PT Merdeka Gold Resources Tbk (EMAS) ha comunicado un nuevo hallazgo de mineralización aurífera en el prospecto Kolokoa, en la provincia de Gorontalo (Indonesia), a unos 500 metros de su mina de oro Pani. Los primeros sondeos sitúan el “objetivo de exploración” entre 20 y 40 millones de toneladas con una ley de 0,3 a 0,5 g/t, y con interceptos cerca de superficie de hasta 1,57 g/t.
El oro puede parecer un tema lejano, pero está dentro de cosas tan cotidianas como el móvil o el ordenador. Y aquí llega el matiz incómodo, extraer más metal implica mover mucho terreno y gestionar agua, residuos y energía, justo cuando el mundo genera 62 millones de toneladas de residuos electrónicos al año y solo se recicla de forma formal el 22,3%.
El hallazgo junto a la mina Pani
Kolokoa se sitúa en el distrito de Marisa, dentro de la regencia de Pohuwato, en la isla de Sulawesi, y la empresa lo encuadra en el mismo “sistema epitermal de baja sulfuración” que Pani. En la práctica, es un descubrimiento pegado a una operación que ya está en marcha.
El presidente director de la compañía, Boyke Poerbaya Abidin, lo describe en su comunicado como “un descubrimiento de alto impacto, cerca de la mina, que refuerza las perspectivas a largo plazo de Pani”. También subraya que la proximidad y la escala inicial podrían impulsar el crecimiento futuro de recursos y producción.
Además, Pani acaba de arrancar su fase productiva. La propia empresa indica que la mina inició producción en febrero de 2026 y que su objetivo es producir entre 100.000 y 115.000 onzas de oro en 2026.
Exploración no es lo mismo que reserva
Aquí conviene frenar un momento. Kolokoa no es todavía una “reserva” ni un “recurso mineral” certificado, sino un objetivo de exploración estimado con los datos disponibles, y la empresa lo califica como conceptual. También avisa de que no hay exploración suficiente para estimar un recurso mineral y de que no es seguro que futuras campañas lo consigan.
La ley es otro concepto que suele despistar. Cuando se habla de 0,3 a 0,5 g/t, significa que en una tonelada de roca hay, de media, entre tres y cinco décimas de gramo de oro. Es poco, así que para sacar metal hay que mover mucho material, y ahí aparece parte de la huella ambiental.
Por eso el plan de 2026 es relevante. MGR explica que ha completado 30 perforaciones dentro de un programa de 82, y que el siguiente paso es seguir perforando para delimitar el área y apoyar una futura estimación de recursos.
Cómo se procesaría el oro
El comunicado incluye un dato técnico con traducción ambiental. La empresa ha hecho pruebas metalúrgicas “bottle roll” con lixiviación con cianuro para simular condiciones de “heap leach” (lixiviación en pila) y habla de recuperaciones del 87% al 94% en óxidos y del 81% al 92% en material de transición.
La lixiviación en pila es un método habitual en minería de oro, pero exige controles muy finos para evitar fugas y proteger acuíferos. Existe un estándar voluntario global, el International Cyanide Management Code, diseñado para promover una gestión segura y ambientalmente responsable del cianuro en minería, con auditorías independientes.
A esto se suman marcos como los Responsible Gold Mining Principles del World Gold Council, que ponen el foco en agua, energía y clima, residuos y cierre de mina. En el fondo, lo que se juega cualquier proyecto es la confianza, que lo que se anuncia se pueda comprobar sobre el terreno.
Permisos y vigilancia ambiental
En documentación técnica publicada por la compañía sobre Pani aparecen referencias a permisos ambientales y a evaluaciones de impacto en Indonesia. Se citan aprobaciones de viabilidad ambiental (SKKL) y permisos ambientales (IL) obtenidos en julio de 2016, además de addendas posteriores ligadas a AMDAL y a planes de restauración.
Estas siglas suenan burocráticas, pero son el “manual” que debería obligar a controlar impactos y a reportarlos. Incluyen planes de gestión y seguimiento ambiental que, en un entorno tropical con lluvias intensas, son especialmente importantes para el agua y los suelos.
También ayuda mirar el contexto regional. En Gorontalo se han analizado los efectos de la minería artesanal y a pequeña escala, un tipo de extracción que en muchos países se ha vinculado al uso de mercurio y a riesgos para la salud y el medio ambiente. Si el oro va a traer inversión y empleo, como defienden la empresa y las autoridades provinciales, lo lógico es exigir transparencia y controles verificables.
Reciclar oro para no depender solo de nuevas minas
Hay otra pieza del puzle que suele pasar desapercibida. El Global E-waste Monitor recuerda que en 2022 el mundo generó 62 millones de toneladas de residuos electrónicos y que solo el 22,3% se recogió y recicló de forma formal y documentada.
Eso importa porque en esa “basura” hay metales valiosos y también sustancias tóxicas si se gestiona mal. Europa aparece como la región con la tasa documentada más alta, alrededor del 42,8%, pero la cifra global sigue siendo baja. ¿Cuántos móviles viejos hay en un cajón de casa ahora mismo?
Y el mercado lo refleja. El World Gold Council estima que en 2025 la producción minera alcanzó 3.672 toneladas, mientras que el oro reciclado subió solo un 3% en el conjunto del año. Si el reciclaje no escala, la presión para abrir nuevas minas se mantiene.
Lo que viene ahora
A corto plazo, toca seguir el rastro de los datos. Más perforaciones, más pruebas y, si todo cuadra, una estimación de recursos con criterios reconocidos, porque un objetivo de exploración no basta para medir viabilidad.
En paralelo, la conversación ambiental no debería llegar tarde. Las claves están en el agua, en la gestión de soluciones y residuos, en la restauración y en la información pública que permita comprobar lo que se promete. No es poca cosa.
El comunicado oficial se ha publicado en la web corporativa de PT Merdeka Gold Resources Tbk.












