El visitante interestelar 3I Atlas viaja a más de 60 kilómetros por segundo y podría tardar menos de mil millones de años en cruzar la galaxia

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Publicado el: 13 de febrero de 2026 a las 18:48
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Representación del cometa interestelar 3I/ATLAS viajando a gran velocidad por el espacio.

El cometa interestelar 3I/ATLAS es uno de esos visitantes que pasan una sola vez por el vecindario y no vuelven. Tercero de su clase tras ‘Oumuamua y 2I/Borisov, atraviesa ahora nuestro sistema solar a gran velocidad mientras varias misiones de NASA lo siguen de cerca.

La novedad no es solo que venga de fuera. Un estudio reciente con la cámara SWAN de la sonda SOHO ha medido una gigantesca nube de hidrógeno a su alrededor. A partir de esos datos, los astrónomos estiman que 3I/ATLAS llegó a liberar del orden de decenas de millones de toneladas de agua en apenas un mes de observaciones.

Con esta materia prima sobre la mesa, el astrofísico de Harvard University Avi Loeb ha planteado una idea que suena a ciencia ficción, pero que parte de esos números. ¿Y si usáramos cometas interestelares como este para viajar entre estrellas haciendo “autoestop” cósmico, aprovechando su propia agua como combustible y escondiendo tecnología en su interior?

Qué tiene de especial 3I/ATLAS

3I/ATLAS se mueve a más de 60 kilómetros por segundo, una velocidad que haría palidecer a cualquier cohete actual. Es un objeto de tamaño estimado de varios cientos de metros hasta algo más de un kilómetro y procede de otro sistema planetario, probablemente con hielo de agua formado hace miles de millones de años.

Las observaciones con telescopios como Hubble han revelado chorros de gas y polvo muy simétricos y una especie de “anti cola” que apunta hacia el Sol en lugar de alejarse, algo poco habitual en cometas clásicos. Además, su trayectoria está muy alineada con el plano donde orbitan los planetas, con una inclinación de solo unos pocos grados. Todos estos detalles han llamado la atención de la comunidad científica, porque no encajan del todo con lo que se esperaba de un cometa cualquiera.

Aun así, la mayoría de equipos lo sigue tratando como un cometa natural muy raro. Loeb insiste en que ese sigue siendo el escenario más probable, aunque defiende que las anomalías merecen ser analizadas también desde otro ángulo.

Misiones espaciales del 3I/ATLAS | Vídeo: NASA

La propuesta de “autoestop” galáctico

Aquí entra la parte más especulativa, pero basada en física conocida. Si un cometa interestelar es rico en agua, una civilización avanzada podría llevar a bordo sistemas que descompongan esa agua en hidrógeno y oxígeno mediante electrólisis. Esa mezcla sirve como combustible muy eficiente para cohetes, el mismo principio que utilizan algunas etapas de lanzadores actuales.

En lugar de gastar una energía enorme en acelerar una nave desde un planeta masivo como la Tierra, la estrategia sería distinta. Primero se detecta un objeto como 3I/ATLAS que ya viaja rápido por la galaxia. Después se envía una carga útil que se “acople” con cuidado a su superficie. A partir de ahí, los propulsores instalados en el propio cometa ajustarían poco a poco la trayectoria para visitar otros sistemas estelares o moverse por la Vía Láctea casi como quien cambia de línea de metro, pero a escala cósmica.

Como los tiempos de viaje entre estrellas pueden ser de millones de años y la luz tarda unos cincuenta mil años en cruzar el disco galáctico, no tendría sentido depender de instrucciones en tiempo real desde el punto de partida. De ahí que Loeb imagine vehículos basados en inteligencia artificial, más resistentes que un cuerpo humano al vacío, la radiación y los impactos de polvo.

¿Nave disfrazada o cometa raro?

Otra pieza de la hipótesis es el “camuflaje”. Un núcleo tecnológico escondido bajo una envoltura de hielo y polvo pasaría fácilmente por un cometa normal ante observadores lejanos. Solo quien mire con lupa podría detectar señales extrañas, por ejemplo exceso de calor en el infrarrojo debido a motores, maniobras que no cuadran con la gravedad, patrones de chorros demasiado simétricos o incluso luces artificiales y minisondas liberadas en puntos estratégicos.

Nada de esto se ha demostrado en 3I/ATLAS. Lo que sí hay son preguntas abiertas y un debate intenso entre especialistas. Algunos grupos remarcan que las observaciones más recientes indican que se comporta, en buena parte, como un cometa helado muy activo. Otros recuerdan que es la primera vez que vemos un objeto de este tipo con tanta calidad de datos y que quizá nuestro “catálogo mental” de lo que es normal está incompleto.

Por qué importa todo esto aquí abajo

Más allá de la curiosidad por si estamos o no ante una tecnología ajena, estas discusiones tienen un lado muy práctico. Preparar misiones capaces de interceptar objetos interestelares serviría también para mejorar la defensa planetaria frente a asteroides peligrosos. Además, aprender a usar recursos in situ, como el agua de un cometa para producir combustible, encaja con una visión más sostenible de la exploración espacial donde se aprovechan mejor los materiales ya disponibles en vez de lanzarlo todo desde la Tierra.

En el fondo, la idea de hacer autoestop en cometas como 3I/ATLAS abre una conversación sobre qué tipo de civilización queremos ser. Una que solo observa cómo pasa el visitante o una que se prepara para, algún día, subirse a ese “autobús” interestelar.

El estudio científico más reciente sobre la producción de agua del cometa 3I/ATLAS, basado en las observaciones de la cámara SWAN a bordo de SOHO, ha sido publicado en el repositorio académico arXiv.

Foto: NASA


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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