El James Webb confirma su galaxia más lejana y empuja la frontera hasta 280 millones de años tras el Big Bang. MoM-z14, detectada con espectroscopia y un corrimiento al rojo de 14,44, refuerza la idea de que el universo temprano fue más luminoso y químicamente más complejo de lo previsto
La carrera por asomarse a los primeros compases del cosmos tiene un protagonista recurrente. El telescopio espacial James Webb ha confirmado la galaxia más distante observada hasta ahora, MoM-z14, cuya luz salió cuando el universo tenía unos 280 millones de años. El dato, sustentado en espectroscopia, fija su corrimiento al rojo en 14,44 y desplaza el récord anterior, también en manos del propio observatorio.
El trabajo, liderado por el astrofísico Rohan Naidu en el entorno del MIT, apareció primero como prepublicación en arXiv y ya está publicado en Open Journal of Astrophysics. La confirmación se apoya en datos del espectrógrafo NIRSpec del Webb, que permiten medir con precisión la distancia cósmica a partir del “salto” de Lyman y varias líneas de emisión en el ultravioleta.
En la práctica, este tipo de hallazgos responde a la pregunta que cualquier lector formula al oír “galaxia más lejana” (qué significa exactamente y por qué importa). La clave es que distancia y tiempo aquí son casi sinónimos. Cuanto mayor es el corrimiento al rojo, más se ha estirado la luz por la expansión del universo y más atrás estamos mirando. En el caso de MoM-z14, la cifra implica un universo aún en fase de consolidación de sus primeras generaciones estelares.
Lo que hace especialmente incómoda esta observación para los modelos no es solo el récord, sino su perfil. Los autores describen una galaxia extremadamente compacta y, pese a ello, muy luminosa. En el artículo estiman un radio efectivo de decenas de pársecs y una magnitud ultravioleta propia de objetos mucho más “maduros”. Además, señalan un patrón químico llamativo, con enriquecimiento en nitrógeno frente al carbono, que recuerda al de algunos cúmulos globulares. La hipótesis que gana peso es que, en ambientes densos, pudieron formarse estrellas muy masivas capaces de fabricar nitrógeno con rapidez.
La implicación de fondo es doble. Por un lado, el Webb no solo está encontrando galaxias tempranas, sino una población más brillante de lo que anticipaban los consensos previos a su despliegue. Por otro, el debate se desplaza desde el “si existían” al “cómo podían ser así” (tan compactas, tan activas y con señales químicas inesperadas) en un universo tan joven.
El récord, en cualquier caso, es una fotografía provisional. La historia del Webb demuestra que su techo se mueve con cada campaña y cada mejora en la confirmación espectroscópica. Es, precisamente, la diferencia entre un candidato fotométrico y una medición robusta lo que convierte estas detecciones en hitos (una cautela básica en la escritura científica y periodística).
El estudio ha sido publicado en Open Journal of Astrophysics.









