Obra colosal de la ingeniería: Hanói prepara una piscina subterránea equivalente a 50.000 piscinas olímpicas para controlar las inundaciones

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Publicado el: 23 de abril de 2026 a las 08:01
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Interior de un sistema de drenaje subterráneo gigante con pilares, similar al proyecto de superembalse de Hanói.

Hanói está diseñando una pieza de infraestructura que, si llega a construirse tal y como está planteada, cambiaría por completo la forma en la que una gran ciudad se defiende de los chaparrones extremos. La idea es un “superembalse subterráneo” con una capacidad aproximada de 125 millones de m³, dentro de un plan urbano con visión a 100 años que quiere atacar varios problemas a la vez, desde las inundaciones hasta la congestión y la contaminación.

El dato impresiona, pero conviene leerlo con calma. No es una obra para mañana, el calendario que se maneja sitúa su construcción entre 2036 y 2045 y, mientras tanto, la ciudad ya está impulsando medidas más inmediatas como depósitos subterráneos de emergencia para puntos conflictivos. El mensaje de fondo es claro, el agua cada vez aprieta más y el urbanismo tiene que ponerse al día.

Un superembalse bajo tierra con 125 millones de m³

El proyecto central del plan es un gran depósito subterráneo de regulación, con una capacidad total estimada de unos 125 millones de m³. Traducido a una imagen sencilla, se presenta como un volumen comparable al de unas 50.000 piscinas olímpicas, una escala pensada para aguantar episodios de lluvia muy intensos.

La propuesta no surge por capricho. Hanói registra episodios de precipitaciones extremas que pueden llegar a entre 300 y 500 mm en un solo día, y en una ciudad con mucha superficie sellada por hormigón y zonas bajas, el agua se acumula rápido y corta la vida cotidiana. Y ahí es cuando aparecen los atascos, los comercios cerrados y calles que parecen ríos.

Los cálculos preliminares citados en la planificación apuntan a que un sistema de este tipo podría reducir daños por inundaciones por valor de “billones” de VND al año. Es una estimación, no un resultado garantizado, pero da una pista de por qué se está pensando a lo grande.

Cómo funcionaría y por qué se compara con Tokio

El esquema de funcionamiento que se plantea se parece al de otros grandes sistemas subterráneos de control de avenidas. El agua de lluvia se captaría mediante túneles, se conduciría a depósitos centrales y, cuando el nivel de los ríos lo permita, se bombearía hacia grandes cauces como el río Rojo o el río Duong para aliviar el centro urbano.

La comparación más repetida es con el sistema japonés conocido como G Cans, en el área metropolitana de Tokio, un enorme canal de descarga subterráneo construido para desviar crecidas de ríos medianos hacia el río Edogawa. Allí hablamos de un túnel de 6,3 km a unos 50 metros bajo tierra y una capacidad de bombeo máxima de 200 m³ por segundo, según documentación del Ministerio japonés y de la oficina fluvial responsable.

Una de sus piezas más famosas es el gran tanque de regulación, apodado “Underground Shrine”, situado a unos 22 metros bajo tierra y con 177 metros de longitud, 78 metros de anchura y 18 metros de altura. En Japón se citan capacidades totales del sistema de hasta 670.000 m³, lo que ayuda a entender por qué en Hanói se habla de un salto de orden “ciento y pico” veces si se alcanzan los 125 millones de m³ proyectados.

Lo urgente llega antes con depósitos de emergencia

Aunque el “superembalse” se sitúa en el horizonte 2036 a 2045, Hanói ya está moviéndose con obras de corto plazo. Un ejemplo son dos depósitos subterráneos de emergencia, con capacidades de 2.500 m³ y 1.800 m³, previstos para estar listos antes de la temporada de lluvias de 2026.

Este enfoque por fases encaja con el propio plan maestro de la capital, que divide el desarrollo en etapas y pone el foco en resolver cuellos de botella como el tráfico, las inundaciones y la contaminación. Tiene lógica, porque la ciudad no puede “aguantar” diez o quince temporadas de lluvias esperando a una única obra gigante.

