China plantó más de 66.000 millones de árboles y levantó un cinturón verde de 3.000 km contra el Gobi y el Taklamakan, subió del 10% al 25% de bosques, pero ahora los científicos avisan del precio oculto bajo tierra

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Publicado el: 6 de marzo de 2026 a las 15:39
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Filas de árboles plantados en el desierto del Taklamakan dentro del cinturón verde de 3.000 km impulsado por China.

Durante décadas, el desierto del Taklamakán (Xinjiang) se veía como un “vacío biológico”. Hoy, parte de su borde está cambiando de papel: la franja reforestada empieza a comportarse como un sumidero de carbono, es decir, absorbe más CO2 del que libera. Suena a buena noticia. Y lo es, en buena parte. Pero también abre una pregunta incómoda: ¿cuánto cuesta mantener verde un lugar donde casi no llueve?

El impulso viene de un proyecto de largo recorrido. En noviembre de 2024, China anunció que había completado un cinturón verde de unos 3.000 kilómetros alrededor del Taklamakán, dentro del programa conocido como “Three-North Shelterbelt” o “Gran Muralla Verde”. Según Reuters, la iniciativa lleva décadas plantando y restaurando vegetación para frenar la desertificación y las tormentas de arena.

Lo más llamativo ahora es el dato climático medido desde el espacio. Un equipo liderado por la Universidad de California, Riverside, analizó señales satelitales vinculadas a la fotosíntesis y a la concentración de CO2 en el aire y detectó una bajada de entre 1 y 2 partes por millón en zonas reverdecidas (un “punto frío” de CO2). No es una selva, pero es medible. “El hecho de que estén reduciendo CO₂, y haciéndolo de forma constante, es algo positivo que podemos medir y verificar desde el espacio”, explicó el coautor King-Fai Li.

Ahora bien, aquí llega el “pero”. El propio equipo avisa de que el agua es el gran límite: estos arbustos y árboles sobreviven por la escorrentía de montañas cercanas, y expandir la vegetación hacia el interior del desierto exigiría fuentes hídricas fiables en un mundo cada vez más seco. En paralelo, otras investigaciones y revisiones han advertido de riesgos conocidos en estas megareforestaciones: monocultivos vulnerables, mortalidad elevada y presión sobre recursos hídricos en zonas áridas.

En la práctica, esto significa algo sencillo para el lector: plantar “a lo grande” puede ayudar con el CO2, sí, pero si se hace sin especies adecuadas y sin un plan de agua realista, el remedio se puede volver frágil (y caro de sostener).

El estudio al que se refieren estos resultados ha sido publicado en PNAS.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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