Fue visto por primera vez en 2014, volvió a aparecer en 2026 y nadie sabe aún qué es el misterioso avión triangular de Area 51

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Publicado el: 14 de febrero de 2026 a las 15:30
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Imagen térmica de un objeto volador triangular no identificado captado cerca de Area 51.

Según el portal especializado The Aviationist, la madrugada del 14 de enero el creador del canal de YouTube Anders Otteson, responsable de Uncanny Expeditions, grabó con una cámara térmica una aeronave de contornos muy definidos y forma triangular mientras un bombardero B 2 Spirit realizaba maniobras nocturnas en la zona de Groom Lake.

La silueta no coincide con ningún modelo operativo conocido y recuerda a otro aparato fotografiado en 2014 sobre Wichita, algo que ha llevado a varios analistas a pensar en una plataforma experimental que seguiría volando en secreto una década después. No hay confirmación oficial sobre qué es ni a qué programa pertenece. Y ahí empieza el encaje con la política real de defensa de Estados Unidos.

El F 47 y los cazas de sexta generación

Desde marzo de 2025 la U.S. Air Force trabaja abiertamente en el F 47, un caza de sexta generación desarrollado por Boeing dentro del programa Next Generation Air Dominance. El propio comunicado oficial describe al F 47 como el primer caza de sexta generación del mundo, diseñado para volar con drones de combate acompañantes y mantener la superioridad aérea en entornos muy disputados frente a potencias como China.

La Fuerza Aérea reconoce además que lleva años probando aviones experimentales vinculados al programa, algunos de ellos con cientos de horas de vuelo antes de que el contrato se hiciera público. En otras palabras, no sería extraño que parte de lo que se pruebe sobre Nevada no tenga aún nombre oficial de cara al público.

Al mismo tiempo, el gigante asiático acelera. Imágenes y análisis independientes describen dos prototipos chinos de sexta generación, conocidos de forma provisional como J 36 y J 50. El primero se asocia a la empresa Chengdu Aircraft Corporation y el segundo a Shenyang Aircraft Corporation. Se trata de grandes plataformas furtivas sin cola, optimizadas para gran alcance, alta carga interna de armas y una generación eléctrica suficiente para alimentar radares muy potentes y sistemas de mando de enjambres de drones. La competencia tecnológica es clara.

Lo que no se ve en las fotos térmicas: emisiones y clima

Hasta aquí, la historia suena a thriller de tecnología militar. Pero hay un dato que cambia el foco. Según el observatorio Conflict and Environment Observatory y la red de científicos de Scientists for Global Responsibility, las actividades militares cotidianas podrían ser responsables de alrededor del cinco y medio por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Si las fuerzas armadas del mundo fueran un país, serían el cuarto emisor del planeta. No es poca cosa.

La aviación civil, que todos tenemos en mente cuando pensamos en vuelos y CO2, representa aproximadamente un dos y medio por ciento de las emisiones globales de dióxido de carbono y cerca de un cuatro por ciento del calentamiento acumulado, de acuerdo con los datos de Our World in Data. Los grandes aviones militares queman combustibles similares, a menudo en perfiles de vuelo más exigentes, pero sus emisiones aparecen fragmentadas o poco detalladas en las estadísticas oficiales.

Un informe reciente difundido por medios internacionales advierte de que el incremento de gasto en defensa previsto por la OTAN podría añadir más de mil trescientos millones de toneladas de CO2 equivalente en la próxima década, una cifra similar a las emisiones anuales de Brasil. Buena parte de ese aumento estaría asociado a aviones de combate, bombarderos, buques y a toda la cadena de suministro que los sostiene. En la práctica, más presupuesto militar suele significar más combustible fósil.

Qué tiene que ver con la vida diaria

Traducido a la vida cotidiana, cada nuevo programa de cazas como el F 47 o los prototipos chinos no solo implica tecnología punta, empleos y mensajes sobre seguridad nacional. También supone décadas de consumo de queroseno, emisiones asociadas a fábricas, centros de pruebas y bases aéreas y una parte relevante del presupuesto público que no se dedica a rehabilitar viviendas, desplegar renovables o mejorar el transporte colectivo. El reloj climático avanza, y el gasto militar también.

Entonces, ¿qué tiene que ver aquel punto caliente en una cámara térmica sobre Nevada con la factura de la luz o con las olas de calor que ya sufrimos en verano? En gran medida, muestra que la transición ecológica no se juega solo en los coches eléctricos o en las calderas eficientes. También se decide en debates sobre seguridad y defensa que casi nunca se incluyen en las cumbres climáticas.

Los expertos que estudian la llamada brecha de emisiones militares, entre ellos los autores del proyecto Military Emissions Gap y del índice climático Climate Change Performance Index, insisten en algunos pasos básicos. Transparencia obligatoria en la contabilidad de emisiones de los ejércitos, objetivos de reducción claros y planes de descarbonización que incluyan eficiencia en bases, cambios de combustible allí donde sea viable y, sobre todo, una discusión abierta sobre hasta qué punto los planes de rearme son compatibles con limitar el calentamiento global.

Mientras tanto, el misterioso avión triangular seguirá alimentando foros de entusiastas de la aviación y teorías sobre programas secretos que quizá tardemos años en conocer. Para quienes miran desde el prisma ambiental, la conclusión es menos espectacular. Cada salto tecnológico en la guerra aérea añade una pieza más a un rompecabezas climático que todavía no estamos contando del todo.

El comunicado oficial sobre la adjudicación del F 47 dentro del programa Next Generation Air Dominance ha sido publicado en la web de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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