En la frontera entre Argentina y Chile, en plena cordillera de los Andes, hay un proyecto minero que se ha convertido en símbolo de una tensión muy actual. Por un lado, el cobre que pide la electrificación. Por otro, el agua que depende del hielo y del deshielo.
El yacimiento se llama Filo del Sol y las empresas que lo impulsan lo presentan como un hallazgo de escala mundial. El problema es que está en alta montaña, cerca de zonas donde la ley argentina buscaba blindar glaciares y ambiente periglacial, justo cuando esa protección se está revisando en abril de 2026.
Un recurso que impresiona
Lundin Mining comunicó en mayo de 2025 una primera estimación de recursos minerales para Filo del Sol, dentro del distrito Vicuña. En la categoría medida e indicada habló de 13 millones de toneladas de cobre y, además, de 25 millones de toneladas adicionales en la categoría inferida.
En metales preciosos, el anuncio incluye 32 millones de onzas de oro y 659 millones de onzas de plata en medido e indicado, con una parte inferida todavía mayor. Jack Lundin lo describió como “uno de los descubrimientos más importantes de los últimos 30 años”, una frase que explica la dimensión del interés alrededor del proyecto.
Qué significan realmente esas cifras
Un “recurso mineral” no es lo mismo que una reserva ni implica que una mina vaya a abrir mañana. Es una estimación técnica basada en perforaciones, análisis y modelos, que se va ajustando con nuevos datos, y puede subir o bajar.
La propia compañía detalla que el cálculo se apoya en cientos de sondeos y del orden de 200.000 metros de perforación solo en Filo del Sol, en los datos usados para su estimación inicial. Eso ayuda a entender por qué un titular llamativo no llega solo, llega con mucha geología detrás.
El hielo como línea roja
A esa altitud, el metal convive con glaciares y con el llamado “ambiente periglacial”, zonas frías con suelos a menudo congelados que funcionan como reguladores del agua. ¿Qué se juega en la práctica para quien vive río abajo? Mucho, porque ahí se decide parte del agua de beber y de regar.
Dialogue Earth recordaba en 2024 que glaciares y áreas periglaciares tienen un peso enorme en el agua dulce del país, y que la ley vigente marcaba límites a la minería en esos entornos. En ese mismo reportaje, FARN denunció que el pozo a cielo abierto de Josemaría (el otro gran proyecto del distrito) “podría cortar un glaciar de escombros” y situar escombreras en zonas con probabilidad de permafrost, un aviso de lo delicado que puede ser este tipo de desarrollo en alta montaña.
La Ley de Glaciares cambia el tablero
La Ley 26.639, aprobada en 2010, se diseñó como un “suelo mínimo” de protección ambiental. Su lógica era preventiva, y entre sus prohibiciones incluye la exploración y explotación minera en glaciares y ambiente periglacial, precisamente por su papel como reserva estratégica de agua.
A principios de abril de 2026, el Congreso argentino aprobó una reforma impulsada por el Gobierno que ha generado rechazo social y preocupación científica. Según la información publicada por El País y The Guardian, el cambio da más peso a las provincias y condiciona la protección a la “función hídrica” que se atribuya a cada zona.
En la práctica, esto abre una discusión nueva sobre qué queda dentro y qué queda fuera. Para proyectos como Filo del Sol, el riesgo es que el debate pase de “prohibido” a “depende”, y ahí el agua puede perder la partida si no hay controles fuertes y verificables. No es poca cosa.
Minería a 5.000 metros y sus impactos
La logística en torno a los 5.000 metros no es un detalle. Frío, viento, radiación y mal de altura condicionan seguridad, turnos y transporte, y encarecen cualquier infraestructura, desde carreteras hasta campamentos.
Luego llegan los impactos ambientales propios de la minería metalífera, que en alta montaña se vuelven más sensibles. El consumo de agua es una de las grandes preocupaciones, y el debate en Argentina está lleno de comparaciones, desde el caso de La Alumbrera (citado por FARN como ejemplo de consumos muy altos) hasta la respuesta del sector minero, que asegura que la actividad representa una fracción pequeña del uso total y que recircula gran parte del agua.
Qué conviene tener en cuenta
El distrito Vicuña se gestiona a través de una empresa conjunta entre BHP y Lundin Mining, con Vicuña Corp. como operadora, y abarca Filo del Sol y Josemaría a ambos lados de la cordillera. Ese detalle importa porque obliga a coordinar estándares, permisos y compromisos ambientales en dos países.
El cobre es clave para redes eléctricas, renovables y movilidad eléctrica, y eso explica por qué estos proyectos ganan tanta atención cuando hablamos de descarbonizar y de la factura de la luz. Pero la transición no se mide solo por cuántos megavatios instalamos, también por cómo cuidamos el territorio que sostiene el agua.
El comunicado oficial más reciente sobre el avance del proyecto Vicuña y su informe técnico se publicó en la web corporativa de Lundin Mining en marzo de 2026.









