energética, pero también abre discusiones sobre capacidad pesquera, sostenibilidad y equilibrio de caladeros. Todo a la vez.
Mercosur y un acuerdo que divide al campo europeo
Otro foco es el acuerdo comercial entre la UE y Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), pendiente de voto en el Consejo de la UE y de firma. Francia e Italia promovieron su demora en la última cumbre, en un contexto de protestas agrícolas en Bruselas en diciembre.
Según EFEAgro, el acuerdo suprime aranceles para conservas, aceite de oliva y vino, y facilita el aprovisionamiento de cereales y piensos. La cara menos amable está en el aumento de competencia en importaciones como las cárnicas del bloque latinoamericano. Para el consumidor, el debate suele aterrizar en una pregunta sencilla. Habrá producto suficiente y a qué precio, pero también con qué condiciones de producción y controles.
A ese escenario se suman los “vaivenes” de Estados Unidos y la relación con China, que siguen siendo una fuente de inquietud para los exportadores.
España y la ley pendiente sobre agricultura familiar
En el plano nacional, 2026 arranca con una norma clave en el aire. La Ley de la Agricultura Familiar sigue pendiente y su tramitación se demora, mientras crecen las dudas sobre si saldrá adelante en esta legislatura.
Además, el sector continúa quejándose del aumento de burocracia y de regulaciones. Entre ellas, la implantación de planes nacionales ligados a la Ley de la Restauración de la Naturaleza de la UE, que también afecta al sector primario.
Y atención a un calendario que viene con fecha. La UE empezará a aplicar su ley contra la deforestación en diciembre de 2026, tras el retraso de la normativa, para evitar que el consumo europeo de piensos, cacao, café o madera contribuya a destruir bosques.
2026, en resumen, no pinta como un año tranquilo. La cuestión es si acabará siendo un año de estabilidad o de nuevo sobresalto. El campo y la mar ya están mirando a Bruselas. Y no solo ellos.










