La imagen del destructor estadounidense USS Dewey entrando en Singapur el 18 de febrero de 2025 mostró, a simple vista, lo que la Armada de Estados Unidos llevaba años asumiendo como “normal” en cubierta. Regueros de óxido, la llamada running rust. La foto corrió por redes y terminó escalando a Washington, donde fue utilizada incluso en una audiencia de confirmación para el futuro secretario de la Marina, John Phelan, el 27 de enero de 2025.
El problema, sin embargo, no se reduce a una cuestión estética. La corrosión superficial funciona como un termómetro de la disciplina de mantenimiento y, por extensión, de la disponibilidad real de una flota sometida a un ritmo de actividad alto. En enero de 2026, durante el simposio anual de la Surface Navy Association, Mark Lattner (responsable de integridad y rendimiento del área de ingeniería de la Marina) resumió la dinámica con una frase que ha hecho fortuna dentro y fuera del Pentágono. “Sabemos lo que hay que hacer, pero elegimos no hacerlo”.
La lectura que hacen los mandos técnicos es conocida. En un entorno mar, la sal y la humedad aceleran el deterioro. Si el óxido se deja avanzar, la conservación preventiva se transforma en un trabajo más caro, más lento y difícil de programar. Lattner lo explicó en el mismo foro con un diagnóstico de prioridades. Se pospone porque “siempre hay otro problema” y “no hay tiempo”, hasta que el problema deja de ser superficial.
En esa discusión hay un trasfondo menos visible que el color anaranjado en la chapa. La Marina presume de operar en un escenario de exigencia constante, pero el mantenimiento compite con la disponibilidad inmediata. En el corto plazo, la tentación es obvia. Navegar hoy y repintar mañana. El coste llega cuando “mañana” se convierte en una cadena de pequeños fallos que consume horas de dotación y acaba empujando trabajos hacia astilleros y periodos de inmovilización más largos.
La Armada ha puesto sobre la mesa medidas que no son nuevas, pero sí más sistematizadas. Una de ellas es extender recubrimientos más resistentes, como pinturas basadas en polisiloxano, y simplificar tareas para que el mantenimiento sea viable en condiciones reales de servicio. La lógica es quitar complejidad y reducir pasos, con productos más fáciles de aplicar por las tripulaciones, y con soluciones de drenaje que eviten que el agua se acumule en zonas críticas.
La novedad es el intento de convertir un hábito irregular en un sistema medible. Según la información difundida por The War Zone, el plan incluye una aplicación móvil para registrar inspecciones y asignar una puntuación cuantitativa al estado de cada buque, además de apoyos externos en formación y seguimiento.
La apuesta llega en un momento en el que la presión industrial y operativa es un tema recurrente en Washington. Informes recientes han subrayado retrasos en programas de construcción y dificultades para sostener calendarios, un contexto que vuelve más costoso cualquier incremento de “deuda de mantenimiento” en unidades ya en servicio. A ello se suma el tamaño de la fuerza naval. Un informe del Congressional Research Service situaba en 293 los buques de “battle force” a 1 de octubre de 2025, un dato que sirve de referencia para calibrar la tensión entre presencia global y capacidad de sostén.
En la práctica, el óxido se ha convertido en un símbolo por su capacidad de condensar varias preguntas incómodas en una sola imagen. Cuánto se está sacrificando la conservación del material para mantener despliegues, cuánta carga recae en dotaciones ya exigidas por la operativa diaria, y qué parte del problema es técnica y cuál es de gestión. El objetivo declarado por los ingenieros no es dejar los barcos “bonitos”, sino evitar que la corrosión deje de ser superficial y empiece a comprometer estructuras, plazos y disponibilidad.
La escena del USS Dewey fue el detonante, pero la discusión apunta a algo más amplio. En una marina que quiere estar en muchas partes a la vez, el adversario silencioso no dispara, pero desgasta. Y, como recordó Lattner, el manual existe. Lo que falta es tiempo, prioridad y constancia para aplicarlo. Mientras tanto, el mundo mira a China y alocéano como tablero estratégico, pero también como escenario que castiga la dejadez.
El comunicado oficial ha sido publicado en NAVSEA.










