La India se la juega a China y EEUU y confirma su entrada en la carrera espacial: planea 8 lanzamientos para llegar al Polo Sur de la Luna

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Publicado el: 27 de abril de 2026 a las 15:33
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Cápsula Orion de la misión Artemis II de la NASA tras su regreso a la Tierra en el océano Pacífico.

El 1 de abril de 2026 la NASA lanzó Artemis II y, diez días después, su cápsula Orion amerizó en el Pacífico frente a California. No fue un alunizaje, pero sí el primer viaje tripulado alrededor de la Luna desde 1972 y la gran prueba para volver a pisarla. No es poca cosa.

Detrás de las imágenes hay un motivo muy terrenal que está reactivando la competición. El Polo Sur lunar podría esconder hielo de agua en cráteres en sombra permanente y eso cambia todo, desde el oxígeno hasta el combustible. ¿La pregunta de fondo? Si vamos a repetir allí la lógica de extraer y competir, o si esta vez aprenderemos a hacerlo con cabeza.

Artemis II pone a prueba lo que no se puede improvisar

Artemis II fue un vuelo de ensayo con cuatro astronautas (Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen) en un viaje de unos 10 días con sobrevuelo lunar y regreso. La NASA estima un recorrido total de unas 695.081 millas (casi 1,12 millones de kilómetros) y un punto máximo a unas 252.760 millas de la Tierra (unos 406.800 kilómetros), algo más lejos que el récord del Apolo 13.

La misión sirvió para evaluar sistemas de soporte vital, energía, navegación, comunicaciones y maniobras manuales a distancia lunar. Jared Isaacman, administrador de la NASA, habló de “a truly historic achievement” al recibir a la tripulación, y lo hizo con una idea clara en mente, preparar las próximas misiones.

Momento clave de la misión | Vïdeo: LiveNOW from FOX

El hielo lunar funciona como una despensa en la sombra

En los polos hay cráteres que prácticamente no ven la luz solar. Allí se forman “trampas frías”, zonas tan frías que el hielo puede mantenerse durante largos periodos, lo que las convierte en candidatas naturales para una base. Si te suena a ciencia ficción, aquí está la clave, el frío hace de “candado”.

La escala exacta todavía se discute porque depende de la profundidad y de cómo se mida. Aun así, ya hay pistas potentes, un radar de la NASA que voló en Chandrayaan-1 detectó más de 40 cráteres con señales compatibles con hielo y estimó del orden de 600 millones de toneladas en el polo norte, una referencia útil para entender por qué los polos se han vuelto tan estratégicos.

Agua, oxígeno y “repostaje” lejos de casa

En una base, el agua no es solo para beber. También puede usarse para producir oxígeno y, si se separa en hidrógeno y oxígeno, para fabricar propelente. En la práctica, tener hielo cerca es como tener la materia prima para respirar y mover naves sin depender tanto de envíos desde la Tierra.

Por eso se repite tanto la idea de usar recursos “in situ”, es decir, aprovechar lo que ya existe allí. Los Artemis Accords defienden que la extracción y uso de recursos debe hacerse de forma compatible con el Tratado del Espacio Exterior y en apoyo de actividades “safe and sustainable”. En el espacio, la eficiencia no es un eslogan, es supervivencia.

China, Rusia e India también miran al Polo Sur

China prepara su programa tripulado con el objetivo de un alunizaje hacia 2030 y lo conecta con la futura International Lunar Research Station (ILRS) junto a Rusia, según el repaso de Reuters sobre el estado del proyecto. A la vez, un equipo del Deep Space Exploration Laboratory ha mostrado un prototipo de impresora 3D que apuesta por construir “using lunar soil as the sole raw building material”.

Rusia, por su parte, ha vinculado su hoja de ruta a una infraestructura energética. Reuters informó de planes para una central eléctrica lunar con horizonte 2036, con participación de Rosatom y el Instituto Kurchatov, pensada para dar soporte a rovers, observatorios y a la propia ILRS.

India llega con una baza distinta, ya aterrizó en 2023 cerca del Polo Sur con Chandrayaan-3. En una nota oficial, ISRO explicó que sus mediciones confirman la presencia de azufre “unambiguously” y detalló otros elementos detectados, mientras sigue investigando el hidrógeno. Y el Gobierno de India fijó como meta enviar una persona a la Luna en 2040.

El coste invisible de más lanzamientos

El impulso lunar no solo se mide en kilómetros, también en emisiones. Investigadores han publicado inventarios globales de CO2 y contaminantes de lanzamientos y reentradas para poder modelar su efecto en la atmósfera, especialmente en capas altas. Es el tipo de impacto que no se ve desde la ventanilla.

Y hay una alerta concreta sobre el ozono. Un estudio de 2025 en Nature Climate and Atmospheric Science estima que, con escenarios de crecimiento de lanzamientos, la recuperación del ozono podría ralentizarse, con descensos medios globales pequeños pero medibles hacia 2030 y un impacto mayor en la primavera antártica.

Reglas para no llevar nuestros problemas a otro mundo

Aquí aparece el debate ecológico con mayúsculas. No se trata de proteger bosques lunares (no los hay), sino de evitar un “todo vale” que degrade el entorno, contamine lugares de interés científico o convierta el Polo Sur en un atasco de misiones.

Los Artemis Accords incluyen compromisos como compartir información y coordinarse para evitar interferencias, con “safety zones” temporales alrededor de operaciones. Y, en paralelo, COSPAR ha actualizado guías de protección planetaria para misiones lunares, con la idea de reducir contaminación accidental y proteger la ciencia.

La nota oficial más reciente sobre el final de Artemis II y el amerizaje de Orion está publicada por la NASA.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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