Disparan protones a un meteorito en laboratorio y lo que descubren podría cambiar la forma en que defendemos el planeta

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Publicado el: 16 de febrero de 2026 a las 09:44
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Simulación de impacto energético sobre meteorito metálico en experimento del CERN para defensa planetaria.

Durante años, el cine ha jugado con una idea muy concreta. En caso de emergencia, mandar una nave, plantar una bomba nuclear en un asteroide y salvar la Tierra. La película Armageddon convirtió ese guion en icono pop. Ahora un experimento en el CERN muestra que, para ciertos asteroides metálicos, esa estrategia podría funcionar mejor de lo que se pensaba. Y no se trata solo de ciencia ficción, porque en el horizonte está el asteroide 2024 YR4 con una pequeña posibilidad de chocar contra la Luna en 2032.

Qué han hecho exactamente en el CERN

El equipo de Melanie Bochmann y Karl Georg Schlesinger trabajó con un fragmento del meteorito Campo del Cielo, rico en hierro y níquel, similar a un asteroide metálico compacto. Irradiaron la muestra con veintisiete pulsos muy breves de un haz de protones de 440 gigaelectronvoltios en la instalación HiRadMat, usando el haz del Super Proton Synchrotron como sustituto limpio de una explosión nuclear cercana.

Lo intuitivo sería pensar que la roca se haría añicos. Sin embargo, los sensores mostraron algo distinto. El material se ablandó, se dobló y luego se endureció de nuevo sin romperse. Bochmann resume el resultado con una frase sencilla entre comillas, el material se volvió más fuerte y mostró un comportamiento de amortiguación que se autoestabiliza. Las mediciones apuntan a un aumento de la resistencia de un factor cercano a dos coma cinco en comparación con el estado inicial.

En la práctica, esto significa que un asteroide metálico puede absorber mucha más energía de golpe sin desintegrarse. Para una misión de desvío nuclear, eso abre la puerta a usar cargas algo más potentes para darle un empujón controlado al objeto, con menos riesgo de convertirlo en una nube de fragmentos desordenados.

Karl Georg Schlesinger lo resume así, la defensa planetaria representa un reto científico y no podemos probar una misión real por adelantado. Por eso necesitan datos de laboratorio muy finos sobre cómo responden estos materiales bajo condiciones extremas.

No todo es bomba nuclear, la lección de DART

La opción preferida sigue siendo otra. En 2022, la misión DART de la NASA demostró que se puede desviar un asteroide golpeándolo con una nave, sin explosivos. El impacto contra la pequeña luna Dimorphos acortó su órbita alrededor de Didymos en unos treinta y tres minutos, mucho más de lo que marcaba la línea de aprobado de la misión.

Ese experimento mostró que el método cinético funciona bien para cuerpos de tamaño moderado y con años de aviso. La opción nuclear queda como último recurso, para objetos muy grandes o escenarios en los que el tiempo de reacción es mínimo. Y ahí es donde encaja el trabajo del CERN, como una especie de póliza de seguro teórica que nadie quiere usar, pero que conviene entender al detalle.

El caso 2024 YR4, pequeño asteroide, gran laboratorio natural

Aquí entra en escena 2024 YR4. Este asteroide cercano a la Tierra, de unos sesenta metros de diámetro, llegó a tener una probabilidad de impacto con nuestro planeta de alrededor de tres por ciento antes de que nuevas observaciones descartaran esa opción. La buena noticia es que la Tierra está fuera de peligro. La menos buena es que aún queda una probabilidad cercana a cuatro coma tres por ciento de impacto con la Luna el veintidós de diciembre de 2032, según los propios cálculos de la ESA y del Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra de NASA.

Si se produjera ese choque, los modelos apuntan a un evento equivalente a unas seis coma cinco megatoneladas de TNT, suficiente para abrir un cráter de alrededor de un kilómetro en la superficie lunar y generar un destello tan brillante como un planeta en el cielo nocturno durante unos minutos.

Para la ciencia sería una oportunidad única. Un impacto raro, conocido con años de antelación, que permitiría coordinar telescopios, sondas y sensores sísmicos en la Luna. Pero los investigadores también miran un poco más cerca, a la región donde viven nuestros satélites.

Qué se juega la vida diaria si salta polvo lunar al espacio

Un estudio reciente liderado por Paul Wiegert calcula que, en el peor de los casos, un impacto de 2024 YR4 en la Luna podría liberar hasta diez elevado a ocho kilogramos de material lunar por encima de la velocidad de escape. En lenguaje de a pie, unas cien mil toneladas de roca y polvo, con una pequeña fracción que podría cruzarse con la órbita de la Tierra en cuestión de días.

Si el lugar del impacto fuera especialmente desfavorable, ese chorro de partículas de entre cero coma uno y diez milímetros de tamaño podría equivaler a varios años, incluso a una década, de micrometeoroides cayendo sobre los satélites en un corto periodo. No hablamos de un apocalipsis inmediato, pero sí de un estrés adicional para la flota que sostiene buena parte de nuestra vida diaria, desde el GPS del móvil hasta los satélites que vigilan el clima, los incendios forestales o las emisiones de CO2.

Conviene recordar el matiz. Primero tiene que darse el propio impacto lunar, que sigue siendo poco probable. Después tendría que cumplirse la combinación concreta de ángulo y zona del choque para que una parte importante de ese material se cruce con muchos satélites. Los autores estiman que ese escenario más crítico ronda un uno por ciento de probabilidad dentro del ya reducido abanico de posibilidades.

La defensa planetaria también es una cuestión ambiental

Puede parecer un tema lejano, casi de ciencia ficción, pero en realidad conecta con la protección del medio ambiente en sentido amplio. Sin satélites operativos resulta mucho más difícil seguir la evolución del hielo en los polos, vigilar la deforestación en la Amazonia, controlar vertidos en el mar o estimar con precisión las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera. Perder parte de esa infraestructura durante meses sería como apagar muchas de las cámaras que usamos para observar el estado real del planeta.

Por eso la comunidad científica insiste en que la defensa planetaria no va solo de evitar un gran impacto sobre la superficie. También se trata de proteger el espacio cercano a la Tierra, donde viven las herramientas que usamos para cuidar del clima, de los ecosistemas y, en definitiva, de nuestra forma de vida. La investigación del CERN sobre cómo se comportan los asteroides bajo condiciones extremas encaja en esa lógica de prevención, igual que lo hizo DART con su leve empujón a Dimorphos.

El estudio oficial ha sido publicado en Nature Communications.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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