Los científicos encuentran otro error de Parque Jurásico al estudiar un hueso fósil de 56 millones de años

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Publicado el: 16 de febrero de 2026 a las 07:53
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Siluetas de dinosaurios al atardecer ilustrando el nuevo estudio sobre el crecimiento real del T. rex.

Durante décadas se ha repetido una cifra sobre el Tyrannosaurus rex, que alcanzaba su tamaño “adulto” hacia los 25 años. Un nuevo análisis, con más fósiles y una lectura más fina del hueso, sugiere otra historia. Este depredador seguía creciendo hasta cerca de los 35 a 40 años, es decir, unos 15 años más de lo que se venía estimando, antes de rozar ese tamaño final de varias toneladas.

¿Y por qué importa esto hoy? Porque cambia cómo interpretamos su ecología. Y también nos obliga a mirar con otros ojos a ese T. rex “definitivo” que el cine nos ha vendido durante años.

El trabajo, publicado en PeerJ, revisa cortes microscópicos de fémures y tibias de 17 ejemplares, desde juveniles pequeños hasta adultos grandes. A partir de ahí, los investigadores probaron varios modelos y se quedaron con el que mejor encaja cuando se cuentan todas las marcas de crecimiento, incluidas algunas que solo se ven con luz polarizada.

Leer un hueso como si fuera un calendario

La idea base es sencilla. Muchos animales dejan en el hueso “anillos” anuales parecidos a los de un tronco. Contarlos ayuda a estimar edades y, sobre todo, a reconstruir el ritmo al que crecía el cuerpo año a año. El problema es que no todas esas marcas se ven bien con técnicas habituales.

Ahí está uno de los cambios importantes de este estudio. Al usar luz polarizada, aparecen bandas muy tenues que pueden pasar desapercibidas con luz normal. Al incluirlas, la curva de crecimiento se estira, baja la tasa máxima estimada y el momento en el que el animal se acerca a su tamaño final se retrasa hasta esas cuatro décadas.

Un crecimiento flexible, según el año que tocara

Otra pista interesante es la irregularidad. Según explicó la autora principal, “algunos años no crecía mucho y otros años crecía bastante”, algo coherente con un crecimiento flexible que depende de la comida y del estado del ambiente. Cuando las condiciones son malas, el cuerpo no invierte tanto en crecer. Cuando mejoran, recupera terreno.

En la práctica, esto cambia la lectura ecológica del T. rex. Si tardaba más en “llenar” su tamaño, pasaba más tiempo como subadulto. Eso podría haber permitido que los jóvenes ocuparan otros nichos y no compitieran de la misma forma que un adulto por las mismas presas, una idea que también se menciona en el comunicado asociado al estudio.

Y aquí entra la cultura popular. Jurassic Park nos dejó un T. rex gigantesco, casi definitivo, desde el primer susto. Con estos datos, un individuo aún en desarrollo tendría una presencia distinta, al menos si hablamos de un crecimiento natural y no de un animal “acelerado” artificialmente. No es poca cosa.

Nanotyrannus, el debate que no se cierra

El estudio también toca, con cautela, una discusión clásica. Los autores hablan de “complejo de especies” porque hay mucha variabilidad entre fósiles. Además, encuentran que dos ejemplares inmaduros tienen curvas de crecimiento que no son compatibles estadísticamente con el resto. Eso no demuestra por sí solo que fueran otra especie, pero añade un dato más a la hipótesis de que algunos restos podrían pertenecer a un tyrannosaur distinto, como el propuesto Nanotyrannus.

En resumen, incluso el dinosaurio más famoso sigue dando sorpresas cuando se amplía la muestra y se afina la lupa. Y eso, en ciencia, es una buena señal.

El estudio ha sido publicado en PeerJ.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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