Los geólogos no dan crédito: encuentran fábricas naturales de oro bajo el mar y ahora podrían replicarlo en la superficie

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Publicado el: 17 de abril de 2026 a las 08:01
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Partículas de oro en sedimentos durante proceso de formación natural en entorno acuático.

El oro nos suena a joyas, lingotes y a esa fiebre que ha movido a personas de un continente a otro durante siglos. Pero su historia real empieza donde no llega la luz, bajo el océano, y a una escala de tiempo que cuesta imaginar.

Un equipo internacional liderado por el geólogo marino Christian Timm ha encontrado una pista clave en el Pacífico Sur. En ciertos arcos de islas volcánicas, el manto puede comportarse como un sistema de fusión “por etapas” que va concentrando oro en el magma mucho antes de que el metal llegue cerca de la superficie.

Un laboratorio bajo el mar

La investigación se centró en el arco de Kermadec y en el sistema de retroarco de Havre, al norte de Nueva Zelanda. El equipo analizó 66 muestras de vidrio volcánico recogidas en el lecho marino, un material que se forma cuando la lava se enfría muy rápido bajo el agua y preserva la química del magma.

Algunas de las muestras más útiles son los “vidrios primitivos”, porque se parecen al magma antes de que cambie por cristalización. “Cuando analizamos estas muestras, vimos que las concentraciones de oro eran a menudo varias veces superiores a las de magmas comparables de dorsales oceánicas”, explica Timm. 

Subducción en pocas palabras

Para entender lo que pasa ahí abajo, conviene imaginar dos placas chocando lentamente. En las zonas de subducción, una placa oceánica se hunde bajo otra y arrastra agua hacia el interior de la Tierra, lo que facilita que parte del manto se funda y genere magma que acaba alimentando volcanes.

Lo llamativo es que muchos depósitos de oro especialmente ricos se asocian a este tipo de regiones. El artículo científico recuerda que los depósitos masivos de sulfuros del fondo marino en arcos y retroarcos suponen alrededor del 40% de las ocurrencias conocidas a escala global, y que algunos pueden alcanzar leyes de oro muy altas.

El oro no sale de la nada

La clave del trabajo está en medir el oro con mucha precisión y compararlo con otros elementos “amigos del azufre” (plata, cobre, selenio o platino), porque se comportan de forma parecida durante la fusión. Con ese puzle, los autores concluyen que, bajo Kermadec, la fusión ocurre en un manto con agua y a temperaturas relativamente altas, y llegan a registrar valores de oro de hasta 6 nanogramos por gramo de roca.

El mensaje más importante es que no basta con “fundir una vez”. “Al principio asumimos que el agua liberada por la subducción controlaba directamente el enriquecimiento en oro, pero nuestros datos muestran que el agua sobre todo facilita la fusión del manto”, señala Timm, y añade que el factor decisivo es un grado de fusión alto y, en parte, repetido.

Aquí entra un detalle clave sobre el propio metal. “El oro en el manto suele estar ligado a minerales de sulfuro”, explica Timm, y cuando la fusión es lo bastante intensa esos minerales se rompen y liberan el oro al fundido.

Del magma al yacimiento

Otra pregunta inevitable es si este oro “viaja” hasta convertirse en depósitos aprovechables. En los arcos volcánicos submarinos hay sistemas hidrotermales activos, con fluidos calientes que precipitan sulfuros y pueden concentrar metales en zonas concretas, incluidas chimeneas en el fondo del mar.

En Kermadec se han descrito volcanes con actividad hidrotermal y mineralización masiva de sulfuros. El artículo menciona, por ejemplo, Brothers Volcano, donde se han observado valores de oro muy altos en algunas chimeneas, algo que ayuda a entender por qué esta región interesa tanto a los geólogos.

Aun así, los autores piden prudencia con la lectura rápida de “hay oro bajo el mar”. Desde GEOMAR recuerdan que, aunque las concentraciones en los magmas son altas desde el punto de vista geológico, no son viables para minería y harían falta órdenes de magnitud más. Además, la conexión exacta con los sistemas hidrotermales “aún necesita investigarse más”, en palabras del propio Timm.

La otra cara del tesoro

Y aquí es donde el tema toca de lleno el medio ambiente. La minería en aguas profundas se discute porque la demanda de minerales crece con la transición energética y porque el fondo marino concentra algunos recursos, pero los riesgos ecológicos no son menores y la incertidumbre sigue siendo alta. Un informe del Consejo Asesor Científico del secretario general de la ONU advierte de que la minería submarina podría tener efectos amplios, duraderos e incluso irreversibles sobre los ecosistemas marinos, además de generar plumas de sedimentos y otros impactos difíciles de acotar.

En paralelo, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos sigue negociando el “código minero” para regular una posible explotación en aguas internacionales. En un comunicado de finales de marzo de 2026, la institución explica que su Consejo avanzó en las negociaciones y prevé retomar el trabajo en julio de 2026.

El debate, además, no va en una sola dirección. En sus propias preguntas frecuentes para medios, la Autoridad reconoce que 40 países han pedido una “pausa precautoria” o una moratoria, y en esa lista aparece España. No es poca cosa.

Lo que puedes tener en cuenta

Este estudio no es un mapa del tesoro, pero sí una pieza importante para entender por qué ciertos entornos volcánicos acaban siendo ricos en metales. Pone el foco en procesos profundos que ocurren antes de que existan vetas o chimeneas, y ayuda a explicar por qué las zonas de subducción aparecen una y otra vez cuando se habla de grandes depósitos de oro.

También deja una pista práctica, aunque sea indirecta. Si abrir nuevas fronteras extractivas tiene riesgos y todavía muchas incógnitas, reducir la presión sobre nuevas fuentes gana peso, y ahí entran el reciclaje y la economía circular (sobre todo en electrónica). El mismo informe de la ONU apunta a estrategias de circularidad para depender menos de nueva extracción.

El estudio ha sido publicado en Communications Earth & Environment.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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