Las leyes de la física se derrumban y los científicos no encuentran explicación a la expansión del Universo: es más rápida de lo que pensaban y estamos en problemas

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Publicado el: 29 de abril de 2026 a las 15:36
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Galaxias en el espacio profundo utilizadas para medir la expansión del Universo y la constante de Hubble.

Si buscas un número que resuma “a qué velocidad crece el Universo”, ese número existe y se llama constante de Hubble. El problema es que, según cómo lo midas, te sale una cifra distinta. Una nueva colaboración internacional ha afinado la medición local con una precisión cercana al 1% y vuelve a apuntar al valor alto.

El resultado sitúa H0 en 73,50 ± 0,81 kilómetros por segundo por megapársec. Esto refuerza la llamada tensión de Hubble, el desacuerdo con el valor que se infiere del Universo primitivo. Lo más importante no es solo el dato, sino que está construido con muchas técnicas a la vez, justo para comprobar si el fallo estaba en un único método.

Qué significa ese 73,5

La idea es sencilla. Por cada megapársec de distancia (unos 3,26 millones de años luz) la velocidad de alejamiento aumenta en 73,5 kilómetros por segundo. Es una forma de poner números a algo que no vemos “moverse”, pero que aparece cuando comparas distancias y luz de galaxias.

Esta medición se centra en el Universo local, con datos que llegan hasta escalas de alrededor de mil millones de años luz. Es un rango lo bastante amplio como para medir la expansión con claridad, pero todavía cercano para construir distancias con objetos bien estudiados. No es poca cosa.

El choque llega al compararlo con el valor del Universo temprano, que suele caer cerca de 67 o 68 km por segundo por megapársec. La diferencia ronda los 6 km por segundo por megapársec (aproximadamente un 9%), y no encaja con lo que esperaríamos si todo fuera un simple problema de precisión.

Una red de distancias para no depender de un solo “peldaño”

Durante casi un siglo, los astrónomos han usado la “escalera de distancias cósmicas” para medir H0. Funciona, pero tiene un riesgo obvio. Si un paso arrastra un sesgo escondido, ese sesgo puede propagarse al resultado final.

El equipo H0 Distance Network (H0DN) propone otra lógica. En lugar de un único camino, construye una red local que conecta muchos indicadores que se solapan entre sí y los combina teniendo en cuenta incertidumbres compartidas (ponderación por covarianza). En la práctica, esto permite comprobar si el valor cambia mucho cuando quitas una técnica concreta.

Este enfoque salió de un esfuerzo comunitario poco habitual. “La verdadera novedad es que gran parte de la comunidad nos encerramos una semana en Berna para discutir cada detalle de cada método de medida”, explicó Lluís Galbany, investigador del ICE-CSIC y del IEEC. La idea era sencilla, sacar el debate del “cada grupo con su receta” y ponerlo todo en común.

Qué han combinado y por qué eso importa

La red integra indicadores como cefeidas, gigantes rojas (TRGB), variables Mira, megamasers y distintos tipos de supernovas, además de relaciones basadas en galaxias como Tully-Fisher o el plano fundamental. Son herramientas diferentes para medir distancias, y parte del truco es que se pueden cruzar unas con otras porque tocan los mismos objetos o rangos similares.

Según el artículo, retirar piezas grandes apenas cambia la cifra final. Por ejemplo, quitar cefeidas o TRGB tiene un efecto mínimo, y reemplazar las supernovas Ia por indicadores de galaxias mueve H0 menos de 0,1 km por segundo por megapársec, aunque con más incertidumbre. Eso es justo lo que fortalece el resultado.

Además, la colaboración publica software y productos de datos para que otros equipos puedan reproducir el análisis y probar supuestos alternativos. Adam Riess lo resumió con una frase que suena casi a aviso. “No se trata solo de una nueva cifra para H0, sino de un marco de trabajo creado por la comunidad”.

Por qué el modelo del Universo temprano no encaja

El valor bajo de H0 viene de otra vía. Se toma el fondo cósmico de microondas y, con el modelo estándar de cosmología (ΛCDM), se calcula qué expansión debería tener hoy el Universo. Con ese enfoque, el resultado típico queda alrededor de 67 km por segundo por megapársec.

La nueva red local no solo no se acerca a ese número, sino que cuantifica la discrepancia en términos estadísticos muy altos. El trabajo habla de diferencias de alrededor de 5 a 7 sigmas según el conjunto de datos del Universo temprano con el que se compare. En lenguaje llano, no es fácil barrerlo bajo la alfombra.

Y aun así conviene mantener la cabeza fría. No es que “la física haya colapsado”, sino que hay una tensión persistente que pide explicación. Puede ser que falte algo en el modelo o que algún supuesto temprano esté demasiado idealizado.

Qué hipótesis se están mirando con más lupa

La colaboración insiste en un punto clave. Su análisis dificulta las explicaciones basadas en un único error local pasado por alto, porque el valor se sostiene al quitar métodos uno a uno. Si la tensión es real, podría estar apuntando a física más allá del modelo estándar.

A partir de ahí hay varias rutas plausibles, pero ninguna cerrada. Se habla de energía oscura con un comportamiento más complejo, de partículas aún no detectadas que afecten al Universo temprano o de modificaciones de la gravedad a gran escala. Lo importante es que estas ideas hacen predicciones comprobables, y la red local ofrece un marco más exigente para contrastarlas.

También existe una salida menos espectacular. La tensión podría venir de pequeñas desviaciones repartidas en varios pasos, tanto en medidas locales como en inferencias tempranas, que suman en la misma dirección. En ciencia, a veces el misterio no es una puerta secreta, sino un tornillo flojo en varios sitios.

Qué cambia a partir de ahora

La H0DN plantea su red como una estructura ampliable. Si entran nuevas calibraciones, mejores anclajes geométricos o datos de telescopios actuales y futuros, se pueden integrar y recalcular H0 sin empezar de cero. Es una forma de convertir un debate en un sistema que se actualiza con el tiempo.

Para el público general, esto puede sonar lejano, pero tiene consecuencias concretas. Medir bien la expansión influye en cómo estimamos la edad del Universo, su tamaño y su evolución. Y, de fondo, queda una pregunta que engancha, nos falta una pieza grande o solo estamos afinando el mismo puzle con mejores herramientas.

El estudio científico más reciente sobre esta medición está disponible como prepublicación en arXiv


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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