Las simulaciones, alimentadas con datos del róver Curiosity en el cráter Gale, plantean un mecanismo para conciliar un Marte frío con huellas de agua estable hace 3.600 millones de años
Los deltas fosilizados y los antiguos lechos lacustres que aún afloran en la superficie de Marte llevan décadas empujando a los científicos a una paradoja incómoda. ¿Cómo encaja una geología que delata agua persistente con un planeta que, según los modelos climáticos, ya era demasiado frío para sostenerla de forma prolongada? Un estudio liderado por la Universidad Rice propone ahora una pieza física plausible para ese puzle: lagos someros capaces de sobrevivir durante años o décadas gracias a una cubierta de hielo fina y estacional que actuó como aislante térmico.
La investigación, publicada en la revista científica AGU Advances, se apoya en un modelo bautizado como LakeM2ARS, una adaptación a Marte de herramientas desarrolladas para reconstrucciones climáticas terrestres. El equipo explica que ajustó el modelo a las condiciones del planeta rojo y lo alimentó con parámetros derivados de observaciones de Curiosity en el cráter Gale, uno de los lugares clave para entender el Marte antiguo.
La hipótesis se resume en una idea sencilla y, a la vez, contraria a la intuición. En un entorno con temperaturas medias bajo cero, una película de hielo lo bastante delgada puede dejar pasar parte de la radiación solar y reducir la pérdida de calor del agua, de forma similar a lo que sucede en algunos lagos antárticos. “Cuando nuestro modelo empezó a mostrar lagos capaces de durar décadas con una capa de hielo fina y temporal, vimos que encajaba con lo que observamos hoy en Marte”, afirma la autora principal, Eleanor Moreland, en un comunicado de la Universidad Rice.
El trabajo detalla 64 escenarios de simulación para explorar combinaciones de condiciones atmosféricas y de aporte de agua. En varios de ellos, los lagos permanecen estables durante largos periodos sin necesidad de un Marte cálido y húmedo de manera sostenida, una imagen clásica que ha perdido fuerza en los últimos años frente a la alternativa de un planeta frío, pero con episodios y mecanismos locales que permitirían la existencia prolongada de agua líquida.
Una implicación importante del modelo es geológica. Si el hielo fue estacional y delgado, no tendría por qué dejar las huellas típicas de glaciares o capas de hielo gruesas. Esa ausencia, que durante años ha alimentado dudas sobre la duración real de los lagos, se vuelve coherente con el registro observado: habría existido agua estable sin necesidad de un casquete persistente que lo delatara de forma inequívoca.
El debate sobre la “habitabilidad” de aquel Marte no queda zanjado, pero sí se afina. Mantener agua líquida más tiempo amplía la ventana para procesos químicos y, potencialmente, biológicos, aunque el propio estudio trabaja en escala localizada y depende de supuestos que siguen siendo discutidos (como la presión atmosférica o ciertos parámetros del clima antiguo). En paralelo, otras evidencias recientes en Gale apuntan a momentos con agua abierta, como ondulaciones de oleaje preservadas en roca que sugieren lagos sin una cubierta de hielo permanente en fases concretas.
El estudio científico se publicó en AGU Advances.








