Un vídeo que vuelve a circular en redes muestra algo que, de primeras, cuesta creer. Un bloque residencial de 10 plantas “aparece” en poco más de un día, con grúas que no paran y módulos que encajan como si fueran piezas de un juego de construcción. La cifra que se repite es muy concreta, 28 horas y 45 minutos.
Detrás del asombro hay una pregunta más importante que la velocidad. Si el sector de los edificios consume alrededor del 32% de la energía mundial y aporta en torno al 34% del CO2 global, cualquier cambio en cómo construimos puede mover la aguja. ¿Estamos viendo un truco viral o una pista real para reducir residuos, molestias de obra y emisiones?
Un récord que no es tan reciente
Aunque ahora parezca “noticia del día”, la demostración se difundió en junio de 2021 y se atribuye al grupo chino Broad en su ciudad de Changsha. Varios medios especializados describen el proyecto como un edificio de apartamentos de 10 plantas montado con un sistema modular propio llamado “Living Building”. La clave es que lo que se batió fue el tiempo de montaje en obra, no el tiempo total del proyecto.
Esto importa, porque la construcción tradicional es lenta por muchas razones que no salen en un time-lapse. Permisos, cimentación, instalaciones, inspecciones, logística y seguridad llevan su ritmo. El vídeo enseña solo la parte más vistosa, cuando todo está preparado para apilar y atornillar.
Qué pasó en esas 28 horas
Según las descripciones técnicas, el edificio se levantó con unidades prefabricadas que llegan al solar casi “terminadas”. Los módulos se fabrican en una planta industrial e incorporan elementos como cableado, aislamiento, acristalamientos y sistemas de ventilación, y luego se transportan para apilarse y unirse con tornillería. Para lograr el récord se usaron al menos tres grúas y una fuerza de trabajo grande y coordinada.
Hay otro detalle que ayuda a entender el salto de velocidad. Algunos artículos explican que los módulos se diseñan para viajar en formatos muy compatibles con el transporte, incluso con medidas similares a las de un contenedor cuando van plegados. En la práctica, esto convierte la obra en un montaje muy planificado y con menos improvisación.
Por qué el CO2 mira a los edificios
El ruido y el polvo de una obra son lo que más notamos en el día a día, pero el impacto grande suele ser invisible. El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente recuerda que el sector de edificios y construcción sigue siendo un motor de la crisis climática, con un consumo cercano al 32% de la energía global y una contribución en torno al 34% del CO2. Además, materiales básicos como el cemento y el acero están asociados a una parte muy relevante de las emisiones globales.
Por eso, en el informe 2024/2025 de UNEP y la Global Alliance for Buildings and Construction aparecen ideas que van más allá del “construir rápido”. Se habla de armonizar códigos de edificación, escalar materiales bajos en carbono e incentivar una construcción más circular. Dicho de otra forma, la velocidad puede ayudar, pero no sustituye a la descarbonización.
Menos residuos en obra
La construcción modular suele presentarse como una forma de reducir escombros y re-trabajos, y aquí sí hay números. Un documento que recopila resultados de estudios indica que, en casos analizados, la construcción modular puede reducir el peso total de residuos hasta un 83,2%. El mismo compendio resume evaluaciones que observan menos material desperdiciado y una caída notable de residuos de madera y yeso que acaban en vertedero.
Esto conecta con un problema muy europeo. La Comisión Europea recuerda que los residuos de construcción y demolición representan “más de un tercio” de todos los residuos generados en la UE. Si una parte de ese volumen se evita desde el diseño y la fabricación, el beneficio no es solo ambiental. También se nota en la calle.
El material sigue mandando
Ahora viene el matiz que suele perderse en los titulares. Montar un edificio en 28 horas no elimina, por arte de magia, las emisiones del cemento o del acero. De hecho, en el caso de Broad se describe una estructura principalmente de acero, y el propio UNEP señala el peso climático de materiales como el cemento y el acero en el total global. Por eso, el efecto real depende de qué materiales se usen y de cuánta energía consuma la fabricación.
La buena noticia es que el enfoque industrial puede ayudar a medir y mejorar, porque todo está más controlado. Si un sistema está pensado para atornillarse, también puede diseñarse para desmontarse y reutilizarse en parte, algo que encaja con la lógica circular. Pero para que eso sea real hace falta planificación desde el principio. Y eso se nota.
Qué tener en cuenta en España
¿Significa esto que mañana veremos edificios montados “a la china” en España? No necesariamente, porque aquí entran normativas, modelos de vivienda y cadenas de suministro distintas. Aun así, el ejemplo sirve como espejo de una tendencia clara, mover trabajo al entorno controlado de una fábrica para reducir errores y residuos.
Para no caer en el humo del vídeo bonito, conviene pedir tres cosas muy simples cuando se hable de construcción rápida (y “verde”). Datos de huella de carbono en todo el ciclo de vida, un plan claro de residuos y reutilización, y cifras de eficiencia energética del edificio cuando ya está en uso (porque la factura de la luz también cuenta). La velocidad puede ser una herramienta, pero el clima se gana con números.
El informe oficial más reciente sobre el impacto climático del sector de la edificación se ha publicado en la biblioteca de UNEP.










