Todos lo tenemos en casa pero nadie se ha dado cuenta de que tiene oro de 22 quilates: este aparato es un tesoro oculto y llevas años tirándolo a la basura

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Por HoyECO
Publicado el: 16 de abril de 2026 a las 23:42
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Placa base de ordenador con contactos de oro utilizada en reciclaje de residuos electrónicos

Hay miles de móviles viejos y ordenadores olvidados en cajones, trasteros y oficinas. El problema es que, cuando acaban en la basura, no solo perdemos plástico y metal. También se escapan recursos valiosos y sustancias peligrosas que deberían tratarse bien.

El dato pone los pies en la tierra. En 2022 se generaron en el mundo 62 millones de toneladas de residuos electrónicos y solo un 22,3% quedó registrado como recogido y reciclado de forma adecuada. Si seguimos igual, la cifra podría subir hasta 82 millones de toneladas en 2030. (itu.int)

El hallazgo suizo que convierte dos residuos en un «tesoro»

Un equipo de la ETH Zúrich ha mostrado en laboratorio una forma distinta de recuperar oro de placas electrónicas. Lo sorprendente no es solo el resultado, sino el material que usan para capturar el metal. Parten del suero de leche, un subproducto habitual de la industria del queso.

Con 20 placas base antiguas, los investigadores obtuvieron una pepita de oro de 22 quilates de unos 450 miligramos. El propio centro explica que la pieza final rondaba el 91% de oro y el resto era sobre todo cobre, una proporción que encaja con esos 22 quilates.

El profesor Raffaele Mezzenga lo resumió así, «no se puede pedir algo más sostenible» (traducción del inglés). Suena rotundo, pero conviene fijarse en la letra pequeña.

Un residuo que crece más rápido que el reciclaje

Aunque Europa es la región que más recoge y recicla de forma documentada, en 2022 se quedó en torno al 42,8% del total generado. A escala global, el Monitor advierte de que los residuos electrónicos crecen casi cinco veces más rápido que la recogida y el reciclaje formal.

Además, estos residuos pueden llevar sustancias peligrosas, como mercurio o plomo, que exigen un tratamiento correcto. Cuando la electrónica se abandona o se gestiona mal, el impacto salta del vertedero al aire, al suelo y al agua.

Por qué tiramos oro cuando tiramos electrónica

El oro se usa en electrónica porque conduce muy bien la electricidad y resiste la corrosión. Por eso aparece en contactos, conectores y recubrimientos muy finos. En cada dispositivo hay poco, pero cuando se acumulan millones de aparatos, el volumen se vuelve relevante.

Aquí entra el concepto de «minería urbana», que consiste en recuperar materiales de lo que ya hemos fabricado y desechado. El Monitor Global estima que, dentro de los metales incrustados en los residuos electrónicos de 2022, había miles de millones de dólares en juego, incluido oro, y una parte importante se perdió por falta de reciclaje.

El «imán» de proteína que atrapa el oro en el líquido

La clave del método es una esponja porosa hecha con fibras proteicas. El equipo explica que desnaturaliza proteínas del suero en condiciones ácidas y con calor hasta formar nanofibras del tipo amiloide. Luego seca el gel hasta obtener un aerogel ligero y lleno de poros.

En el artículo científico, los autores reportan una capacidad de adsorción de oro de 166,7 miligramos por gramo de aerogel y una buena selectividad frente a otros metales. En la práctica, eso significa capturar oro incluso cuando está mezclado con metales mucho más abundantes.

Lo que ocurre antes y después de la pepita

Para llegar al «líquido con metales», primero hay que disolver las partes metálicas de las placas. En el estudio se describe el uso de agua regia, una mezcla ácida muy corrosiva, para extraer los metales y convertirlos en iones. Es un paso delicado y no es, ni de lejos, algo para hacer en casa.

El propio trabajo da una pista de por qué la selectividad es tan interesante. Antes del tratamiento, la solución tenía oro en concentraciones muy bajas, alrededor de 1,44 partes por millón, mientras que cobre y hierro estaban en miles de partes por millón. Aun así, el aerogel logró reducir el oro de la solución.

Después viene la parte visible. Una vez cargada, la esponja se calienta para reducir los iones a oro metálico y formar escamas que luego se funden. Ahí aparece la pepita.

¿Qué gana el medio ambiente si esto se escala

Lo primero es obvio, menos dependencia de extraer oro nuevo de minas, que suele implicar mover mucha tierra y gastar mucha energía. Esa energía acaba costando dinero y emisiones, y a la larga se nota.

El Monitor Global aporta una cifra útil para entenderlo. Con una gestión formal de residuos electrónicos se evitaron emisiones equivalentes a 93 millones de toneladas de CO2 en 2022, sumando refrigerantes recuperados y minería de metales evitada. En un mundo donde cada tonelada cuenta, esto no es poca cosa.

Además, el estudio incluye análisis de ciclo de vida y de viabilidad económica. En la nota de la ETH Zúrich, los investigadores señalan que el coste de materiales y energía del proceso en laboratorio fue unas 50 veces menor que el valor del oro recuperado.

La letra pequeña que conviene no perder de vista

La palabra «sostenible» no significa «sin química». Aquí se usan ácidos fuertes y altas temperaturas en etapas concretas, así que el reto es hacer el proceso seguro, eficiente y con circuitos cerrados de reactivos cuando se piense en industria.

Por eso el avance es importante, pero no es un atajo para reciclar en casa. Lo más realista es verlo como una pieza nueva para la industria del reciclaje, una que podría complementar métodos actuales y reducir el uso de materiales más problemáticos.

Mientras tanto, el mensaje para cualquiera de nosotros es claro. ¿Tienes aparatos que ya no usas? Llevarlos a un punto limpio o a un comercio con recogida de RAEE (residuos de aparatos eléctricos y electrónicos) sigue siendo la forma más directa de evitar que terminen en vertederos. Y eso se nota.

El estudio ha sido publicado en Advanced Materials.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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