La NASA confirma que la rotación de la Tierra ha cambiado y las consecuencias están a punto de llegar: los días van a durar 25 horas

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Por HoyECO
Publicado el: 26 de abril de 2026 a las 22:01
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La Tierra vista desde el espacio con iluminación solar mostrando cambios en su rotación según estudios de la NASA.

Miramos el reloj y damos por hecho que un día dura 24 horas. Pero la realidad es un poco más “elástica”. La Tierra no gira como un metrónomo perfecto y, aunque el cambio sea minúsculo, los científicos pueden medirlo con precisión.

La conclusión principal es clara y sorprendente a la vez. La Luna lleva miles de millones de años frenando la rotación del planeta, pero ahora el cambio climático está metiendo mano en ese mismo “freno” al redistribuir hielo y agua por la superficie. ¿El resultado? Días ligeramente más largos, y una señal más de que el planeta está cambiando por dentro y por fuera.

Un día no es siempre exactamente de 24 horas

Cuando decimos “24 horas”, hablamos de una convención muy útil para la vida diaria. En la práctica, la duración del día cambia un poco por la combinación de mareas, vientos, movimientos del agua y procesos del interior terrestre. Son variaciones pequeñas, sí, pero reales.

Aquí entra un concepto que ayuda a entender por qué importa. Nuestros relojes oficiales se apoyan en el tiempo atómico (muy estable), mientras que la rotación de la Tierra es irregular. Por eso existen los “segundos intercalares”, que se añaden de vez en cuando para que el tiempo civil no se aleje demasiado del “tiempo astronómico” ligado a cómo gira el planeta.

Y conviene ponerlo en números sencillos. Un milisegundo es la milésima parte de un segundo. En tu día a día no lo notas, pero en sistemas que dependen de medidas finísimas (satélites, navegación, telecomunicaciones) esos milisegundos cuentan. Y mucho.

La Luna es el freno de fondo

El “motor” principal del alargamiento de los días a lo largo de la historia reciente es la Luna. Su gravedad tira de los océanos, crea abultamientos de marea y esa fricción actúa como un freno sobre la rotación terrestre. En promedio, ese efecto (la llamada fricción de marea lunar) ha ido alargando el día a un ritmo de unos 2,4 milisegundos por siglo.

Esto no es una teoría suelta. Astrónomos y geofísicos lo han reconstruido con registros históricos de eclipses y otros eventos celestes durante miles de años. Un trabajo clásico que compiló observaciones desde 720 a. C. hasta 2015 muestra cómo la rotación terrestre ha ido cambiando con el tiempo, y pone límites bastante firmes a lo que esperamos a escala de siglos.

Además, hay un detalle curioso que a menudo se pierde en los titulares. Investigadores de la Universidad de Toronto explican que la duración del día ha estado condicionada por un “tira y afloja” entre la marea lunar (que frena) y una marea atmosférica impulsada por el Sol (que puede empujar en sentido contrario). De hecho, recuerdan que hoy el día sigue alargándose a un ritmo cercano a 1,7 milisegundos por siglo, de media.

El cambio climático también empuja el reloj

Aquí viene la parte que conecta directamente con el medio ambiente. Dos estudios financiados por la NASA han analizado cómo el deshielo, la pérdida de agua subterránea y el aumento del nivel del mar están afectando a la rotación de la Tierra. No es poesía, es física. Si mueves masa desde los polos hacia zonas más cercanas al ecuador, el planeta tiende a girar un poco más despacio.

La NASA lo explica con una imagen muy visual, la de una patinadora artística. Cuando abre los brazos, su giro se ralentiza. Con la Tierra pasa algo parecido cuando el agua procedente del deshielo se redistribuye por los océanos. Y ese movimiento ya se está viendo en los datos.

Según esos trabajos, desde el año 2000 los días se han estado alargando a un ritmo de unos 1,33 milisegundos por siglo por factores ligados a hielo y agua (más rápido que en el siglo anterior, cuando la cifra oscilaba entre 0,3 y 1,0 milisegundos por siglo). Y si las emisiones siguen creciendo, ese alargamiento asociado al clima podría llegar a 2,62 milisegundos por siglo hacia finales de este siglo, incluso superando el efecto medio de la Luna. Dicho así suena pequeño, pero es una huella física del calentamiento global. 

Hay más. La misma línea de investigación relaciona esta redistribución de masa con el “bamboleo” del eje de giro. La NASA habla de un desplazamiento de alrededor de 10 metros del eje en unos 120 años, y de que buena parte de las oscilaciones se explican por cambios en hielo, aguas subterráneas y nivel del mar.

¿Cuándo llegarían los días de 25 horas?

Vamos a la pregunta que está detrás de tantas búsquedas. No, no vamos a despertar un jueves con un día de 25 horas. Para llegar a eso falta una barbaridad de tiempo en escala humana, incluso aunque el proceso de alargamiento siga. Y en ciencia, cuando hablamos de “fecha”, aquí en realidad hablamos de escalas geológicas.

Una forma sencilla de entenderlo es usar el ritmo medio de alargamiento que se maneja en muchos estudios divulgativos y académicos, alrededor de 1,7 a 1,8 milisegundos por siglo. La Comisión Europea, a través de CORDIS, resume que al ritmo actual harían falta unos 2 millones de siglos para sumar una hora completa, lo que equivale aproximadamente a 200 millones de años. Así que sí, “un día de 25 horas” es coherente como idea a muy largo plazo, pero no es una fecha “marcada” en nuestro calendario.

Y aquí va el matiz importante. Ese cálculo supone que el ritmo se mantiene de forma parecida durante millones de años, algo que no siempre ocurre porque entran muchos factores (geología, clima, océanos, atmósfera). Por eso, más que una cuenta atrás, es una estimación de orden de magnitud. No es poca cosa, pero hay que leerlo con la escala correcta.

Por qué importa aunque tú no lo notes

La pregunta lógica es “¿y esto a mí qué?”. En lo cotidiano, prácticamente nada. Tu jornada laboral no cambia, ni tu despertador va a “fallar” por milisegundos. Pero los sistemas que sincronizan el mundo sí tienen que vigilarlo, porque GPS, navegación espacial y redes dependen de tiempos muy precisos.

De hecho, la propia NASA recuerda que ese pequeño desfase hay que tenerlo en cuenta porque la tecnología moderna se apoya en relojes y sincronización de alta precisión. Y cuando hablamos de enviar sondas o calcular trayectorias, un error diminuto puede crecer con la distancia.

Ahí entran los organismos que “ajustan” el tiempo oficial. El IERS (International Earth Rotation and Reference Systems Service) publica los avisos sobre segundos intercalares. Y el Observatorio Naval de EE UU (USNO) indica que no se introducirá un segundo intercalar a finales de junio de 2026. En la práctica, es la prueba de que estos ajustes no se hacen por intuición, sino siguiendo datos muy concretos sobre cómo está girando el planeta.

El estudio científico principal del que estamos hablando ha sido publicado en PNAS.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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