La arena está en todas partes, pero no toda sirve para construir. Mientras se extrae arena de ríos, canteras y fondos marinos con impactos cada vez más visibles, en los desiertos sobran granos finísimos que, hasta ahora, se consideraban poco útiles para el hormigón.
Un equipo de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU) y la Universidad de Tokio ha probado en el laboratorio una alternativa simple que consiste en prensar arena desértica junto con pequeñas partículas de madera. De esa mezcla sale un material llamado Botanical SandCrete (también descrito como “botanical sand concrete”) que, por ahora, apunta a usos como adoquines y pavimentos. Y deja en el aire una pregunta, si hay tanta arena, ¿por qué seguimos “vaciando” ríos?
La paradoja de un recurso que se agota por otro lado
Cuando pensamos en arena, casi nadie imagina escasez. Sin embargo, la construcción necesita un tipo muy concreto, con granos de tamaño y forma adecuados para que la mezcla aguante bien con el paso del tiempo.
Ese detalle empuja la extracción de arena de río y la trituración de roca, prácticas que dejan huella en el entorno y que además dependen de depósitos que no son infinitos. En el fondo, el problema no es que falte arena en el planeta, sino que escasea la “arena buena” para el hormigón de siempre. Y eso se nota.
Además, la ONU pone cifras al vértigo. Cada año se usan en el mundo alrededor de 50.000 millones de toneladas de arena y grava, un volumen que obliga a replantear cómo se extrae y cómo se gestiona. Si la obtienes sin control, el impacto no se queda en el paisaje, también puede afectar a la erosión, a las inundaciones o a la salinización de acuíferos.
Qué han logrado Japón y Noruega en el laboratorio
La propuesta no es el típico “hormigón mejorado”. En el estudio, el equipo presenta Botanical SandCrete (BSC), un material creado sin cemento mediante un proceso de prensado en caliente que combina arena muy fina y madera, y en el que se ajustan variables como temperatura, presión, proporciones y tiempo.
La parte importante es que no se quedan en una idea bonita. El artículo explica que los prototipos pueden cumplir los requisitos de los estándares industriales japoneses para bloques de pavimento en la mayoría de condiciones ensayadas. Eso lo coloca en el terreno de lo práctico, aunque todavía lejos de levantar estructuras de carga en edificios.
Por qué la arena del desierto “no vale” y cómo consiguen que sí
Ren Wei, investigador en la NTNU, resume el bloqueo con una frase muy directa. “The challenge is that desert sand is so fine-grained that it is not suitable as a fastener in concrete.”
Dicho de forma sencilla, con la receta habitual el material queda flojo. Por eso el equipo cambia el enfoque y pasa de “encajar granos” a “compactar y pegar” la mezcla usando calor y presión.
Algunas explicaciones divulgativas añaden el porqué de ese pegado. Bajo calor y presión, la lignina (un polímero natural de la madera) puede ablandarse y actuar como adhesivo, y la alcalinidad de la arena ayuda a que el conjunto se una mejor. Es curioso, porque el propio artículo científico también apunta que la finura y la alcalinidad de la arena desértica, que antes se veían como un problema, aquí pueden mejorar el rendimiento del material.
Dónde encaja en la sostenibilidad y dónde están los límites
Si hablamos de clima, la pieza encaja por dos frentes. La propia NTNU recuerda que el hormigón es el material de construcción más usado del mundo después del agua, que se producen más de cuatro mil millones de toneladas de cemento al año y que el sector se asocia a alrededor del 8% de las emisiones globales de CO2. No es poca cosa.
Pero el problema no es solo el cemento. También está la arena, un ingrediente que casi damos por hecho cuando vemos obras en la calle, aceras nuevas o una rotonda que aparece en semanas. La UNEP insiste en que la arena y la grava son el recurso más explotado del planeta después del agua y que su extracción mal gestionada puede tener efectos serios en ecosistemas y comunidades.
Ahora bien, conviene poner el freno a la euforia. Los investigadores hablan de prototipos y de ensayos de laboratorio, y el propio Ren Wei avisa de que “we need to test more”, incluyendo cómo aguanta el material el frío antes de pensar en ciertos usos o en ciertos países. En pocas palabras, la idea es prometedora, pero aún está en fase de prueba.
Qué significa esto para el futuro de la construcción
En la práctica, el mayor “clic” de esta idea es geográfico. El equipo subraya que el beneficio ambiental se dispara si el material se fabrica cerca de las zonas desérticas, para no convertir el transporte de materiales pesados en el nuevo problema.
Además, el estudio abre la puerta a una versión aún más circular. Los autores plantean investigar el uso de residuos agrícolas como materia prima y el uso de energía solar como fuente en la producción, algo que encaja especialmente en regiones áridas con mucho sol. Si esto se afina, podría ayudar a que los desiertos pasen de ser “suelo inútil” a una parte de la solución.
¿Llegaremos a ver carreteras hechas con arena del desierto? Es pronto para afirmarlo. Pero este trabajo ya pone una alternativa realista sobre la mesa para pavimentos y bloques, justo esas piezas que pisamos cada día sin pensarlo.
El estudio se ha publicado en Journal of Building Engineering.











