Un yacimiento maya de 3000 años de antigüedad no era solo un asentamiento, sino un gigantesco mapa del cosmos que se extendía a lo largo de kilómetros y aún hoy es visible desde el aire

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Publicado el: 24 de enero de 2026 a las 09:05
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Mapa LiDAR de Aguada Fénix en Tabasco mostrando la plataforma maya diseñada como cosmograma.

En el municipio de Balancán, en Tabasco, una loma que parecía parte del paisaje ganadero ha resultado ser algo mucho más ambicioso. Un nuevo estudio confirma que Aguada Fénix, un gran sitio maya de hace unos 3.000 años, fue planificado como un cosmograma, es decir, como una representación material del orden del universo que se extiende unos 9 por 7,5 kilómetros sobre el terreno. Y todo ello sin palacios, sin reyes visibles y sin rastro de trabajo esclavo.

Un mapa del universo grabado en la tierra

El sitio fue identificado con tecnología LiDAR, que “barre” el terreno con láser desde el aire y permite ver estructuras que el ojo humano confunde con colinas o parcelas. Bajo esa apariencia discreta apareció una enorme plataforma de tierra de unos 1.400 metros de largo por 400 de ancho y hasta 15 metros de altura, rodeada por calzadas, corredores, canales y una presa conectada a una laguna cercana. Visto en conjunto, todo el trazado dibuja varias cruces encajadas que siguen los ejes norte sur y este oeste.

Los investigadores describen Aguada Fénix como un “cosmograma”, una especie de mapa tridimensional donde espacio y tiempo se ordenan según esos ejes cardinales. El Instituto Nacional de Antropología e Historia de México resume la idea de forma muy clara al explicar que el conjunto integra “una representación material del orden del universo en el espacio y en el tiempo”. Esa escala no es menor, el diseño compite en extensión con ciudades mesoamericanas mucho más tardías, como Tikal o Teotihuacán.

Sol, calendarios y procesiones

En el centro de la gran plataforma se encuentra el llamado Grupo E, un conjunto de estructuras orientado de forma muy precisa. Cuando una persona se sitúa en el montículo occidental, el sol amanece en el eje central del conjunto en dos fechas concretas, el 24 de febrero y el 17 de octubre, separadas por 130 días, la mitad del ciclo ritual de 260 días que más tarde emplearían mayas y mexicas. En la práctica, el paisaje entero funcionaba como calendario y como escenario ritual a la vez.

El LiDAR y las excavaciones muestran también una red de calzadas y canales que refuerza esa lectura. Algunos corredores atraviesan antiguas zonas húmedas y parecen pensados para procesiones en época seca. El propio equipo plantea que las grandes ceremonias incluirían procesiones, banquetes, intercambio de bienes entre grupos y encuentros sociales, algo que hoy nos recuerda a una mezcla de romería, fiesta mayor y feria regional.

Jade, colores sagrados y una mujer dando a luz

Entre los hallazgos más llamativos está un gran pozo en forma de cruz excavado hasta la roca madre en el eje este oeste del Grupo E. Dentro aparecieron veinticuatro piezas en forma de hacha de arcilla sin cocer y, en el centro, otro pequeño cruciforme que contenía un depósito ritual muy especial. Sobre una base de arcilla negra se identificaron pigmentos azules, verdes y amarillos, además de conchas marinas colocadas en posiciones concretas.

El análisis indica que el azul de azurita, el verde de malaquita y el amarillo ocre, junto con las conchas rojizas y amarillas, serían la expresión más antigua conocida del simbolismo cromático direccional en Mesoamérica, donde cada color se asocia a un punto cardinal. Algunas piezas de jade representan animales y una figura femenina en pleno parto, imágenes vinculadas a la vida cotidiana más que al poder de un gobernante. Aquí el “universo” no se reduce al cielo, incluye también nacimiento, agua y fauna.

Una obra gigantesca sin tronos ni esclavos

Con todo este despliegue, podría esperarse un gran palacio o esculturas de gobernantes. No es el caso. Hasta ahora no han aparecido residencias monumentales ni imágenes de élites, y el propio equipo insiste en que la obra se levantó sin una jerarquía marcada ni trabajo forzado. Se calcula que hicieron falta más de mil personas y cientos de miles de jornadas de trabajo para excavar canales de hasta 35 metros de ancho y 5 de profundidad, levantar la plataforma y organizar el sistema hidráulico que debía alimentar los canales desde la laguna mediante una presa, aunque ese sistema quedó inacabado y no hay señales de riego agrícola.

La pregunta cae por su propio peso. ¿Qué lleva a tanta gente a mover semejante cantidad de tierra sin máquinas, sin nóminas y sin un rey que dé órdenes? Los autores apuntan a una combinación de rituales colectivos, banquetes, intercambio entre comunidades y, sobre todo, a la fuerza simbólica de construir un “orden del universo” compartido. Algunos arqueólogos externos al proyecto piden prudencia con el uso del término cosmograma, mientras que otros destacan precisamente lo contrario, que este caso refuerza la idea de grandes obras planificadas de forma colectiva más que dictadas desde un trono.

Lo que nos dice hoy Aguada Fénix

Más allá de la fascinación arqueológica, Aguada Fénix lanza un mensaje muy actual. Muestra que comunidades sin grandes desigualdades visibles pudieron coordinar proyectos a escala territorial, integrando agua, suelo y cielo en un único diseño. Es decir, que la capacidad de organizarse a lo grande no depende solo de la autoridad, también de las ideas que dan sentido compartido al esfuerzo. El reloj, en cualquier caso, corrió más deprisa que la política, la ocupación duró unos 350 años y varias partes del sistema quedaron a medio hacer.

Mientras continúan las excavaciones, lo que ya sabemos es que, mil años antes de nuestra era, una comunidad decidió convertir su paisaje en un mapa del cosmos. Y lo hizo a base de tierra apisonada, pigmentos minerales traídos de lejos y muchos días de trabajo colectivo bajo el sol del trópico.

El estudio científico que describe este cosmograma a escala de paisaje ha sido publicado en la revista Science Advances.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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