La Antártida Oriental parece un bloque inmóvil de hielo, pero bajo esa superficie blanca se esconde una historia mucho más agitada. Un equipo internacional de geólogos ha identificado una enorme estructura geológica sepultada bajo la capa de hielo, formada por cuencas subglaciales que parecen abrirse como un abanico desde una zona cercana al Polo Sur.
El hallazgo no habla de una cueva misteriosa ni de una ciudad perdida, sino de algo quizá más importante para la ciencia. Los investigadores creen que esta arquitectura enterrada puede guardar una de las señales más claras de cómo se deformó la corteza antes de la ruptura de Gondwana, el antiguo supercontinente del que terminaron separándose masas como África, Sudamérica, Australia, India y la propia Antártida. Y eso cambia bastante el mapa.
Qué han encontrado bajo el hielo
La estructura ha sido bautizada como Provincia de Cuencas en Abanico de la Antártida Oriental, conocida por sus siglas en inglés como EAFBP. Según el estudio, no es una sola depresión aislada, sino un conjunto de 30 cuencas bajo el hielo, muchas de ellas con forma aproximada de V y alineadas de manera radial.
El punto hacia el que parecen converger se sitúa en torno a los 86,4 grados sur y 129,9 grados este, muy cerca del Polo Sur. Las cuencas principales de Wilkes y Aurora se extienden desde la costa hacia el interior durante más de 1500 kilómetros. No es poca cosa.
Para verlo no se ha excavado un túnel bajo la Antártida. Los científicos han combinado datos de topografía subglacial y otras mediciones geofísicas para reconstruir el relieve escondido bajo una capa de hielo que cubre más del 99% del continente. Es, en la práctica, mirar una montaña tapada por una sábana de varios kilómetros de espesor.
La huella de Gondwana
La interpretación del equipo es que este gran abanico se formó por un proceso llamado extensión rotacional distribuida. Dicho de forma sencilla, una parte de la corteza se habría estirado y abierto alrededor de una especie de punto de giro, como cuando una mano abre los dedos.
Según los autores, este movimiento habría ocurrido antes de la ruptura de Gondwana y habría dejado tres consecuencias a escala continental. Al oeste, pudo contribuir al levantamiento de las montañas Gamburtsev; al este, habría rotado un sector de las montañas Transantárticas unos 20 grados; y al norte, habría creado una zona débil que ayudó a dirigir la separación entre la Antártida y Australia.
Egidio Armadillo, autor principal del trabajo, lo resume con cautela. “Si nuestra interpretación es correcta, puede ser uno de los mayores ejemplos de este proceso reconocidos en corteza continental”, explicó a Live Science. La frase importante aquí es “si nuestra interpretación es correcta”. La ciencia avanza así, con datos fuertes, pero también con preguntas abiertas.
Por qué importa hoy
Lo más llamativo es que una historia geológica de hace decenas o cientos de millones de años puede seguir influyendo en el presente. Las viejas fracturas y cuencas no están a la vista, pero ayudan a guiar por dónde se mueve el hielo.
El estudio señala que, sobre la región de la EAFBP, el volumen de hielo equivale a unos 28 metros de nivel del mar. Esto no significa que ese hielo vaya a desaparecer de golpe, ni mucho menos. Significa que entender el terreno que hay debajo es clave para mejorar los modelos sobre cómo puede responder la capa de hielo de la Antártida Oriental al calentamiento global.
Además, algunas zonas resultantes de esa antigua extensión tectónica pueden quedar por debajo del nivel medio del mar actual. Ese detalle puede aumentar la sensibilidad de la capa de hielo a largo plazo, porque el relieve subglacial influye en la velocidad y dirección de los glaciares de salida.
Los glaciares siguen esas cicatrices
El trabajo relaciona los límites estructurales del abanico con varios grandes glaciares de salida de la Antártida Oriental, como Totten, Vanderford, Denman, Frost y Amery. En otras palabras, el hielo no se mueve sobre una superficie cualquiera. Se desliza siguiendo, en buena parte, caminos marcados por una geología muy antigua.
Esto ayuda a entender por qué algunos glaciares son especialmente importantes en los estudios climáticos. Bajo la imagen simple de un continente blanco hay valles, cuencas, montañas enterradas y bordes tectónicos que funcionan como raíles invisibles.
¿Y qué significa esto para una persona que no trabaja en geología? Que las previsiones sobre el nivel del mar no dependen solo del aire más cálido o del océano. También dependen de la forma del suelo que hay debajo del hielo, aunque nadie lo vea al mirar un mapa.
Una Antártida menos tranquila
Durante mucho tiempo, la Antártida Oriental se ha presentado como una región muy antigua, fría y relativamente estable. Este hallazgo no niega esa idea por completo, pero la matiza. Bajo el hielo hay señales de una historia tectónica más compleja de lo que parecía.
Los investigadores también señalan que no han encontrado una continuación clara de esta estructura en Australia. Eso apunta a que la deformación estuvo limitada a la litosfera antártica, un dato importante para revisar cómo encajaban ambos continentes antes de separarse.
Ahí está una de las claves del descubrimiento. No solo ayuda a mirar hacia el pasado de Gondwana, también puede mejorar las reconstrucciones de placas tectónicas y reducir errores en los modelos que intentan explicar cómo se separaron la Antártida y Australia.
Lo que falta por saber
El propio estudio deja claro que aún quedan piezas por colocar. La estructura pudo formarse en más de una fase, y todavía faltan datos más precisos para saber cuándo ocurrió exactamente cada etapa. El mapa es más claro que antes, pero no está terminado.
Esto no debilita el descubrimiento. Al contrario, lo hace más interesante. La Antártida sigue escondiendo buena parte de su historia bajo el hielo, y cada nueva capa de datos permite entender mejor cómo se formó el continente que hoy actúa como una de las grandes piezas del sistema climático terrestre.
Por ahora, la conclusión es prudente pero potente. Una parte enorme de la Antártida Oriental podría no ser un conjunto de cuencas sueltas, sino una gran provincia tectónica coherente, heredada de los tiempos en que Gondwana empezaba a romperse.
El estudio completo ha sido publicado en Nature Geoscience.



