Ciencia

La NASA ya está tomando medidas para evitar que el telescopio Swift caiga de nuevo a la Tierra en una misión robótica sin precedentes en EEUU

La NASA intenta salvar el telescopio Swift con una misión robótica inédita antes de que pierda su órbita para siempre.

La NASA ya está tomando medidas para evitar que el telescopio Swift caiga de nuevo a la Tierra en una misión robótica sin precedentes en EEUU

La NASA está intentando salvar al observatorio espacial Swift antes de que su órbita siga bajando y termine reentrando en la atmósfera terrestre. La misión, llamada Swift Boost, usará una nave robótica de Katalyst Space para atrapar el telescopio y empujarlo hacia una órbita más alta.

La última actualización cambia el calendario. El lanzamiento se ha aplazado por mal tiempo y ahora está previsto no antes del jueves 2 de julio de 2026, a las 11.09 horas en España peninsular, desde el atolón Kwajalein, en las Islas Marshall. No es poca cosa.

Un rescate contra el reloj

Swift no es un satélite cualquiera. Fue lanzado en 2004 y sigue siendo una pieza clave para estudiar explosiones cósmicas muy energéticas, especialmente los estallidos de rayos gamma. NASA lo describe como una herramienta capaz de observar en luz visible, ultravioleta, rayos X y rayos gamma.

El contrato con Katalyst Space, una empresa de Flagstaff, Arizona, asciende a 30 millones de dólares. La compañía recibió el encargo en septiembre de 2025, lo que dejó menos de un año para diseñar, probar y lanzar una nave capaz de encontrarse con Swift, agarrarlo y elevarlo.

La carrera es real. NASA ha explicado que el observatorio necesita mantenerse por encima de los 300 kilómetros para que la maniobra tenga más opciones de éxito. Si baja demasiado, el margen se estrecha y el rescate se vuelve mucho más complicado.

Por qué se está hundiendo

Los satélites en órbita baja no flotan en un vacío perfecto. A esa altura todavía queda una atmósfera muy tenue, casi imperceptible, pero suficiente para frenar poco a poco a una nave. Es como ir perdiendo velocidad sin darse cuenta.

El problema es que la actividad solar reciente ha aumentado ese arrastre. Cuando el Sol está más activo, la parte alta de la atmósfera terrestre se expande ligeramente y ofrece más resistencia a los satélites. NASA señala que ese efecto hizo que Swift empezara a caer más rápido de lo previsto.

El equipo de operaciones ha intentado ganar tiempo cambiando la orientación de Swift para reducir el rozamiento. Michael Shoemaker, del Centro Goddard de la NASA, explicó que las predicciones orbitales «evolucionan con el tiempo» y dependen del clima espacial, la altura del satélite y su orientación.

Así actuará LINK

La nave encargada del rescate se llama LINK. Viajará dentro de un cohete Pegasus XL de Northrop Grumman, que será soltado desde el avión Stargazer a unos 12 000 metros de altura. Después, el cohete encenderá sus motores y pondrá a LINK en órbita.

La idea de fondo parece sencilla, aunque en realidad es muy delicada. LINK tendrá que acercarse a Swift, desplegar sus brazos robóticos y enganchar una nave que nunca fue diseñada para ser reparada ni capturada en el espacio. Ahí está la dificultad.

Si todo encaja, LINK tardará alrededor de un mes en alcanzar a Swift. Después necesitará otros meses para elevarlo desde unos 360 kilómetros hasta cerca de los 600 kilómetros, una altura parecida a la que tenía al inicio de la misión.

Qué hace especial a Swift

Swift está pensado para reaccionar deprisa. Cuando aparece un fenómeno inesperado en el cielo, como una explosión de rayos gamma o una estrella que estalla, puede girar rápidamente y enviar datos para que otros telescopios apunten al mismo lugar. Es, en la práctica, un aviso temprano para la astronomía.

Esa rapidez lo ha convertido en una especie de primer respondedor espacial. En un mundo más cercano, sería como el aviso que hace que los bomberos salgan antes de que el incendio se descontrole. En ciencia, llegar a tiempo también cambia lo que se puede descubrir.

Por eso la NASA no lo ve como un simple objeto viejo en órbita. Durante más de dos décadas, Swift ha ayudado a estudiar estrellas explosivas, galaxias activas, llamaradas estelares, cometas, asteroides y hasta fenómenos de alta energía en la Tierra.

No es solo salvar un telescopio

La misión también es una prueba de sostenibilidad espacial. En lugar de dejar que un observatorio caro se pierda, la NASA quiere comprobar si una nave comercial puede alargar la vida de un satélite que no estaba preparado para recibir servicio. En el fondo, esto apunta a una forma distinta de gestionar la tecnología en órbita.

Katalyst lo presentó como una demostración para responder rápido cuando un activo espacial entra en problemas. Su director ejecutivo, Ghonhee Lee, dijo que se trata de «salvar un activo científico de primer nivel» y demostrar una respuesta robótica en menos de un año.

Este enfoque puede abrir una puerta interesante. Si se pueden reparar, empujar o actualizar satélites en órbita, no todo tendría que acabar tan pronto convertido en chatarra o en una reentrada atmosférica. El espacio también necesita mantenimiento.

El riesgo sigue ahí

La misión no tiene el éxito garantizado. Swift vale cientos de millones de dólares, pero no fue construido con puntos de acoplamiento pensados para una operación de este tipo. Es un rescate con ingeniería fina y poco margen para los errores.

Nicky Fox, responsable de misiones científicas de la NASA, defendió el esfuerzo con una frase clara. «Perderíamos ese telescopio», dijo al explicar qué pasaría si Swift reentrara en la atmósfera, añadiendo que la agencia no tiene ahora presupuesto para construir otro que lo sustituya.

También hay una segunda lectura. Si LINK funciona, la tecnología podría servir para otros satélites veteranos. Associated Press recoge que Hubble, que también pierde altitud con el tiempo, podría ser uno de los candidatos futuros, aunque cualquier intento dependería de nuevas decisiones técnicas y presupuestarias.

Qué puede pasar ahora

Si el lanzamiento se completa, no habrá un resultado inmediato. Primero llegará la fase de encuentro y captura. Luego vendrá el empuje lento, que debe hacerse con cuidado para no dañar al observatorio ni alterar su funcionamiento.

Después del aumento orbital, NASA tendrá que reactivar los sistemas y los telescopios de Swift. La agencia advierte que recuperar toda la capacidad científica podría llevar un mes o más. En misiones así, las prisas no siempre ayudan.

Lo importante es que Swift Boost ya no es solo una operación para evitar una caída. Es una prueba de futuro para una órbita baja cada vez más llena de satélites, donde reparar puede ser mejor que abandonar. 

El comunicado oficial y el seguimiento actualizado de la misión Swift Boost han sido publicados por la NASA.

Relacionados