Además, estas actuaciones más pequeñas sirven como termómetro. Permiten ajustar diseños, mantenimiento y coordinación entre drenaje, bombeo y ríos, que es donde muchas veces se decide el éxito real cuando llega la tormenta de verdad.

Más lluvia intensa, más asfalto y el agua sin salida

Hay una parte incómoda que se repite en muchas grandes ciudades. El problema no es solo que llueva fuerte, también es que el agua ya no tiene por dónde filtrarse, porque el suelo está cubierto de asfalto, aceras duras y edificios, y además se han perdido o desconectado lagos, estanques y canales que antes retenían agua.

En Hanói, el propio debate público se reaviva cada vez que un aguacero colapsa calles y paraliza el tráfico. En un episodio citado por la empresa de drenaje de la ciudad, la lluvia en la noche del 30 de septiembre superó los 300 mm en algunas zonas, con calles anegadas y movilidad prácticamente bloqueada. ¿Qué significa esto en la práctica para quien solo intenta llegar al trabajo o volver a casa? Que el agua manda.

Y a todo esto se suma el contexto climático. La ciencia del clima lleva años señalando que, a medida que el planeta se calienta, la atmósfera puede contener más vapor de agua y eso favorece precipitaciones más intensas, lo que aumenta el riesgo de episodios de lluvia extrema. Reducir CO2 sigue siendo clave, pero la adaptación urbana ya no es opcional.

La “ciudad esponja” y el lado verde de la solución

Una idea que aparece cada vez más en planificación urbana es la de la “ciudad esponja”. En vez de confiarlo todo a tuberías y bombas, se intenta que la ciudad recupere capacidad de absorber y almacenar agua, con más zonas verdes, superficies permeables y espacios que puedan inundarse de forma controlada sin convertirse en un desastre.

En el caso de Hanói, expertos citados en el portal gubernamental hablan de pasar de “luchar contra las inundaciones” a “vivir con el agua”. En ese mismo enfoque se proponen medidas como materiales permeables en aceras y aparcamientos, parques inundables y depósitos subterráneos que actúen como pulmón cuando cae un diluvio.

Aquí entra también la contaminación. Si el agua de lluvia se mezcla con residuos y aguas sucias, el problema no es solo el charco, es el olor y el impacto en ríos y lagos urbanos. En Hanói se ha señalado que la ciudad genera más de un millón de m³ de aguas residuales domésticas al día y que menos del 30 por ciento se trata adecuadamente, un dato que explica por qué drenaje y depuración tienen que ir de la mano.

Qué conviene vigilar si el megaproyecto avanza

Un depósito subterráneo gigantesco puede ser una herramienta muy potente, pero no es magia. Requiere mantenimiento constante, coordinación con los niveles de los ríos y, sobre todo, energía para bombear cuando toca. En un mundo que intenta recortar emisiones, la pregunta lógica es cómo se alimentará esa infraestructura para que no dispare consumos y, de paso, “la factura de la luz” municipal.

También está el factor social. El plan maestro de Hanói se está elaborando con consultas y participación pública, y la propia ciudad ha recogido miles de respuestas y preguntas de comunidades locales, precisamente porque las grandes transformaciones urbanas afectan a vivienda, movilidad y calidad de vida. Cuanta más transparencia haya, menos ruido y más soluciones útiles.

Y por último, el dinero y la industria. El empuje por la infraestructura hídrica ya se está viendo en otras ciudades de Vietnam, con movimientos empresariales orientados a suministro de agua, drenaje y tratamiento de aguas residuales. Es una señal de que la gestión del agua se está convirtiendo en un sector estratégico, no solo en un “tema técnico”.

La información oficial sobre el plan maestro de Hanói con visión a 100 años se ha publicado en el Hanoi City Web Portal.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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